Ensayo: Deconstrucción de género para principiantes, por Aurora Sanchis

[Ilustración tomada del libro ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? de Raquel Díaz]

Es de suma importancia hablar sobre literatura infantil porque con regularidad se deja de lado su estudio, olvidamos que “como instrumento socializador constituye un instrumento culturalizador de primer orden” (Ros, 2013: 335) y solemos conformarnos con darles fábulas, una y otra vez repetidas, a los pequeños. Mario Rey Perico propone algo distinto en su texto “¿Literatura infantil?”, en el que insta a ver de una nueva manera a los niños como lectores, nos pide que reconsideremos el término literatura infantil, ya que para él esta diferencia con la literatura en general no existe.

Rey reprueba la práctica de ofrecer a los infantes cualquier texto simplemente pensado para adiestrar y recomienda dejarlos leer de todo, que ellos escojan lo que les agrada. Si bien es verdad que los niños son altamente capaces, muchas veces más que la gente mayor, de entender lo que se les presente, es importante considerar que sí hay cosas para las que indudablemente requerirán orientación.

Para mí, Rey Perico tiene razón: los menores tienen la inteligencia suficiente para descifrar los diversos códigos utilizados dentro de la literatura, necesitamos tomar en cuenta sus gustos y no subestimarlos. Sin embargo, existen temas y actitudes sobre los que no podrán hacer una correcta reflexión porque son cosas muy arraigadas dentro de nuestra sociedad; de hecho, lo más probable es que no lleguen a pensar en ello, sino que lo tome por bueno sin reparar en las implicaciones. Sobre todo, porque “pareciera que [los niños y los jóvenes] eligen solos cuando en realidad son inducidos a elegir ciertos libros por arrasadoras estrategias de mercado” (Andruetto, 2014: 101).

Uno de estos aspectos, de lo más delicado y que debería estar entre nuestras prioridades, es el machismo. No podemos darles libros que contengan actitudes claramente machistas, esperando que realicen solos el acto deconstructivista que se requiere para no reproducir dicho comportamiento cuando ni nosotros mismos lo realizamos sin previa instrucción. Esto no es aplicable únicamente a los libros que leen los niños, pero se convierte en una tarea apremiante revisar las obras que les damos a leer a ellos si lo que se busca es formar una sociedad diferente desde la raíz, desde la más temprana edad.

Uno de los pasos a dar en la búsqueda de una reformulación sobre el género es el de ofrecerles literatura pensada para llevar a cabo la reflexión requerida que los guíe al cambio antes de poner en sus manos los textos que reflejan y refuerzan (aunque no siempre intencionalmente) el machismo. Hay que recordar que si bien “la familia, la escuela [y] los medios de comunicación influyen de manera contundente en la asignación de [los roles de género, los libros] contribuyen a reforzarlos” (Ros, 2013: 334).

No podemos esperar, claro, que unos cuantos libros resuelvan los problemas de nuestra sociedad, pero sí que sirvan de apoyo para reforzar el discurso y el comportamiento que se esperan conseguir; puesto que “la literatura infantil destinada a la infancia es un instrumento que le permite a niñas y niños construir su comprensión del mundo” (Ros, 2013:330) y “los libros infantiles participan […] en el proceso de interiorización de conocimiento […] de lo que la sociedad considera correcto o incorrecto” (Ros, 2013: 331).

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? es una interesante propuesta de la autora Raquel Díaz Reguera y es el texto que me ocupa en este trabajo. Revisaré cómo deconstruye los roles de género que, se supone, debemos cumplir, con el fin de saber si es o no un cuento recomendable para iniciar a nuestros niños en la lectura y en la vida.

¿Soy mujer?

“A partir del momento en que se escucha la palabra ‘género’, desde que aparece, desde que se lo intenta pensar, se dibuja un límite” (Derrida, 1980: 3), por esto es necesario conocer la diferencia entre género y sexo antes de poder deconstruir los límites que conforman a ambas nociones, por lo que contrastaré aquí algunas definiciones sacadas de internet[1]. La primera dice que

[e]l sexo viene determinado por la naturaleza, una persona nace con sexo masculino o femenino. En cambio, el género, varón o mujer, se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado. Se entiende por género la construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres […]  Una primera función implícita en el género es la de hacer patente que hombres y mujeres son más diferentes que similares, y este es el motivo de que la sociedad humana haya establecido la existencia de estos dos géneros, fenómeno que tiene una dimensión universal (Berbél, 2004).

En Wikipedia los definen de manera similar y agregan algunos detalles, apuntan que

[l]a distinción entre sexo y género parte de una serie de estudios por los cuales se distingue el concepto de sexo como una característica natural o biológica, y el concepto de género como una significación cultural que hace referencia a un conjunto de roles. Esta distinción es estratégicamente importante para algunas tendencias de la teoría y política feministas, particularmente para la tercera ola del feminismo, porque sobre esta premisa se argumenta que el género no es un destino biológico, y que la opresión patriarcal sobre las mujeres es un fenómeno cultural que no sigue necesariamente de la diferenciación sexual biológica. Esta distinción permite al feminismo aceptar algunas formas de diferencia sexual natural y a la vez criticar la desigualdad de género (2017).

Por último, esta es la definición que se da en un blog de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, en la cual se señala que

[e]l “Sexo” se refiere a las características biológicas y fisiológicas que definen al hombre y a la mujer, por ejemplo: las mujeres tienen menstruación pero los hombres no. El “Género” se refiere a los atributos sociales y las oportunidades asociadas a ser hombre o mujer, y las relaciones entre mujeres y hombres, niñas y niños. Estos atributos, oportunidades y relaciones se establecen y se aprenden en la sociedad, son específicos al contexto o tiempo, y pueden cambiar, por ejemplo: el hecho de que las mujeres hagan más tareas del hogar que los hombres. El género determina lo que se espera, se permite y se valora en una mujer o un hombre en un contexto determinado. El “hombre” y la “mujer” son categorías sexuales, mientras que lo “masculino” y lo “femenino” son categorías de género (2016).

Como vemos, existen todavía discrepancias entre las diferentes fuentes que definen sexo y género. En la primera nos dicen que el género es varón y mujer, mientras el sexo es femenino y masculino; en la segunda solo comentan que el género es una construcción cultural y que, en cambio, el sexo es una noción natural; en la tercera es donde hay conflicto, ya que definen al género como masculino/ femenino y al sexo como hombre/mujer. Entonces, ¿cuál es cuál?

Al consultar diversos blogs y diccionarios feministas, encontré que suelen hacer lo que Wikipedia: diferencian entre género y sexo sin especificar las palabras “adecuadas” para referirse a cada uno. Así que, para evitar confusiones y contar con mayor certeza, a lo largo de este trabajo tendremos en mente la definición que da Nuria Varela en Feminismo para principiantes. Ella dice que el género es el conjunto de reglas asignadas por la sociedad a uno y otro sexo; es decir

la noción de género surge a partir de la idea de que lo “femenino” y lo “masculino” no son hechos naturales o biológicos, sino construcciones culturales. Por género se entiende […] todas las normas, obligaciones, comportamientos, pensamientos capacidades y hasta carácter que se han exigido que tengan las mujeres por ser biológicamente mujeres […] Cuando hablamos de sexo nos referimos a la biología —a las diferencias físicas entre los cuerpos de las mujeres y de los hombres—, y al hablar de género, a las normas y conductas asignadas a hombres y mujeres en función de su sexo (2008: 149).

También, cabe recordar que Derrida señala al género como algo que se forma partiendo de “una oposición simple que aparece desde la naturaleza y la historia[, que] permite llamar a las órdenes y ordenar las multiplicidades en una nomenclatura” (1980: 7). Así como que “la construcción del género en una sociedad tiene un carácter dinámico dentro del proceso social, político, económico y cultural de cada contexto histórico, y es posible construirlo a través de su de-construcción” (Ros, 2013: 333).

“¿Por qué todas las niñas quieren ser princesas?”

¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? es un libro que ha tenido gran éxito, tanto que en 2015 se hizo la séptima edición; pero ¿qué es lo que lo hace tan interesante? Para empezar, Raquel Díaz no escribe pesando solo en los niños, la autora dice “[n]unca me planteo si estoy escribiendo o dibujando para niños o adultos. Cada niño y cada adulto es único y decide delante de un libro si es o no es para él. Mis libros son para todos los públicos en los que puedan despertar interés” (Díaz). Además, de una forma tan simple como compleja, desde el punto de vista de una princesa llamada Carlota, la autora realiza una deconstrucción básica de los géneros; muy al estilo de Manuel Asensi, quien dice que “la deconstrucción es inventársela” (19).

Díaz comienza a inventarse dicha deconstrucción desde el inicio cuando dice que “Carlota estaba harta del rosa y de ser una princesa” (Díaz, 2015), refiriéndose a que no todas queremos «naturalmente» comportarnos de ese modo, aunque se suponga que así es. Esto último sucede porque se ha confundido la condición de las estructuras al momento de realizar la lectura de autores como Platón y Aristóteles, “se han considerado naturales estructuras o formas típicas cuya historia es tan poco natural como posible” (Derrida, 1980: 6). Por ello, durante las partes en las que la niña “critica” las características de las princesas la tipografía resalta algunas palabras que remarcan lo desagradable y lo antinatural de este rol impuesto por la sociedad a las mujeres y otras que ensalzan lo fantástico de romper el molde.

Se hace un listado de las muchas ocupaciones que las princesas podrían tener y de las que están vetadas “naturalmente”, puesto que “[c]uando se asigna un límite, la norma y lo prohibido no se hacen esperar” (Derrida, 1980: 3), así como de la gran gama de colores que podrían hacer propios en lugar de tomar únicamente el rosa. De ese modo, Carlota es pintada como una niña soñadora, ambiciosa, que ve las características y ocupaciones asignadas al género femenino como algo aburrido.

A pesar de esto, y como sucede en la realidad, la protagonista tiene innumerables trabas para hacer lo que ella de verdad quiere, empezando por las personas de su entorno inmediato, debido a que generalmente se cree que “desde que un género se anuncia, hay que respetar una norma, no hay que franquear una línea limítrofe, no hay que arriesgarse a la impureza, la anomalía o la monstruosidad” (Derrida, 1980: 3).

La primera persona a la que expresa sus deseos es su madre, quien le dice que “[l]as princesas son como las rosas, flores frágiles cuyos pétalos no resistirían ni un soplo de viento” (Díaz, 2015); esto, por supuesto, es claro reflejo del sistema en el que nos encontramos: la madre se toma por la principal educadora de los niños y, regularmente, se le ve como la que inculca el discurso machista e incluso las actitudes machistas en “primer lugar”.

Díaz Reguera busca terminar con dicho patrón, haciendo que la madre permita a Carlota salirse de su género; aunque, de nuevo siendo fieles a nuestra realidad, no sin antes pasar por el padre, el hada madrina, los consejeros reales y demás, quienes creen firmemente que “los géneros deben no mezclarse” (Derrida, 1980: 3).  Cuando, por fin, logra “convencer” a aquellos que no le permitían dejar de ser una princesa rosa para que reconsideren la situación, se realiza una reunión con todas las princesas, reyes, reinas, príncipes, hadas madrinas, etcétera; donde resulta que no solamente Carlota está descontenta con el papel que le tocó desempeñar al nacer, sino que todas las princesas quieren hacer algo diferente.

Después de un rato de confusión (y rompiendo otro poco los moldes de conducta típicos), es el hada más anciana y sabia quien las autoriza para dejar de ser flores y comenzar a actuar como lo que son: niñas. Ante esto, uno de los príncipes se ve alterado, pues no sabe qué deben hacer ahora los príncipes azules y el hada le responde “Vosotros podréis vestir de rosa” (Díaz, 2015); de esta manera, se realiza en el cuento uno de los actos más básicos de la deconstrucción, que no por eso es fácil, pero ayuda, aunque no sea suficiente: se invierte la relación binaria y se intercambian los valores.

La voz narrativa cierra con la pregunta “¿Por qué todas las niñas quieren ser princesas rosas?” (Díaz, 2015), de forma que refuerza la idea de que el género no es una cosa natural, ya que “no se nace siendo mujer, siendo amable, formal o educada. Es la sociedad en la que nacemos la que determina muchas pautas de nuestro comportamiento” (Ros, 2013: 333) y, que, de hecho, es indeseable encerrarse en una casilla sumamente pequeña como lo es la de los roles de género; además, da pauta a la reflexión del lector tras haberlo llevado de la mano por la senda deconstructivista.

Conclusiones

Evidentemente, este es solo el primer paso; lo que actualmente requiere nuestra sociedad es cambiar la idea de que existen dos géneros y nada más, así como dejar de asumir que estos vienen determinados por el sexo con el que nacemos. “Se trata de que la barra [que une y divide a la oposición hombre/mujer] se vuelva líquida […]” (Asensi: 16), esto “para evitar los totalitarismos” (Asensi: 13).

La idea no es, pues, eliminar al género tajantemente, ya que este ha servido “desde siempre [para] representar el papel de príncipe del orden: parecido, analogía, identidad y diferencia” (Derrida, 1980: 25); sino que se busca crear un nuevo orden, uno diferente que permita mayor movilidad y libertad para escoger la etiqueta con la que se nos reconocerá.

En mi opinión, lo que el libro nos está diciendo es que no hay problema en que todos hagamos de todo, sin importar el sexo que tengamos y, al mismo tiempo, es el ejemplo perfecto de que la línea entre literatura general y literatura infantil es imaginaria e innecesaria. Por ello, me parece que se trata de una gran obra literaria: funge como texto iniciático en la lucha feminista y nos ayuda a hacer el gesto deconstructivista necesario para comenzar a conseguir herramientas adecuadas que nos permitan enfrentarnos de forma crítica a los textos que reflejan y reproducen los actos machistas de nuestro día a día con el fin de acabar poco a poco con dicho estilo de comportamiento.

 

Bibliografía

ANDRUETTO, María Teresa. “Elogio de la dificultad: formar un lector de literatura”. La lectura, otra revolución. México: FCE, 2014. 83-102. Impreso.

ASENSI, Manuel. “¿Qué es la deconstrucción de Jacques Derrida?”. Web. 10 may. 2017 < https://upcommons.upc.edu/bitstream/handle/2099/10546/VISIONS3%2011%20teoria%20manuel_asensi2.pdf >

BERBÉL, Sara. “Sobre género, sexo y mujeres”. Mujeres en red. Jun. 2004. Web. 10 may. 2017. < http://www.mujeresenred.net/spip.php?article33 >

DERRIDA, Jacques. “La ley del género”. Teoría y Análisis Literario, Cátedra “C”. 1980. Digitalizado.

DÍAZ REGUERA, Raquel. “Cuentos de una cuentista”. Raquel Díaz Reguera. Web. 10 may. 2017. < https://www.raqueldiazreguera.com/libros-ilustrados-1/ >

_____________¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? Barcelona: Thule Ediciones, 2015. Impreso.

REY PERICO, Mario. “¿Literatura infantil?”. Gaceta del Fondo de Cultura Económica. Digitalizado.  

ROS GARCÍA, Esther. “El cuento infantil como herramienta socializadora de género”. Cuestiones pedagógicas. 2013: 329-350. Digitalizado.  

VARELA, Nuria. Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B, 2008. Digitalizado.

“¿A qué nos referimos cuando hablamos de ‘sexo’ y ‘género’?” gob.mx 24 mar. 2016. Web. 10 may. 2017. < http://www.gob.mx/conavim/articulos/a-que-nos-referimos-cuando-hablamos-de-sexo-y-genero >

“Distinción entre sexo y género”. Wikipedia. 2 may. 2017. Web. 10 may. 2017. < https://es.wikipedia.org/wiki/Distinci%C3%B3n_entre_sexo_y_g%C3%A9nero >

[1] Resulta pertinente acudir a este medio porque los pequeños, actualmente, suelen recurrir a él para esclarecer sus dudas. De esta manera puede establecerse, de paso, una comparación en segundo plano sobre un contenido más controlado por un intermediario, como lo es un libro, y uno que no lo está.

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Genial, gracias Aurora. A mí me pareció muy interesante “Buscando el final del arcoiris”, familias muy potentes 😉

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