Reseña: Irrupción… Un asomo al quehacer poético de América Femat, por Daniel Olivares

La de América Femat es una de esas pocas escrituras que seducen y se disfrutan, para empezar, desde la propia lectura silenciosa, cuando uno trata de intuir los entramados emocionales y sígnicos (fonéticos y semánticos) que se eligieron y tejieron para su concepción. Y lo mismo ocurre más adelante, cuando uno ejercita una lectura murmurante o apenas audible, es decir cuando uno se apropia de (o paladea y ejecuta) la musicalidad que tal arrollo (y arrullo) de palabras va imponiendo, al mismo tiempo que se comienzan a advertir o a confirmar los significados directos, duales o multidireccionales, ambiguos, que conforman esta tan personal cosmogonía devenida en poética innovadora y en constante movimiento implosivo, misma que conmina a una reiterada (e igualmente gozosa) interpretación y reinterpretación.

                   ¿Soltarte?
Sabes que mi transitar está en tus ojos,
hay una estación de pájaros inmóvil,
un suspiro de agitadas melodías…
(“Dentello de alas”)

La culminación de esta, del todo muy lozana, propuesta viene a ocurrir cuando uno escucha en vivo una voz femenina que con intenso vigor, claridad y oscilante emoción, canta (declama, casi todo de memoria…) y que da nueva y mejor vida a todo lo antes forjado, promovido o evocado y que adquiere entonces la materialidad audible y sensible de la naturaleza toda que nos envuelve y nos arrebata (allá el viento, acá trinos, más acá frescuras, deslumbres y calideces y por dondequiera ríos y oleajes susurrantes), todo ello no exento del genio y del ingenio, del quehacer y de la creatividad lírica humana (música que envuelve igualmente en profusión y por doquier).

                    Caja de marfil
que recubre mi sol ensombrecido
profundo enjambre mi mutismo.
Exhumé el cuerpo que yacía en mí dormido:
una casa, una mesa, un silencio,
una canción sin eco,
extinta reminiscencia,
un espacio sin forma
también vacío.
(“Canción sin eco”)

Irrupción. Poemas sueltos es una primera antología personal de la aún joven poeta que, no por serlo o quizá por ello mismo, se ha ganado ya un lugar destacado entre los medios académicos y literarios (toda vez que también es aguda ensayista y prologuista), lo mismo que se ha hecho notar en otros ámbitos, como el de la gestoría cultural, tanto en su natal Tizayuca, como en Pachuca (Hidalgo), en la Ciudad de México o en otros muchos sitios y capitales de todo el país, lugares a los cuales ha conquistado –uno a uno– ya por iniciativa personal o bien cumpliendo sus deberes como becaria del FOECAH. Tal recopilación ya se ameritaba porque antes y después de publicar Inexorable, su primer libro, varias colaboraciones suyas han proliferado en distintas antologías y revistas nacionales e inclusive internacionales.

En la obra de Femat un núcleo temático dominante resulta ser el erotismo, asumido este como senda mística, es decir, camino hacia la comunión o revelación, encuentro con el propio ser desde la sensualidad y la corporeidad misma, por supuesto en vías de alcanzar el éxtasis si no es que la revelación del sentido de estar vivo al fundirse con el ser amado o con lo amado. Tributos y experiencias donde el goce (ya de la ansiosa o calma espera, ya del fatigoso o complaciente descanso) tampoco está exento de dolor, sobre todo después de una pérdida o ausencia. Pero, además, en el trayecto, como ya se dijo, siempre acompañará la palabra melodiosa, el juego metafórico preciso y hasta excelso y un mensaje de afirmación positiva de la experiencia existencial y hasta filosamente filosófica en que la experiencia amorosa deviene.

                    Hiedra, asedias pacífica, clara, tierna,
desde el centro de mi ombligo,
tus raíces extiendes en mis caderas,
me sumerges noctámbula, precisa.
No te apartas y te respiro hondo.
… Extenuada y llena de un rumor
caudaloso el agua se rompe
y el cántaro se agrieta
superficialmente en este vaivén.
Las aguas iluminadas son un rostro
catatónico de espesos manantiales fosfóreos.

                    Los muslos:
suntuosas veredas de brasas danzando
en el uniforme espacio recorrido.
(“Presagio”)

En lo formal, tienden a ser poemas breves y con una estructura limpia, virtuosa y hasta claramente definida y que, sin embargo, se dotan a sí mismos de individualidad al explorar las distintas densidades de los muy variados sentimientos (o bien las sendas mediante las cuales estos pueden aliviarse, alivianarse o solucionarse). Los más abordan el viaje a ninguna parte y, sin embargo, al todo (olas y mareas que finalmente animarán solo sobre sus propios acantilados) o bien son poemas de navegación con apenas necesarios o innecesarios héroes tripulantes; poesía (también por ello) del eterno retorno.

                    Un faro encendido aguarda,
tiene el brillo a destierro.
Pólvora cargada de astucia incandescente.
En mi tierra, desnuda, llegan sus albores.
Hay un estandarte en su voz de conquista,
en su placer que dirige el caudal de mis soles.

Son igualmente poemas de personajes adámicos (lo mismo míticos que arquetípicos) y en cuanto el paisaje, el universo, los signos y los símbolos dominantes en esta cosmogonía destacan el agua, la flora, los espacios y abismos aéreos y, perennemente, la luz o el deseo de iluminación, sin que todo ello se aparte de una clara consciencia del ser femenino en tanto carne y en tanto tierra, en tanto incesante concitador, generador y recreador de la vida. Este poder es el que noblemente proclama y ostenta e inclusive reciamente defiende, solo cuando es el caso, y, por supuesto, sin caer nunca en baratos insultos, gritos destemplados, rabia frenética u otros desplantes innecesariamente panfletarios.

                    Abriría la piel del agua
hasta brotar monzón;
parirla en dos ríos conjugados de una misma alma:
ríos estrellados, ciegos,
separados en cada acto de piel.
Desbordaría el poema en el precipicio oceánico de los ojos,
fijo en el juego equilibrista y azaroso del límite;
—vacío cartográfico entre mis manos
desnudas ante el agua del origen,
se distienden—.
Podrían; —los ríos—,  su onda y la memoria, levantarse,
por los surcos de mi lengua,
levantarse,
—vetas inundadas de caricias—.
(«Maga»)

                    Más que ayer, reconozco
Tu soberbia
distinta a la mía
… Cuántas veces has renunciado
diamante indoblegable
sacerdote de la palabra
… No hay descanso para tu luna
Intenta salvarte de esa ilusión.
Eres en ti, no en mí.
(“Incredo”)

Con tal talante, por tanto, arribamos a la parte que cierra esta muestra y que son poemas que sin dejar de lado esa ya enunciada fuerza telúrica, creadora y recreadora, con ternura y sabiduría nos muestran los avatares, dulzuras y también honduras por las que transita o las que finalmente arriba también el amor filial.

                 –Mi madre, ojos de anochecidos pájaros–.
Tengo el ansia sabia
de alimentar desde su raíz
el fruto que mece entre sus ramas,
cortar del jarrón de flores, sus marchitas manos
otoños de recrear bajo el arco cielo de la espera,
un hogar suspendido.
Mi madre, en la brevedad de su risa,
volátil serpentina,
peces revueltos desde la guerra de su sangre.
(“Mujer de oficio”)

                 Tierno te me escapas,
estrella sobre los océanos,
como un imantado suspiro.
Que infinito celeste te encuentro,
levitando en el cosmos de mi pecho.
Latido mío, faro de sol en esta deriva.
Has venido a llenar mi vida toda,
a tocar mi mar, a rendir mi corazón.
(“Latido mío”)

Hay mucho más de América Femat que conocemos, habremos de buscar o nos espera; no obstante, amparados en la experiencia de conocerla y en la calidad que su trabajo ya despliega, restará solo compartir lo más oportunamente posible las buenas nuevas que con ello nos depare.

***

Femat, América.  Irrupción. Poemas sueltos. México: Cipselas, 2018.

 


Daniel Olivares Viniegra. (Hidalgo, México, 1961). Normalista y universitario. Docente, investigador y difusor de la cultura. Poeta, narrador y crítico literario. Colabora en diversas revistas formales y virtuales. Ha participado en varios encuentros literarios de carácter nacional e internacional. Tiene publicados, entre otros, los libros: Poeta en flor…, Sartal del tiempo, ArenasAtar(de)sol  y Antiparras: antipoemas para lectores sin prejuicios. Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Pertenece al consejo editorial de las revistas electrónicas El Comité 1973 y La Piraña. Es además coeditor del proyecto Humo Sólido.

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