En Amor y amistad, una carta a mis amigos

Recién descubrí que la amistad sí existe, casi a los 40. Ahora, que el corazón se me sale por la boca cuando veo a uno de mis amigos, les debo a todos muchos regalos del Día del Amor y la Amistad. Aquí van…

En mi país, Colombia, celebramos el Día del Amor y la Amistad en septiembre, generalmente el segundo o tercer fin de semana del mes, según cuándo caiga la quincena, porque hay que dar regalos y nunca hay plata.

En el medio donde trabajo jugamos a amigo secreto para intercambiarnos regalos y endulzarnos mutuamente durante los días previos a la celebración. Es fácil descubrir que nuestro Día del Amor y la Amistad es solo una fecha comercial, pero trata de decirle a un colombiano que celebras San Valentín porque sí está basado en un hecho histórico, a ver cómo te va.

La amistad está sobredimensionada, desde todo punto de vista. Recuerdo haber sido llevada una y otra vez al psicólogo escolar por mi supuesta falta de amigos. «Me gusta leer en el recreo». Sigo almorzando con un libro en la cafetería de la empresa; ya nadie me lleva al psicólogo, pero muchos creen que estoy loca, incluso me lo dicen con dulzura.

Sin embargo, sí tengo amigos. Y los quiero, solo que no deseo fraternizar demasiado con ellos y, a pesar del amor que me suscitan, trato de evitarlos, los mantengo a raya, «los dejo en visto». Muchos de ellos me llaman ingrata, pero ¿cómo puedo explicarles -sin ofenderlos- mi incontrolable necesidad de estar sola?

Tal vez pueda hacerlo con una carta.

Amigos, los quiero pero…

  • No comprendo muy bien para qué debo dedicar tanto tiempo a compartir con personas con quienes no puedo tener sexo.
  • Compartiré con ustedes el tiempo mínimo para que la amistad no se desvanezca en el olvido.
  • No me gusta que me toquen la cabeza, a menos que sea con un beso.
  • Amiga, sí, tú, la de un trabajo anterior: te recuerdo con cariño, pero en mi actual empleo tengo otras amistades que cultivar; debo invertir en ellas el escaso tiempo que poseo. Espero me comprendas.
  • Amigos, no quiero contarles todo, de hecho, quiero contarles poco sobre mi vida íntima, mis problemas, mi marido, mi ateísmo, mis obsesiones… Si les cuento algo, serán anécdotas que bien podría poner en una valla publicitaria de carretera.
  • Tampoco espero que se sientan forzados a contarme nada de sus vidas, aunque me gusta preguntar; si lo hago, no es por cortesía, realmente me preocupan.
  • No me hablen mal de otras personas con cizaña, el chisme me aburre.
  • Puedo hablar por horas sobre ideas o permanecer en silencio junto a alguien con quien me siento muy cómoda.
  • Cuanto más callada estoy, más feliz me siento.
  • Si me hacen hablar demasiado, seguramente meteré la pata.
  • Prefiero a los gatos que a las personas. No se ofendan, mi marido lo sabe y no le importa.
  • A veces quiero estar sola, y no es que los haya dejado de querer, es solo que me gusta escabullirme del mundo.
  • Te quiero, amiga de la infancia, aunque haya dejado de escribirte cuando quitaron el buzón de la esquina de mi casa y tú comenzaste a estar no a 1.191 kilómetros de distancia, sino a un clic.
  • Y a ti, sí, tú, no te odio como podrías deducir; te quiero como el primer día que me abrazaste.
  • Una vez que alguien ha entrado, nada de lo que haga logrará sacarlo.
  • No insistan, amigos, los amaré aunque no quieran; los amaré aunque no lo sepan.

¡Feliz día del amor y la amistad!

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