Obra de teatro: Ríe poeta que el payaso estará llorando, por Uriel Velázquez Bañuelos

Escena 1
La apuesta
Un Poeta y un Payaso, la costa de Rubacava

La ciudad yacía bajo el manto frio de la noche y un poeta salió del Café Nocturno tras terminar su recital de poemas sobre la luna (otra vez, siempre era ese tema). Vestía con una camisa de manga larga, pantalones ajustados y unos zapatos que eran para bailar flamenco, aunque él no bailaba. Todo era negro, como su corazón. Y en la cabeza tenía una boina.

Poeta: (Caminando por las calles de Rubacava solo). En la oscuridad descubro una parte de mí, cerca de la delgada línea de mi cordura, al lado de la desesperación. Ahí yace una memoria olvidada, un fragmento de ti, de ambos, luna querida…

Payaso: (Posando detrás de un poste de luz donde la luz no logra iluminarlo). ¡Silencio! Intento dormir,  ¿alguna vez te has escuchado? Dios, suenas peor que…que un niño en un recital del día de las madres. Sí, fue malo, he usado mis mejores chistes esta mañana.

Poeta: ¿Qué clase de ser es usted que con su mal uso de la lengua osa interrumpir uno de mis cantos hacia la luna de plata?

Payaso: (Se levanta del suelo y se deja ver ante la luz de la farola. Porta las ropas de una persona promedio, salvo el maquillaje blanco que oculta sus expresiones faciales). Al menos que usted sea ciego o que mi maquillaje se esté desgastando, lo cual, creo en ambas, soy un payaso. Y, usted, sir lúgubre, ¿siempre habla así o solo cuando bebió de más por un amor inalcanzable?

Poeta: ¿Un bufón, uh?, Vaya trabajo, me sorprende verlos hoy en día. Yo, aquel sujeto de aspecto lúgubre, que le dice cumplidos a la luna para que esta no tema al salir en la noche, soy un poeta, y solo hablo de esta manera cuando recibo la claridad de la luna.

(Ambos se acercan al malecón y miran las olas del mar acercarse y alejarse de la arena de la playa).

Payaso: Y le sorprendería más al verlos con vida. Menos mal que es así, porque si habla de esa forma por siempre se vería muy estúpido, dudo que su acento francés le haga gracia a alguien por lo malo que es.

Poeta: ¿Qué quieres decir con «con vida»? Amigo, usted no sabe nada de mí. Mis versos son motivo de lágrimas y empatía para todo aquel que los escuche o lea. Versos que he sacado de mis experiencias en este mar infinito, donde los sueños y esperanzas se sumergen como anclas oxidadas de barcos que estaban destinados a la grandeza y la hipocresía de los políticos sale a flote y ensucia sus aguas.

Payaso: Así es, todos terminan locos o muertos… o ambos. Lloraría, si aún tuviera lágrimas que derramar. No eres malo, pero, por lo tanto, yo… (ajusta la garganta. De su chaqueta saca un marcador negro y se pinta tres gotas por debajo de su ojo izquierdo, una sonrisa falsa que se extiende por la punta de sus labios y empieza a cantar)

Soy un maestro de las risas, un asesino de lágrimas,

que no lastima con su presencia al entregarte alegrías;

sin embargo, soy un personaje sin emociones, que no besarías,

pues esta vida es un chiste, al cual pertenezco y siempre saco alegorías.

(Poeta y payaso, se unen en silencio).

Aquel silencio no era incomodo, era un silencio que se podía disfrutar por el sonido de las olas al romperse tras haber aprendido algo nuevo de alguien a quien creías conocer.

Payaso: Te propongo algo, amigo mío.

Poeta: ¿Qué clase de propuesta?

Payaso: Dices que puedes hacer llorar a las personas, aunque, te apuesto a que no las harías reír, ni si quiera a tu susodicha luna.

Poeta: En eso te equivocas, en la escuela yo era aquel que hacía reír a mis compañeros y maestros por igual y los entretenía para que no dieran clases.

Payaso: ¿Acaso esos chistes eran poemas que escribiste cuando eras niño y se lo leías a tus compañeros de clases en la primaria?

Poeta:

Payaso: Me lo imaginé.

Poeta: De acuerdo, esta vez hare reír a alguien tanto que deseara cambiar su caja de risas por una patata.

Payaso: Ese sí que fue malo, y eso que he hecho muchas cosas malas.

Poeta: Podrás haber hecho cosas malas, pero nunca has sido las lágrimas de alguien. Y yo te apuesto a que nunca lo conseguirás.

(Se miran mutuamente).

Payaso: A pesar del poco tiempo, siento que ya te había conocido con anterioridad, porque esto es un juego de viejos amigos.

Poeta: Ni yo lo hubiera dicho mejor, pero que no se diga más, hasta la siguiente semana con los resultados. Te veo luego, viejo amigo.

(Ambos se estrechan la mano y se van por lugares distintos, a casa).

Las luces de las calles se apagan. Las olas del mar cambian a un ritmo más tranquilo: la luna fue testigo de un juego de niños.

 

Escena 2
¿Cómo demonios hago reír a unos pelmazos?
Poeta, el Ataúd Azul

Olivia: (En el escenario, ante un micrófono).

Vol aujourd’hui,/Hoy volaré,

demain je meurs./mañana moriré.

La mouche./La mosca.

(El público calla. No hay aplausos que llenen el escenario, solo chasquidos y bongos que sonaron al finalizar cada verso. Se respira el humo del cigarrillo con boquilla de Olivia).

Pierre: Espontaneó, directo, como la vida misma.

Pity: La muestra más pura de lo que la naturaleza hace para esclavizarnos.

Lacherlich: Vacío, el saber el destino de nuestra vida, sin sorpresas, sin lastima. Solo vacío.

(Chasquean los dedos y miran a la nada).

Olivia: (Baja del escenario. Se dirige a Jack. Con los ojos ocultos detrás de unas gafas, lo mira con atención). ¿Sucede algo?, has estado callado.

Poeta: (Se levanta de su lugar y le ofrece una silla para sentarse) Perdona, amor. Sé que mis opiniones te llenan de determinación. Pero… esta vez, estaba algo pensativo, no me mal intérpretes, es que… es por algo que escribí ayer. Y tengo miedo de mostrarlo.

Olivia: (Se quita las gafas y lo mira directo a los ojos mientras toma su mano). Sabes, la primera vez que llegué a un lugar como este no era nadie, tenía miedo y quería volver a casa. Estaba por irme de aquel sitio cuando, de repente, un sujeto joven, esbelto y que parecía haber salido de las sombras, se acercó a mí y me dijo…

Poeta: (Interrumpiéndole). «Nunca  tengas miedo de mostrar al mundo lo que eres, que te ha visto nacer y te verá morir…»

Olivia y Poeta, juntos: Con esa oración calló. Subió al escenario y recitó un poema que nunca olvidaré, porque fue el día en que sus palabras cegaron mi visión, mientras el sonido de su voz robaba mi corazón.

Poeta: (Se levanta de su lugar y se acerca al micrófono). Hoy les quiero narrar algo distinto…

Pierre: Un nuevo giro, ¿eh, Jack? De esos que te cambian la vida.

Pity: Incluso el hombre puede romper sus propias cadenas de rutina.

Lacherlich: Sorpresa, lo que me llevaré al escucharte, pero esa sorpresa será de gratitud y no de decepción. Sorpréndeme.

Poeta: Un día, subí a un avión…      

(Membrillo entra al Ataúd Azul, causando algo de ruido).

Membrillo: (Se sienta al lado de Olivia, donde solía estar sentado Jack, y le guiña el ojo, pero Olivia lo ignora. Decide desquitarse con Jack). ¿Acaso es otro chiste sobre la comida en el avión?

Poeta: (Despega el micrófono del pedestal y comienza a caminar por el escenario). Verán, al estar dentro del avión, todo se vuelve más pequeño. Pasé de comer grandes bolas de albóndigas con espagueti a comer diminutos cacahuates. La gente también, tanto al asomarme por la ventanilla, como la que estaba dentro del avión, porque nunca en mi vida había visto un burgués sentado al lado de un obrero. Dicen que el mundo es un pañuelo, un pañuelo que le pertenece al burgués, el cual el obrero usó para limpiarse los cacahuates que comió.

(Nadie dice ni hace nada. Se encuentran confundidos, en shock).

Pierre: ¿Por qué el burgués no está en primera clase y se sienta junto al obrero?

Pity: Sin duda nadie quiere a los cacahuates, quizá por eso el burgués se molestó.

Lacherlich: Confusión. El monólogo de la sorpresa me dejó sin palabras, indecisa. No sé qué pensar, estoy confundida.

Membrillo: Ahora lo entiendo, tratas de decirnos que tu chiste es como la comida del avión: pésimo.

(Todos en el Ataúd Azul ríen por el comentario de Membrillo, excepto Olivia. Pero no ríen a carcajadas, sus risas son algo reservadas y pedantes).

Poeta: No, no lo entienden, dejen les explico, es una… (en medio de toda esa confusión se le cae el micrófono a Jack. El golpe genera un sonido agudo, como si una mujer cantara una nota alta y rompiera una copa de vino con su voz, solo que aquí no se rompe ninguna copa, sino el ojo de vidrio de Membrillo).

Lacherlich: ¡¿Pero qué demonios?!

Membrillo: ¡Un médico, que alguien llame a un médico!

Poeta: (Recoge el micrófono del suelo, mira la multitud alarmada por el incidente). Con esto queda claro que algunos no tienen visión para la comedia.

(Olivia se tapa la boca, a punto de estallar en risas).

Pity: Demonios Jack, deja de hacerte el tonto y haz algo.

Poeta: ¿Qué puedo hacer además de llamar al sujeto que hace canicas para que le haga un nuevo ojo de gato? Solo puedo hacer de la vista gorda.

Pierre: Jack, basta, esto no es gracioso.

Poeta: (Mira a Olivia y se siente confiado) Oh, tienes razón. Por eso será la última vez que nos veamos. ¿O no, Membrillo?

(Olivia no puede contenerse más, por lo que comienza a carcajearse como nunca. Jack deja el micrófono en el piso, pero con delicadeza, y ambos escapan del lugar para llevar sus risas a fuera del Ataúd Azul).

Escena 3
Comedia es igual a tragedia
Un Poeta Y su Amante, la parte Este de Rubacava

(Varios días después de haber salido del Ataúd Azul, Jack y Olivia caminan).

Poeta: Y entonces, un sujeto delante de mí golpea la puerta de donde fue sacado a patadas y grita (finge una voz de un viejo casca rabias) «Déjame entrar, ¿no ven que soy VIP?». ¿Sabes que le respondí?

Olivia: (Abraza a Jack desde el hombro izquierdo y lo mira con excitación). No lo sé, solo di el maldito chiste.

Poeta: ¿Acaso eso significa «Voy Intensamente Pedo»?

(Ambos ríen y, cuando menos lo esperan, han llegado a la cima del mirador).

Olivia: Esta semana ha sido increíble. ¿Sabes?, has cambiado, y me alegra.

Poeta: ¿A qué te refieres con eso?

(Ambos se dirigen al borde y aprecian la ciudad, los bosques y las estrellas que se dejan ver junto a la luna).

Olivia: Sí, tan solo mira. Hace una semana, eras un tipo aburrido, anticuado, creía que eras como los demás de aquellos lugares a los que vamos. El Café Nocturno, El Ataúd Azul, La Ultima Canción. Cité ese poema absurdo para probar al mundo, mi mundo. Y me encontraba sola, porque nadie entendía lo que pasaba. Excepto tú. Con miedo, subiste al escenario y me enseñaste que siempre se puede hacer algo nuevo y tener éxito, pero, sobre todo, a reírte en los peores momentos.

Poeta: Lo siento tanto, Olivia, te entiendo poco en este momento, las cosas están pasando rápido…

Olivia: Lo sé, estoy divagando.

(Ambos callan y piensan lo que van a decir).

Poeta y Olivia: Yo… Mira. Después de ti… mmmmmm… Solo… tú primero.

Poeta: Vamos, dilo tu primero.

Olivia: Ese día, quería romper contigo, te lo iba a decir. Ya no te veía como alguien único, sino como el resto de esos pelmazos sin vida.

Poeta: ¿Qué?, ¿por qué me dices eso?

Olivia: Porque… tenía miedo de perderte. Y…

(Poeta interrumpe a Olivia mediante un beso).

Aquel beso, no era el primero beso de todos, ni mucho menos el último beso. Sien embargo, fue el beso de alguien a quien amaste por primera vez con toda tu alma, de la persona que anhelabas tener a tu lado en los momentos más difíciles, pero fracasaste y nunca supiste qué pasó con esa persona y, aun así, en donde quiera que esté, le deseas el bien. Se sintió como el último beso, porque en él había recuerdos y despedidas que se extienden hasta el amanecer. No, aquel beso no era el primero ni el último, pero era el beso que toda su vida había deseado.

Poeta: Eso quería decirte. Tengo que marcharme, debo ver a un viejo amigo en la costa y voy algo tarde.

Olivia: Te estaré esperando…

 

Escena 4
Basta de risas
Payaso, el centro de Rubacava

(El Payaso entra a una casa ubicada en el tercer piso de un departamento en el centro de la ciudad).

Martha: (Prende las luces de la sala después de esperar muchas horas). ¿Acaso te parezco una de tus bromas, Elfman? ¿Sabes cuánto tiempo te esperé ayer en la noche? No puedo seguir con esto.

Payaso: (No mira a su esposa a los ojos, pasa de ella y sigue caminando hasta llegar al sofá y se acuesta). Creo que ambos sabemos esa respuesta. Cuando despierte ya nada importará.

Martha: ¿Que nada importará?, mira dónde vivimos, todo gracias a que te niegas a conseguir un trabajo decente.

Payaso: Tenga trabajo o no, no puedo negar que este es mi papel en esta obra. Y por risas o jornadas de trabajo, a mí no me pagarán, sino al sujeto que nos creó.

Martha: ¿Qué demonios dices?

Payaso: No mucho en realidad. Cuando me veas debajo de mi maquillaje, lo sabrás.

(El payaso se duerme en el sofá, sin importar la situación. Al despertar se percata de que la casa está vacía, no hay nadie que llene los ecos. Tampoco hay suficientes muebles que escondan el polvo y los insectos muertos. Ni siquiera puertas para respetar toda privacidad).

Payaso: (Se mira en el espejo). Tenía razón. Esto llegará a su fin.

 (El Payaso toma la carta que está en la mesa, la escribió su esposa antes de marcharse, y la tira al suelo).

Payaso: Una  persona más que derrama lágrimas, falta otra.

(Sale de su departamento y sube al piso de arriba, se acerca lentamente a la puerta número 57 y escucha los gemidos de placer de dos personas practicando sexo. Se marcha de ahí).

Payaso: Niños y niñas, acercaos, acercaos. Os tengo una sorpresa que jamás creerías de un servidor tan pintoresco como yo. Pensarán que estoy bromeando, pero no es así.

(Niños y niñas, acompañados de sus padres, se acercan al payaso).

Bob: ¿De qué se trata?

Cristina: ¿Acaso es algo inimaginable?

Payaso: (Ajusta la garganta, saca de su chaqueta un plumón y en su rostro se dibuja una cara de sorpresa y estrellas, como si fuera un mago. Comienza a cantar. Los niños y padres lo siguen).

No sé cómo, ni desde cuándo,

pero sé su forma y lugar en el que está colgado.

Tiene la apariencia de dos humanos, unidos piel con piel, forzado.

Es grande y gordo de lado,

pero pequeño y largo si esta acostado.

«Deberías ahorcarme y darme más» es su sonido.

Pero no teman a esta criatura, que yo os guiare con cuidado.

Viajaremos a un lugar nunca antes visto y nos sorprenderá el resultado.

(El payaso abre la puerta del número 57 y los niños presencian el horror. Comienzan a llorar).

Manuel: Bob, hijo mío, larguémonos de aquí, solo trata de olvidar lo que viste.

Bibiana: Que alguien detenga a aquel payaso que ha quitado la inocencia de todo niño.

Breton: Rebeca, amada mía, ¿cómo se han enterado de nuestra relación a escondidas?

Rebeca: No lo sé, seguro fue alguien despiadado, pero sin secreto, nuestro amor no puede seguir a flote.

(El payaso logra escaparse entre toda la confusión. Los padres intentan proteger a sus hijos y la pareja intenta cubrir su piel con algo para que no sean vistos. No son capaces de notar el escape del payaso).

Payaso: (Solo). Una vez perdida la inocencia, nunca se vuelve a recuperar, solo quedan lágrimas. Y el amor de esa pareja morirá. Verán una vez más sus cuerpos desnudos, pero no con excitación, sino con sentimientos de pena y desagrado, pues ya no tienen sorpresa que esconder bajo sus ropas, todo mundo los ha visto, y se sienten como unas prostitutas. Solo falta algo: mis lágrimas.

 

Escena 5
REM
Payaso y Poeta, la costa de Rubacava

(El Payaso, sentado en la arena, ve a lo lejos al poeta que se aproxima con algo de prisa).

Payaso: Llegas tarde.

Poeta: Lo sé, y lo siento por eso. Estaba con alguien que amo.

Payaso: Lo supuse, Olivia te ha mantenido ocupado.

Poeta: ¿Qué?, ¿cómo sabes de su existencia?

Payaso: Me decepcionas, creía que ya lo sabias. No importa, supongo que la hiciste reír mucho.

Poeta: (Con ambas manos lo sujeta desde la camisa). No trates de esquivar mi pregunta, responde.

Payaso: Bueno, yo también tuve éxito. Conseguí muchas lágrimas, fueron fáciles, todo parecía estar alineado: «como si el mundo conspirara a mi favor», dice alguien que escribe y es parodiado hasta el cansancio. Pero nada de esto importará: la mujer que abandoné en algún sitio en Rubacava, niños traumatizados al ver el amor de una pareja morir por ser juzgada, reventar el ojo de Membrillo, incluso revivir un amor muerto. Nada importará. Y te diré el porqué.

(El payaso logra zafarse y sumerge su cara en el agua. El maquillaje blanco se despinta por completo y deja ver un rostro triste).

Poeta: Eres… eres igual que yo. Pero… ¿Cómo?

Payaso: Es la primera vez que se me despinta. Mira más allá del mar, este océano infinito. Recuerda el rostro de las personas al cerrar los ojos.

Poeta: Todos… todos son idénticos. No hay nada nuevo que antes hayamos visto.

Payaso: Porque…

Poeta: Todo estaba planeado desde el principio… No, ¡imposible!, ¡mientes! Creo en este lugar que me vio nacer y me vera morir, en las personas, en mi amada Olivia.

Payaso: (Caminando sobre el agua). Tú mismo lo dices, no tengas miedo.

Poeta: (Con pasos temblorosos, lo sigue por el agua del mar). No tengo miedo, es solo que me niego a creer lo que dices.

Payaso: Si es así, ¿cómo explicas que podamos caminar sobre el agua?, o esto otro. (De su chaqueta saca de nuevo el plumón, pero esta vez no pinta sobre su rostro, sino sobre una hoja con nombres ridículos y comunes).

Jack: No logro apreciar la diferencia de eso último. De nada, todo sigue igual.

Elfman: Por ahora no, porque el mundo se transforma a nuestros pies. A lo que creamos con nuestras ideas y deseos. Llegaremos al final del océano y, quizá, nos encontraremos con más océano o quizá no. Depende de lo que más deseemos.

(Jack y Elfman caminan hasta llegar al final del océano, ven cómo todo a su alrededor comienza a blanquearse, como si estuvieran segados por una luz. Y cuando abren los ojos nuevamente están en La Ultima Canción, un pequeño bar).

Olivia: (Interrumpe su lectura, se trata de un libro que no se puede leer por las letras borrosas). Hola, Jack, has vuelto… No sabía que tenías un hermano gemelo.

Jack: Olivia, yo… estoy confundido, no sé qué está pasando.

Olivia: ¿Qué quieres decir con eso?

Elfman: Quiere decir esto… (de su chaqueta saca una pistola y le dispara a Olivia).

(Jack comienza a llorar y abraza el cuerpo muerto de Olivia. La gente a su alrededor queda estupefacta).

Jack: Tú… ¿Qué demonios has hecho?

Elfman: Si quieres saber qué está pasando solo tienes que desearlo. Yo me enteré de esto el primer día que nos conocimos. Supe que esto es un sueño dentro de una obra de teatro. Porque es ridículo que alguien como yo duerma en las calles. Al principio me negué a creerlo, pero luego lo acepté y realicé acciones que no llegan a ninguna parte. Traté de hacer comedia a mi manera: yo reía y ellos lloraban, nada me daría más tristeza que mi vida haya sido intrascendente, que no merezca la risa.

Jack: ¡Con un demonio, cierra la boca, detén todo esto!

(La boca de Elfman queda cocida con listón negro. Todo a su alrededor, se detiene, nadie se mueve, están congelados en el tiempo onírico).

Jack: (Deja a un lado el cadáver y se pone de pie). Toda mi vida, personas que amo, momentos que he vivido con esas personas… Son solamente polvo de sentimientos y recuerdos de alguien más, alguien que generan vida para nuestro disfrute. Un sueño que dejaremos atrás. Todos ellos, todo lo que alguna vez existió llega a su fin, como una historia que acabará y será olvidada tras ser colgada en un muro, al lado de otros chistes y cuentos que pocos leen, como el despertar de un nuevo día. Pero a diferencia de ti, mi otro yo, aproveché bien el poco tiempo con el que contaba y si por lo menos solo una docena de lectores cuenta mi aventura a través de los sueños y cuentos, habré transcendido a la inmortalidad junto con mi amada Olivia.

(Jack comienza a reír y Elfman, a pesar de estar congelado, derrama sus últimas lágrimas).

Escena 6
Despertar
La habitación de Jack Elfman.

Jack Elfman se despertó, salió de su habitación y bajó por las escaleras hasta llegar a su biblioteca, donde una máquina de escribir al lado de un puñado de hojas con una historia a medias lo esperaban. Se sentía preparado para acabar la historia en la que se había quedado atrapado, porque ahora sabía causar risas en los momentos más trágicos y podía escribir sucesos realmente catastróficos: una verdeara tragedia.

Uriel nació fuera de México. Antes de que pudiera aprender a hablar, volvió a su país para adoptar las costumbres e historias de su amada ciudad Guadalajara. Se dedicó al estudio como cualquier estudiante normal y encontró una fascinación en los cuentos y mitos de diversos libros de la escuela. Cuando no lee o escribe, trata de dormir con su gata o pasar el tiempo. En algunas ocasiones, Uriel se siente incómodo al referirse a sí mismo en tercera persona.

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