Henri Bergson, “el filósofo de las abejas”

Se puede decir que el de literatura es el Nobel más personal e individualista. De las 109 ocasiones en que ha sido otorgado, en sólo cuatro el galardón literario lo han recibido dos autores en el mismo año, y nunca tres o más. Nada que ver con la tendencia mucho más distributiva de otras categorías, como Física, Química y Medicina.

Esta introducción viene a tono con el olvidado del mes, que abrió nuevos horizontes para la individualidad y el papel del sujeto en un siglo de industrialización, masificación y despojo. Asimismo, este escritor dotó a la filosofía de una perspectiva renovadora y diferenciada de las corrientes imperantes de antiguo y que continuarían teniendo preeminencia en el cientificismo popular de las décadas venideras.

El Nobel le fue otorgado a Henri Bergson en 1927, unos 13 años antes de su muerte a comienzos de 1941, “en reconocimiento a sus ideas ricas y revitalizantes y a la brillante habilidad con que las presenta”. En esta explicación se destacan algunos puntos: la ausencia de mención de la filosofía, quehacer al que Bergson se adscribía abiertamente; una especie de urgencia por justificar la elección con alusiones a la luminosidad y la renovación… ¿cuál renovación; luminosidad sobre qué?; y desde luego un dejo de vaguedad, casi se llega a pensar que de incomprensión.

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Bergson, con acento en la o, fue profesor de carrera, inicialmente en varias escuelas secundarias y después en la École Normale Supérieure y en la cátedra de filosofía del Collège de France. En 1914 pasa a formar parte de la Academia Francesa y de 1921 a 1926 funge como presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones condenada al fracaso. Él nunca dejó de reconocerse como un “viejo estudiante”.

Bergson ostentaba una actitud filosófica opuesta a las corrientes positivistas que, a su manera, sobreviven en círculos académicos actuales no solamente de filosofía sino también –quizá con más fuerza– científicos.

De acuerdo con la Enciclopedia Británica, fue el primer pensador que elaboró una “filosofía de proceso” que rechazaba valores estáticos en pos de valores dinámicos tales como movimiento, cambio y evolución. Su estilo literario para la descripción filosófica le ganó, en su tiempo, tanto el reconocimiento de los círculos académicos como popularidad generalizada.

Sin embargo, como remarca Manuel García Morente en La filosofía de Henri Bergson: “A sus clases semanales del Collège de France asiste un público mundano y copioso que acaso busca más la emoción estética que la intelectual”; ese comportamiento “suele ir acompañado de una incomprensión escasa de la doctrina misma”. El primer asunto, el sesgo de su público escucha, quizá fuera así por motivación del propio Bergson, para quien la filosofía se acerca más al arte que a la ciencia. La incomprensión, por su parte, no es un mal ajeno a muchos filósofos del siglo XIX.

Varios factores alimentan la postura de Bergson: desde el punto de vista dialéctico, la suya es una reacción al industrialismo, a teorías pragmatistas y deterministas no teológicas (entre las primeras, el utilitarismo de Bentham y de Stuart Mill; entre las segundas, los trabajos de Comte, Spencer, Darwin). Del lado de las influencias puede contarse, como en el caso de Nietzsche, a Ralph Waldo Emerson: como éste, Bergson profesa un vitalismo profundo y una revaloración de la naturaleza; no tiene reparo en acudir a imágenes orgánicas ni de analizar con toda seriedad el comportamiento animal, lo que le llegó a valer motes como, por ejemplo, “filósofo de las abejas”.

La idea que resume el corpus bergsoniano y al mismo tiempo ayuda a comprenderlo es libertad. En este marco, rescata el valor de la intuición como opuesta a la inteligencia; la primera, por cierto, es la base tanto del arte como de la filosofía y se caracteriza, dice, por una comprensión natural de la vida. A través de Kant, para él la metafísica es posible y valiosa, pero tiene unos límites bien circunscriptos al sujeto –más exactamente en Bergson, al espíritu.

La llamada renovada a la introspección no es en absoluto original de Bergson. Reacciones similares son abundantes en los pensadores “menores”, entre los cuales puede destacarse al inglés Samuel Butler, uno de los primeros antidarwinistas.

Dato curioso: hoy en día no existe una página web oficial de Henri Bergson.

 

Bibliografía

http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1927/

http://es.slideshare.net/GerardoViau/henri-bergson

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