Carta poética: Las chicas sin voz, por Minerva Herrera López

Sangre mancha mi patria. Cada día al irme a dormir agradezco a Dios porque aún no han tomado mi vida, pero también a mí me han hecho una esclava obligada a caminar bajo miradas lascivas. Forzada a escuchar cómo me llaman: «Oye chula», silbidos y otros sonidos les acompañan.

México me hace caminar con miedo por las calles para llegar a mi casa, miedo que me violen o me maten, miedo que mi familia un día sepa de mí y al otro sea solo un cadáver más sin nombre, miedo de tener hijas que un día tenga que encontrar solo con sus calcetitas rojas en alguna zanja.

México me das asco.

A ti no te importa. No te importa si son niñas, jovencitas o señoras puesto que las deseas, las tomas y las dejas como si fueran nada… nada más que cosas.

¿Es que ya no importa?

Ya no importa la edad que tengan, ya no importa si está mal, a tus ojos son solo otra muerta, a los de la televisora son noticia, a las de extraños una criatura, a los de la familia una pérdida. Me asusta y me molesta no poder hacer nada.

Me da rabia no vestirme como quiero porque a la gente le incomoda y si me lastiman es mi culpa: «Traía falda» dirán, «Ella lo sedujo» me condenan.

Me haces sentir tan frágil como nos pintas. Atada de manos viendo cómo te llevas hermanas, madres e hijas. Para saciar gustos, para quitarles cosas, para destruirlas y deshumanizarlas y yo no puedo hacer nada. Nada porque si me atrevo a hablar erradicas mi voz. Me aterra que me sanciones quitándome a mi familia si me acerco y grito lo que pienso.

México, ¿acaso esto no va a acabar nunca? Esto ya no es problema solo del gobierno, sino también del pueblo. Un pueblo que ignorante camina por plazas gritando «FUERA PEÑA», pero que al llegar a su casa o ir a su trabajo mira a una mujer desvistiéndola con la mirada, fantaseando cosas depravadas que refleja en su cara.

¿Cuándo? ¿Cuándo vamos a dejar de tener miedo?, ¿cuándo van a respetarnos, amarnos o querernos?

En vez de dañarnos, matarnos y desaparecernos.

Tengo 19 años, nací en la ciudad de Morelia, Michoacán. Hermana mayor de un hermano de 15 años, hija de una madre asombrosa que me ha impulsado a ser la mujer que el día de hoy tiene el valor de mandar esta obra.

Este poema lo hice después de meditar sobre el problema que «la violencia de género» significa para México. No es una queja feminista; simplemente es una carta poética con el mero propósito de hacer consciente a más gente de lo que el acoso callejero y las desapariciones de tantas mujeres significan.

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