Cuento: sin título, por Irina Jagodzinskaya

«Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte», pensó Fritz mientras tocaba la superficie fría del espejo, que le devolvía una mirada ausente y fúnebre. —¿Qué pasaría si me encontrara con un doble, con una persona idéntica a mí? —dijo en voz alta mientras un suave escalofrío recorría su nuca y erizaba sus cabellos—. Definitivamente, no me gustaría nada —se respondió, mientras tomaba de su cama una bufanda. La colocó en su cuello y se lo envolvió con ella; sin embargo, al colocar el extremo sobre su hombro, sintió un leve jaloneo que rápidamente se convirtió en un fuerte tirón que lo ahogaba y arrastraba hacia atrás. Sintió unas manos frías que lo tiraban. Fritz intentaba desasirse de esas manos, pero era imposible, se sintió pasar a través de una bruma fría y cayó de espaldas. Cuando se levantó, vio su pequeño cuarto y se vio a sí mismo colocádose la bufanda en el cuello, Fritz estiró un brazo y sintió el frío espejo, abrió la boca para emitir un grito y vio con horror cómo el ente volteaba y le lanzaba una sonrisa siniestra y burlona mientras con un puñetazo rompía el espejo, dejando a Fritz atrapado en cada uno de esos pequeños pedazos.

 

Irina Jagodzinskaya. Amante del cine mudo, clásico y cine de oro mexicano. Medievalista, marginada. Ama el queso.

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