Ensayo: Dignidad política y acción histórica: Reflexiones en torno a la Carta del 77 y la responsabilidad de su portavoz Jan Patočka, por Denisse Mendoza

A mi maestro Roberto Fernández Castro por su clase sobre Jan Patočka y su humilde aparecer.

La acción, con todas sus incertezas, es como un recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso, sino para comenzar algo nuevo.
Hannah Arendt.

La “Carta del 77” fue un documento firmado por más de 200 personas checoeslovacas con distintas profesiones que exigieron el cumplimiento de los Tratados Internacionales sobre los Derechos Cívicos y Sociales, publicados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1968 y posteriormente en los Acuerdos de Helsinki de 1975, los cuales firmó la República Socialista de Checoeslovaquia y se comprometió a hacerlos valer. Tales acuerdos buscaban garantizar a sus ciudadanos libertades y derechos como: libertad de manifestación pública, educación, respeto a las diversas ideas, confesiones religiosas y derecho a huelga.

Al final de las páginas de la “Carta del 77”, únicamente se pueden leer tres portavoces: Jan Patočka, Václav Havel y Jiří Hájek. Debido a la extensión del presente ensayo solo me interesa resaltar la experiencia de Jan Patočka y responder a la pregunta: ¿por qué el fenomenólogo checo tuvo la iniciativa de ser un portavoz de la “Carta de 77”? Confío responder a esta interrogante a partir de la filosofía de Patočka sobre la libertad y la historia. A su vez, con base en su pensamiento comprendería las exigencias de la carta.

El primero de enero de 1982, en sus Cartas a Olga, Václav Havel le escribe a su esposa una consideración sobre la responsabilidad y señala en un breve párrafo que su compañero de lucha, Jan Patočka, le había compartido una reflexión muy curiosa, en la cual señala que la responsabilidad es “nuestra en todos lados” (Havel: 225).

Este fue el primer pilar que conformaron los firmantes de la “Carta del 77”, cuya finalidad —explícita en sus líneas— no es formar una oposición política, sino luchar por el interés común con base en una “agrupación libre, informal y abierta de personas de diversas convicciones, diversos credos, diversas profesiones unidas por la voluntad de emplearse individualmente y en grupo” (Carta: 850). Es decir, personas con una identidad propia que son capaces de insertar su unicidad en compañía de otros en defensa de un bien común: el respeto a los derechos humanos, a la libertad de religión, educación y manifestación pública.

Asimismo, la “Carta del 77” denuncia las prohibiciones por parte del Estado a los derechos de los profesores de investigar, difundir y enseñar ideas a sus alumnos. Se persiguen y censuran las expresiones artísticas a la par de una fuerte represión contra la libertad de la manifestación pública de cualquier opinión opuesta a la oficial. En este horizonte, la pregunta que emerge es: ¿quién es Jan Patočka y por qué fue portavoz de la Carta con la plena conciencia de que la policía checa lo iba perseguir?  La respuesta se puede encontrar en su pensamiento totalmente coherente y relacionado con su acción.

Jan Patočka fue un filósofo checoeslovaco, alumno de Edmund Husserl y Martín Heidegger. En sus Ensayos Heréticos sobre la Filosofía de la Historia, se puede demostrar que fue gran lector de la filósofa alemana Hannah Arendt, de quien recupera y analiza su concepto de acción.  La fenomenología trascendental de Husserl fue su campo de estudio durante varios años. Para Ramón Alcoberro y José Calvo González,[1] Jan Patočka introduce la noción de lo histórico en la fenomenología y propone una filosofía de la historia como filosofía de la libertad y responsabilidad humana que conlleva de angustias y riesgos.  Al igual que su maestro Edmund Husserl reflexionó sobre la crisis europea.

Retoma de Hannah Arendt la preocupación por la reducción de la vida de los hombres al carácter biológico de la labor, es decir, la vida entendida únicamente como la satisfacción de necesidades biológicas y, al mismo tiempo, la vida de los hombres considerada solamente en ámbito del trabajo como la fabricación de las cosas que constituyen el artificio humano; para Hannah Arendt en tales actividades los hombres no son libres. Los seres humanos son libres en la acción, la cual es un aparecer en público siendo quien eres de manera voluntaria, se trata plenamente de una iniciativa. No obstante, la acción es una actividad humana que los totalitarismos prohibieron y censuraron. En palabras de Patočka, la vida de la aceptación es aquella que sucumbe al carácter de la labor y el trabajo; sin embargo, la vida auténtica de los seres humanos está en un alzarse, donde «la vida humana edifica conscientemente un espacio para una vida igualmente libre y total y que no se agota en la mera aceptación» (Patočka: 77).

La vida del alzarse es la vida de la iniciativa, en la cual, las personas actúan en conjunto siendo quienes verdaderamente son. La misma compromete a “vivir al acecho […] una vida de tensión activa y una vida de riesgo extremo, un incesante alzarse por encima de sí mismo” (Patočka: 74).  Para el fenomenólogo checo asumir la imprevisibilidad de la acción y sus riesgos es una manera digna de vivir, dado que en la aparición que revela la acción se encuentra la libertad.  La libertad es entendida como un dejar que el ente sea como es sin determinarlo.

El comienzo de la historia está en el actuar o alzarse, donde la vida se hace libre y total con otros, donde la historia no se conforma únicamente con la exposición rigurosa de hechos ni con la producción exacerbada de documentos, sino que es comprensible solamente cuando es responsabilidad libre. La acción entendida como un alzarse es histórica cuando responde a la pregunta ¿quiénes somos? y el narrador de historias abandona su carácter prehistórico cuando en su responsabilidad le va algo en ello.

Con base en la argumentación anterior, considero que Jan Patočka participó como portavoz de la “Carta del 77” porque en ella encontró un espacio para edificar una vida libre y asumir con valor su responsabilidad en tanto compromiso con el mundo con plena conciencia de sus riesgos finales: la persecución que enfrentó de enero de 1977 a marzo por parte de la policía checa y los interrogatorios de largas jornadas que eran brutales. La situación detonó el 13 de marzo del mismo año, cuando Patočka, tras haber enfrentado un interrogatorio por más de 10 horas, murió en su casa a causa de un derrame cerebral.  Según las fuentes, su funeral fue altamente vigilado por la policía checa que persiguió a sus asistentes y ordenó cerrar las florerías.

Todo ello con la pretensión de borrar la tinta indeleble que deja una lucha por la dignidad humana, el fiel recuerdo que se manifiesta cuando un intelectual se compromete con su mundo y la importancia de las palabras que Patočka en su testamento: “hay cosas por las cuales vale la pena sufrir” (Alcoberro). Sin embargo, la policía nunca se percató de algo sumamente significativo: la historia comienza cuando los seres humanos actúan en conjunto.

Se ha señalado que el fenomenólogo checo es un “mártir de la disidencia” (Alcoberro); ante ello estimo que no se es necesario exaltar la vida de Jan Patočka como un mártir con cualidades sobrehumanas. Su valor de arriesgarse y entregarse completamente a sus actos y palabras es lo que permite su carácter inolvidable: es héroe de su historia. Héroe en el sentido que es descrito por Hannah Arendt en su libro La condición humana, aquella persona que inserta su propio yo en el mundo y comienza una historia personal.

 A modo de conclusión pienso que Jan Patočka defendió el derecho a la dignidad humana en tiempos de oscuridad, buscó reivindicar la acción y la manifestación pública. Su vida y su obra nos encaminan a pensar su íntimo compromiso con la dignidad política y, por tanto, nos lega la deuda de escribir historias que interioricen la relación entre los hombres como seres actuantes, seres pensantes y seres políticos.

La “Carta del 77” es una acción política que indudablemente también es histórica. Así nos demuestra que lo que está en juego cuando el narrador toma el lápiz y el papel no solo es el significado y sentido de los acontecimientos humanos sino su propio alzarse.

Referencias

Fuentes primarias:

“Carta del 77”. Digitalizado. http://www.fundacionspeiro.org/verbo/1977/V-155-156-P-847-850.pdf
Havel, Václav. Cartas a Olga. Madrid: Galaxia Guntenberg, 1997. Impreso.
Patočka, Jan. Ensayos heréticos sobre la filosofía de la historia. Madrid: Ediciones encuentro, 2016. Impreso.

Fuentes secundarias:

Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona: Paidós. Impreso.
Alcoberro, Ramón. “Jan Patočka (1907-1977): un filósofo contra el totalitarismo”. Web. http://www.alcoberro.info/planes/patocka.htm
Calvo González José. “Jan Patočka y la Carta del 77. Apología fenomenológica crítica y activismo de los derechos humanos”. Revista Internacional de Filosofía. 2014: 41-58. Digital.

[1] Cfr. en las referencias del presente trabajo.

 


foto

Fotografía: Raquel Cortez García.

Denisse Mendoza Jaimes. Una futura historiadora con miradas imprecisas al futuro. Su morada más íntima es la filosofía de la historia, allí goza de la presencia de sus grandes maestros quienes luchan por la dignidad humana. Sonríe en momentos devastadores y canta ante el vendaval su preocupación por la vida y sus infortunios. Confía en su lucha por la inseparable relación entre el pensamiento y la acción.

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