Ensayo: Don Quijote de la Mancha y una lección de amistad, por Gisela Rodríguez

La amistad y la fidelidad son, sin duda alguna, los tópicos presentes de manera continuada en esta maravillosa historia. Parece importante remarcar el talento de Miguel de Cervantes para complementar dos personajes totalmente opuestos con características propias del período barroco.

Quijote y Sancho son dos personajes totalmente distintos desde la perspectiva social, psicológica y hasta estética dentro de la obra. Al principio pareciera ser que nada los une, pero, a medida que la historia avanza, la relación entre ambos personajes se afianza y logran enriquecerse el uno al otro. El tan querido personaje de Sancho Panza marca una notable evolución a medida que comienzan las aventuras y logra en un punto posicionarse casi a la par del protagonista. El escudero se eleva en espíritu, entendimiento y logra un contacto profundo con Don Quijote quien demuestra en la obra poseer bellísimas cualidades como la paciencia, la generosidad, la cortesía, la elocuencia y la valentía. Es un amo noble y bueno que nos enternece y nos divierte a medida que “arrastra” a Sancho a su locura. En realidad, ambos personajes a través de la amistad que se profesan, junto con el objetivo de cumplir su “deber” como caballero y escudero, hacen que, tanto el uno como el otro, lleguen a sentir y pensar de forma casi análoga en el transcurso de la historia, por eso muchos críticos han mencionado el proceso de “Quijotización” en Sancho Panza y el proceso de “Sanchificación” en Don Quijote, por decirlo de alguna manera.

Los lectores logramos percibir que Sancho y Quijote, juntos, en perpetuo diálogo, resultan dos personajes entrañables e inseparables que conforman así uno de los grandes dúos más recordados en toda la literatura universal y tanto es así que sin la presencia de Sancho sería inimaginable una historia tan bien lograda del Quijote.

A lo largo de la novela son muchas las veces que el hidalgo se dirige a Sancho con la palabra “amigo”, a continuación: “Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella” (Cervantes: 7).

Según Duffé Montalván en su estudio “Los valores que nos transmiten Don Quijote y Sancho Panza” nos explica que: “Sancho nos enseña la simplicidad, la humildad, la fidelidad, la entrega afectuosa hacia los deberes y personas” inferencia brindada en 1989 donde expuso lo siguiente:

Lo más enjundioso de todo el libro; es un diálogo espontáneo, fresco, animado, vivo: lo más vivo del libro. Don Quijote, la voluntad proyectiva, actúa sobre la voluntad receptiva de Sancho. Y Sancho —que no sabe leer ni escribir, como él mismo lo reconoce en varias ocasiones— se va elevando a lo largo del libro en un proceso de formación gradual, y lento pero siempre firme. Así, Don Quijote pretende educarle sacando de él, gracias a la naturaleza bondadosa de Sancho, lo mejor de sí mismo.

Aquí Sánchez explica cómo se acoplan las personalidades de estos individuos. Don Quijote, además de querer convertirse en un gran caballero como aquellos que alguna vez leyó, busca potenciar a su compañero y éste decide desde su ignorancia e ingenuidad entregarse por completo a la confianza de su señor que además lo sigue seducido por la promesa de gobernar una ínsula. Don Quijote de alguna manera ha venido a darle una esperanza de poder soñar con algo mejor.

En el capítulo VIII de la primera parte publicada en 1605, encontramos una de las escenas más memorables del Quijote en la que observamos una confianza ciega y reverencial de Sancho para con su amo. Los molinos de viento son para Don Quijote gigantes con los que se ve obligado a luchar. En este momento “el primer proceso, en el alma de Sancho – dice D. Alonso- es irse metiendo en la locura de su amo” (1962:10).

Quien hizo una de las descripciones más bellas que creemos pertinente mencionar aquí fue Antonio Machado quien nos menciona la simpleza del trasfondo que enmarca la relación ficticia entre Don Quijote y Sancho Panza, así lo expresó el escritor: “Es casi seguro que Don Quijote y Sancho no hacen cosas más importantes-Aún para ellos mismos-, a fin de cuentas, que conversar el uno con el otro. Nada hay más seguro para Don Quijote que el alma ingenua, curiosa e insaciable, de su escudero. Nada hay más seguro para Sancho que el alma de su señor”.

Lo increíble que tiene esta historia y en especial en cómo lo ha trabajado Cervantes es que a pesar de que el Quijote nombra a Sancho como su escudero, —si bien en el rol de la caballería hay una jerarquía entre el caballero y su servidor— en ningún momento se ve en la historia la sumisión por parte de Sancho ni tampoco el poder represivo en la personalidad del Quijote, sino que en cada escena se observa una relación de dos amigos que se acompañan mutuamente y salen en  busca de aventuras como dos niños que se potencian  el uno con el otro y nos brindan a los lectores situaciones de mucha comicidad en las que llegamos a sentirnos totalmente cómplices.

En el pasaje final de la segunda parte se da un diálogo muy conmovedor entre estos dos personajes cuando Don Quijote recupera la cordura y le pide perdón a su fiel escudero llamándolo como lo hizo desde un primer momento, amigo: “—Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo” (Cervantes: 974).

A lo que sancho llorando responde: “—¡Ay! No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía” (Cervantes: 974).

Además de utilizar la palabra “amigo”, también podemos mencionar desde el plano lingüístico que Don Quijote utiliza diversos epítetos para referirse a Sancho, lo que nos revela concretamente el sentimiento de cariño que este siente por su compañero, por ejemplo, utiliza los términos “amigo”, “hermano”, “bueno”, “el bueno”, “hijo”, “¿Duermes, amigo Sancho?”, “amigo y guía, escudero mío”, “¡Oh Sancho bendito! ¡Oh Sancho amigo!”.

En otro pasaje, Don Quijote tiene un gesto muy emotivo con su escudero ya que lo considera alguien muy valioso y lo reconoce como tal en el momento en que expresa su testamento, Don Quijote afirma:

Es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre el y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo de ellos, ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se lo diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece (Cervantes: 973. Las negritas son mías).

Se puede decir que esta novela es característica por su trascendencia y por el nivel de humanidad que contienen sus líneas, en ella se plasman hermosos valores no solo referidos a la amistad como estuvimos analizando sino también otros aspectos vinculados como la lealtad, la fidelidad, el amor y la locura. Esa bella locura que sentimos las personas cuando queremos perseguir nuestros sueños y quienes nos rodean no lo pueden comprender y nos juzgan de “locos”.

En cuanto a lo trascendental Juan Alborg hace una descripción muy clara de lo que realiza Cervantes con estos dos personajes: “viven problemas que son trascendentales a la existencia humana […] vienen a encarnar mitos universales, brotan de la misma realidad de su existir, y a medida que su peculiarísima humanidad se va enfrentando con los sucesos de cada momento” (1983: 163).

Creo muy pertinente realizar una lectura del Quijote, porque dentro de esta obra la amistad no conoce de estereotipos ni clases sociales, ni mucho menos se pone límites a la hora de soñar. A lo largo de su lectura se verá demostrada la prueba de lealtad entre Don Quijote y Sancho. No por nada este es uno de los libros más emblemáticos de toda la literatura universal y seguramente las generaciones venideras seguirán disfrutando de la magia de Cervantes a través de una de las más hermosas historias de ficción, en la que comprobarán que su genialidad se resume, sin dudas, a que el escritor logró establecer una historia memorable que superó la barrera del tiempo, del espacio y del idioma.

Bibliografía:

Alborg, Juan Luis. “El Quijote” en Historia de la literatura española. Madrid: Gredos, 1985.

Alonso, D. “Sancho-Quijote Sancho-Sancho” en Del siglo de oro a este siglo de siglas, Madrid: Gredos, 1962.

Cervantes Saavedra, Miguel de. Don Quijote de la Mancha: Tomo I. Barcelona: Ediciones Folio, 2000.

Cervantes Saavedra, Migel de. Don Quijote de la Mancha; Tomo II. Barcelona: Ediciones Folio, 2000.

Duffé Montalván, Aura Luz. “Los valores que nos transmiten Don Quijote y Sancho Panza”. 2005.

Machado, A. Obras. Poesía y prosa. Buenos Aires: Losada, 1964.

Pérez, José Miguel. “Don Quijote-Sancho/Sancho-Don Quijote: enseñanza–aprendizaje entre el diálogo y la aventura”. En <https://goo.gl/BMCV4r&gt; (29 ago. 2018).

Sánchez, Alberto. “Don Quijote, pedagogía acción”. 1989.

 


Gisela Rodríguez Mazza. (Argentina,1992) Actualmente está cursando el profesorado de Letras en el Instituto de Enseñanza Superior Dra. Alicia Moreau de Justo, en Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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