Narración en verso: Tus ojos mirándome al despertar, por Andrea Ramírez

Les voy a contar la historia de una pequeña niña a la que le gustaba que la peinaran tan  estirada que sus ojos rasgados se veían aún más rasgados.

Se disfrazaba y bailaba.
Se acomodaba el moño imaginario y ópera cantaba.
Metía a su pequeña perrita en una bolsa y entraba con ella
a lugares no permitidos.

Agarraba los cachetes de su joven madre
y la escalaba en las noches mientras dormía.
Crecía y crecía y el amor hacia ella
siempre era una cálida brisa
que la arrullaba hasta quedarse dormida.

Por otro lado;
existía un miedo latente que no la dejaba correr libremente.
Fuera de casa, se encuentra un viejo huraño asomado desde la
ventana del tercer piso, mira a todos pasar,
su frente muy marcada está
de cada coraje que se ha de aguantar.

¿por qué en las calles no podemos correr sin miedo ?
¿por qué tengo que jugar dentro de casa?
el mundo oscuro se ha convertido,
la oscuridad no sólo llega cuando el sol se oculta,
el monstruo no vive debajo de la cama,
la oscuridad que miedo a los niños da
en las calles desde muy temprano ha de espantar.

Hay un pajarillo que canta en las mañanas
que se posa en la ventana,
lo escuchas y despiertas lentamente.
Te paras frente al espejo,
te das cuenta que unos centímetros has crecido.
Lo confirmas yéndote a medir en la madera que has ido
marcando, día con día.

Recuerdas cuando miras al pasado
esto que te ha conformado
lo que eras, eres y serás.

Caminando sola o acompañada.
con un montón de fantasmas detrás
dejándolos en las esquinas, desprendiéndote de cada uno
se amontonan ahí en tus recuerdos, en tu cabeza.

El ser que grita y a veces estalla
se relaja y se acuesta
ver el sol salir, nacer
la vida no puede ser tan cruel.

Sentir un cosquilleo en la planta de tus pies
recorriendo todo tu cuerpo
disfrutas, contemplas, agarras aire, retienes y sueltas
Vamos, déjalo caer, vamos a ver hasta donde llega.

Empezó con ese abrazo, con esa primer mirada
con esos primeros besos, mi mejilla amaba sus labios.

por dejarme abrir los ojos
por enseñarme y dejarme quererte a la distancia
dejar que mi camino siga
a pesar de ser tan distinto al tuyo.

Y así recuerdo
tus ojos mirándome al despertar
tu voz llamándome.

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Andrea Ramírez
Comunicóloga y escritora
Amante de las buenas historias.

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