Cuento: En el principio, por Gilberto Bautista

Desde el inicio la luz iluminó diferentes caminos y fue precisamente ahí donde mis ojos encontraron algo deslumbrante. La muestra, la prueba de mi no soledad entre las llamas y todas las cosas explotando a mi alrededor. Mil cosas daban vueltas en mi cabeza, figuras, sonidos, al menos eso pensaba que eran. Me agaché a recogerte y una explosión no muy lejana me apartó de ti. No estaba herido, pero cuando me levanté ya no estabas junto a mí. Un alarido desesperado brotó de mi garganta. Como loco te busqué y no tuve suerte. Algo dentro me decía: “Continúa tu búsqueda, no claudiques, sigue”. Ya te había visto, no estoy solo, eso me confortaba.

En aquellos tiempos el día o la noche eran muy confusos. Miraba arriba y una espesa nube de polvo no dejaba pasar absolutamente nada. Un frío intenso y ventiscas azotaban mi cuerpo desnudo. Las tormentas eran muy comunes y en esos momentos una de ellas se acercaba peligrosa por el horizonte. La pedrería transportada por el viento impactaba mi cuerpo, lastimándolo, leve, pero doloroso. Corrí hasta unos promontorios de roca y traté de cubrirme, la tormenta me pisaba los talones. Detrás de la roca donde me oculté, te volví a ver; iba a correr a ti, pero la tormenta ya estaba a unos cuantos pasos. El viento arrastraba piedras de diferentes tamaños, así me olvidé un instante de ti y me cubrí con la piedra. El estruendo llegaba total. Me acurruqué y así pasé un largo tiempo, no supe cuánto.

En mis oídos se revelaban todo tipo de sonidos, las pequeñas piedras iban a estrellarse con las grandes y temí por ti, no pude hacer nada para ayudarte. El sopor y el cansancio se adueñaron de mi cuerpo y caí en un largo y profundo sueño.

Me encontré de pronto rodeado de murallas altas. Había luz, veía claro, no estaba solo. Otros como yo. Sus cuerpos eran bien definidos, sus rostros difusos. Sobre mi cabeza un calor me quemaba; aparentemente era el único que lo sentía, nadie más. Frente a nosotros alguien más. Algo parecido a la voz del viento escuchaba, provenía de los otros como yo. De pronto se convirtió en una cacofonía interminable, se hacía más y más fuerte, insoportable. Cubrí mis oídos y me encogí; esos sonidos me lastimaban.

El estruendo laceraba mis oídos, no parecía tener fin. Con terror me levanté y corrí, por un momento me olvidé de todo. Lo único era no escuchar aquello perforando mis oídos. La carrera fue larga y la distancia cumplió su cometido; fue entonces cuando me di cuenta de la realidad, no estabas conmigo otra vez. El cansancio me venció y caí de rodillas llorando por haberte dejado atrás. Las lágrimas me cegaron y poco a poco el sueño abrasador de la muerte me consoló y dormí. Cuando desperté no sabía dónde estaba, continué acostado con una luz cegadora cubriendo todo al alcance de mi vista; mi cuerpo estaba frío. Oía demasiadas voces, no entendía, se mezclaban unas con otras; no me podía mover pero sostenía algo entre mis brazos. ¡Sí, eras tú! Al fin estabas a mi alcance, pegada a mi pecho. Sentí demasiado miedo, empecé a temblar. Además de los chillidos ininteligibles pude apreciar unos bultos moviéndose como locos. De repente, una luz amarillenta se movió de izquierda a derecha y detrás de ella un bulto discutió con otro —en su lenguaje— quien sabe qué cosa. Sentí un aguijonazo en un brazo, empecé lentamente a entender el lenguaje de los bultos.

—¡Es un verdadero milagro! —dijo el anestesista—. Es el único sobreviviente del derrumbe en la mina y miren cómo se aferra a la Biblia entre sus brazos. ¡No lo puedo creer todavía!

 


Gilberto Bautista Salgado. México, D. F. 1977, actualmente estudia la licenciatura en Lengua yLiteraturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Participó en un Curso-Taller de Novela en la Escuela de Escritores de la SOGEM (2001) y en el Certamen Literario Juana Santacruz (2000); así como en el Concurso Nacional de Poesía Aguascalientes (2002 – 2006) y en el Concurso de cuento El fútbol sí es cosa de cuento (2010).
Su poema titulado “Nocturno que acaricia” fue publicado en la recopilación Turdus Merula, editada en España. Y su cuento “Dentro de la taza” fue publicado en la revista Avión de Papel en el mes de abril de este año.

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