Disertación de los peces: Una introducción al arquetipo de Maurice Rimonelle, por Rodrigo Mora

Después de mi estancia en Québec y comer diariamente nuggets de pollo es raro que no me hayan crecido algunas plumas para aguantar el frío de Gatineau. Ahora escribo en México; agradezco estar en un lugar violento, ser un alumno por demás irregular de la Facultad de Filosofía y Letras y estar completamente cuerdo porque ello me hace escribir ahora. Agradezco también que poco se sepa del poeta, escritor, ensayista, filósofo Maurice Rimonelle (1934 – 2013) que, en sus años más tediosos, se cortó los testículos y se ahogó con la sangre de su lengua en un séptimo piso de la colonia Escandón, en la Ciudad de México. Sobre todo agradezco a Thelonious Monk y su I Don’t Stand A Ghost Of A Chance With You que, antes de escribir esta coma, me hacía olvidar esta extraña lluvia de enero.

Nada descubrí solo: El doctor Velázquez Soto, ahora director del proyecto, nos comentó en algunas de sus clases que había un autor muy extraño que “no tuvo un desobediente Max Brod que lo salvara del fuego” y él había intentado encontrar para elaborar una historia de las migraciones intelectuales que tuvieron lugar en los 60’s; tenía sesentaitrés seudónimos pero al parecer su nombre real era Mauricio Rimonel. Me reuní con él al final de una clase para mostrarle una antología que conseguí en Donceles, editada por el FCE en 1955, en la que aparecían Mauricio Rimonel y muchos poetas desconocidos. El libro tuvo un tiraje de 200 ejemplares y sobrantes que, al ser publicados el mismo año que Pedro Páramo, no se vendieron. Su aburrido título (Antología de poesía) tampoco ayudó. No tengo amigos en la facultad ni en otro lugar, seguro mi rostro tiene algo que impide mostrar mi excesiva amabilidad hacia cualquiera. Me limito a comerme las mejillas o los labios cuando quiero decir algo, estoy seguro de que ya me comí tres kilos de mi propia carne. De cualquier manera, los compañeros de investigación llegaron después, poco a poco, nos reuníamos en el Rosario Castellanos, en las islas, en la biblioteca del COLMEX o de la Ibero. El exceso de análisis nos provocaba parálisis y entumecimiento. Los papeles desperdigados sobre las mesas solo nos abrumaban porque buscábamos desde traducciones francesas hasta dibujos en marginalia: llegamos a decir que la etimología de Manhattan era “Lugar de los hombres con sombrero” mientras comíamos sopas instantáneas y té frío. A todos nos publicaban silencios en revistas invisibles de vez en cuando.

El doctor Velázquez utilizó la técnica de Saussure con una variante: no murió antes de publicar su historia de migraciones intelectuales. Algunos de sus estudiantes hemos hallado, poco a poco, escritos de o acerca de Rimonelle. Los más pudientes han traído fragmentos encontrados en la Biblioteca del Congreso en Washington [1], la Biblioteca Nacional de España [2], la Biblioteca Nacional Rusa [3], la Biblioteca Universitaria John Rylands; a la que, sospecho, asistió a la inauguración acompañado de su esposa Clarice K. Lock y salió desilusionado por no poder ver el fragmento más antiguo del Nuevo Testamento: El Fragmento de San Juan [4]. Así como en la Biblioteca Nacional Central de Roma, la Biblioteca Estatal de Baviera y la Biblioteca Nacional de Hungría [5]. Otros estudiantes han localizado temas y tópicos más personales en librerías de viejo en Donceles, algunos puestos ambulantes perdidos en el Centro Histórico o bibliotecas que venden los ancianos de San Pedro de los Pinos y Tacubaya nos han regalado (vendido, en realidad) relatos cortos escritos en servilletas de bares, fotografías barridas de paisajes en Querétaro, Guanajuato; incluso un autorretrato en una cabaña fría y monstruosa en Cuernavaca de 1954. Mismo año en que publicó La suspensión de los peces en una pequeña y desaparecida editorial de México (que solo tiró 150 ejemplares) y, al mismo tiempo, en París con el nombre de Le flottement du poisson. Libro que abordaremos un poco más en este pequeño ensayo biográfico del autor más adelante.

Estas siete bibliotecas abarcan una pequeña parte de los libros y material que influenciaron las letras de Rimonelle. Viajero infatigable, con capital inalcanzable. Es imposible rastrear arqueológicamente sus lecturas [6], aun así hay vestigios de un contacto no tan amigable con Barthes: en sus Confesiones de la barbarie, menciona que “El 25 de marzo de 1980 [día de la muerte repentina de Roland Barthes] yo conducía una furgoneta frente a la Sorbona. La furgoneta quizá era metafísica, quizá intransitiva”; y en la conferencia que pronunció Derrida en el College International de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, Maurice Rimonelle (acompañado de A. Warhol) lanzó una lata vacía de Campbell’s al rockstar de la teoría de los 60’s hecho que, por supuesto, no fue mecanografiado pero sí fue escrito en una crónica de un diario local.

En cuanto a la vida cultural y política de México, frecuentó a Alfredo de María, un escritor de ciencia ficción nacido en la Ciudad de México, que vendió siete ediciones de su libro La selva sublimada [7] gracias al cual, sabemos más de la niñez de Rimonelle, que menciona: “Alfredo ha hecho un trabajo excelente conmigo en La selva sublimada, un retrato mediocre y extraordinario que parece un juramento de violencia hacia la amistad y la confidencia, es una pena que algunas de mis grietas personales sean inventadas”. De María desapareció sin dejar rastro en Villaviciosa.

El autor de La suspensión de los peces, Atmósferas sucias: La busca de la piedra filosofal en el siglo XXV, X=Perder el mundo teórico, Le zama y Li-Mah: Logos y cansancio demoníacos frecuentó también a la hija de John Mollo, encargado del diseño de vestuario de Star Wars. A sus 43 años, en el estreno de la película, conoció a Jodie Mollo, veinte años menor que él; el amor le devolvió su antiguo hábito de sembrar y cosechar obsesiones y se divorció de Clarice. Si bien todas las bibliotecas donde se han descubierto sus escritos y dibujos son europeas, la experiencia estética obtenida de Star Wars llamó su atención por la cultura japonesa, especialmente por el cine de Akira Kurosawa, que lo llevó después a usar un kabuto en su estancia en México [8] y dibujar o tallar a Darth Vader en cualquier lugar [9].

El amor de Maurice era poderosamente tímido y reservado. A pesar de ser una persona excesivamente extrovertida. Pero lo decantó por completo en su única obra acogida por el público y la crítica internacional: La suspensión de los peces. Cabe recalcar que no es
un producto común porque está ligada a varios objetos estéticos que podrían no relacionarse entre sí, pero que tienen un solo elemento en común. El comienzo del escrito es un epígrafe inventado, atribuido a Mukarovsky:

Añadir el vino
de Jerez y dejamos que evapore. Incorporamos
500 ml de caldo de pescado y bajamos el fuego,
dejando que se cocine durante 10 minutos (13).

Se trata de una receta para hacer merluza. Y aquí radica uno de los encantos de su texto primigenio: Podría realizar cientos de moralejas a partir de las historias de La suspensión de los peces, pero se reserva el derecho a enseñar. El silencio es una situación común en su texto. Lleno de vacíos, de espacios visuográficos que tienen un significado individual y coherente. Por ejemplo, en el capítulo 61 cuando Jodie, reflejada en un ojo de Dios, vuelve la cara al mar y allí encuentra el reflejo de Dios y su propio reflejo en un espejo azul, la mística y la conexión del universo con la desterritorialización del mundo material se expresa de una manera: “.” (422) Un punto es lo único que acontece en el capítulo 62. Un punto que se vuelve intermitente al pasar las páginas, como una estrella titubeando hasta desaparecer.

Se creía que, en el capítulo 2, Rimonelle traducía pobremente un artículo de Adorno. Actitud rara en cuanto a sus traducciones, pues dominaba ocho lenguas a la perfección (y murió aprendiendo japonés). La instrumentalización del sujeto y el arte negativo son los temas a desarrollar en el capítulo, pero el inicio de los párrafos abren la posibilidad (casi conspiranóica) de leer un subtexto narrativo sin verbos, donde dos cabañas existen en un lugar invernal y, poco a poco, el fuego y el Rembrandt de la chimenea hacen fundir en el centro del mundo: dando paso a una imagen paradisíaca digna de El Bosco.

Los peces están presentes en cada capítulo: “El flujo de sangre de los peces es, a decir verdad, una amalgama de intervenciones. Reconstruidos en una y mil escamas, los peces sólo saben ir hacia adelante. Dramas convexos de la morfogénesis que parten del sonido de las lágrimas mercurianas. Aquí radica la suspensión de los peces, en su silencio mullido de tréboles, de anémonas y esponjas porque no saben lo que es el agua; pasan por la epidermis y el anegado círculo de los rastros, las placas y los genes involucrados; para terminar en la lengua del presidente, Jodie y yo” (511). Las medusas  ioluminiscentes son extrañamente malignas, pues se convierten en rapes abisales cuando las cámaras del inframundo se abren y dejan salir las almas de los hombres y mujeres acribilladas con “la intensa gravedad de sus utopías y autorretratos” y vueltos a devorar en las profundidades del mar. El ser más odiado del infierno es Gandhi.

David Foster Wallace pronunció un discurso derivado del extenso producto La suspensión de los peces, en la Universidad de Kenyon, Ohio. Titulado ahora This is Water, puede encontrarse en Youtube. Es una extraordinaria no-enseñanza del pensamiento y la experiencia llevada a un punto muerto que oscila entre lo obvio, la comedia involuntaria y una profunda tristeza. David Foster Wallace sufría depresión y se ahorcó el 12 de septiembre de 2008.

Maurice dio una sola entrevista en su vida, al morir Jodie, y de lo único que habló fue de lo cansado que estaba en la Ciudad de México. De lo mucho que escribía y lo poco que hacía. Vivía en alguna casa antigua de la colonia Escandón, entre pensamientos teóricos y coleccionables de Star Wars. A sus 79 años, mordió su lengua hasta casi desangrarse y siguió cortándose los testículos con el hocico de un pez sierra a las 12:00 del mediodía. Su cuerpo se encontró meses después y fue exhibido en el periódico Metro con un titular poco menos gracioso que otros. Sus escritos no han sido recuperados por completo. Este libro trata de responder ¿de dónde viene y a quién pertenece la pesadilla de Maurice Rimonelle?

[1] Laura Federeli y Campos halló, en un libro de cocina, un manuscrito largo acerca de la sociología de la oscuridad titulado “Cartas a la luz. Compendio testimonial de las farolas”. Un tratado violento contra Edison que habla sobre la electricidad y la proliferación de la luz en espacios reducidos; donde se compara el número de habitantes por m2 con la cantidad de luces (incluyendo las de los automóviles y los escaparates) de un Manhattan de 1969) y su afectación al campo de visión y conciencia humanas (Inédito).

[2] Daniel Gómez-Ermiño encontró anotado el principio del capítulo III de Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino. En donde extiende el sueño de las ciudades imaginadas al tejido no-hermético de los libros, “una incógnita inclemencia que se rescribe, a cada paso, con cada nuevo muro, con cada nuevo rascacielos … y que, a fin de cuentas, se destruye y construye a través de la organización de las ruinas”.

[3] Marlene Castillo saca de la biblioteca rusa un cuaderno sin registro y sin tapas que contiene dibujos obscenos y divertidos, así como comentarios acerca de la película El Acorazado Potemkin en donde se imagina a Poe reescribiendo la película, comparándola con Las aventuras de Arthur Gordon Pym y dibujando a un oficial de la armada zarista besándose con un descarnado Richard Parker.

[4] Las fotografías que Roman Schwabb tomó en el año 2000 del canto de los 29 tomos de la Encyclopaedia Britannica dan fe de ello. En los cantos, se encontraba la frase “Learn from the fire – Raurice Mimonelle” con pintura roja, intercambiando sus iniciales. En su poema “Recuerdos monocromáticos” se podrían intuir sus acciones con algunos versos: “Mira, canto a un griego mimetizado/ a color rojo, Clarice/ en 29 tomos de diámetro”. Lo más probable es que haya pintado la frase en varios días para no ser visto.

[5] Ximena Chávez encontró recortes pornográficos pegados en artículos de historia comparada de Max Weber en Hungría con coordenadas de sus domicilios en México. La Dra. Závali un texto pobremente redactado sobre los abismos de los mares y la oscuridad en Roma; y el profesor emérito Cástulo Pinntev en una de sus ponencias en la Universidad de Múnich recibió, del mismo Maurice Rimonelle, un Nibelungenlied repleto de imágenes de Marilyn Monroe que robó de Baviera (tenía sello).

[6] Su casa se quemó en un incendio provocado por sus alucinaciones marinas. Relataría en La suspensión de los peces que la única manera de salvarse era llenando de mar su casa “Estoy inundando este lugar, es un lugar recóndito de la ciudad que se parece a la rue de la Huchette. Soy yo el oasis d’horreur, soy yo el verso, creo que me llamo Baudelaire. Una farsa artesanal, un banco de peces que necesita agua”.

[7] La selva sublimada requeriría un completo análisis, pues sus casi 800 páginas abarcan temas como la inteligencia artificial dentro de la ciudad-circuito, el terror del lenguaje binario a partir del acto de amor de dos androides y el tiempo comparado con la locura de Tesla y la avaricia de Edison. Pero lo importante en este estudio se encuentra en un personaje polisistémico de la novela (pues es personaje, narrador, espectador, crítico y lector de la misma): Tgerry Wemphem, retrato casi idéntico de Maurice Rimonelle: “Mexikano” de nacimiento, hijo de migrantes y filósofos franceses, abuelos noruegos y bisabuelos rusos, cicatriz agustinlaresca, parcialmente ciego.

[8] En la fotografía tomada por Jodie Mollo se puede observar a Maurice Rimonelle con el kabuto en la cabeza, a un lado del Tigre de Sumatra del Zoológico de Chapultepec.

[9] Detrás de la Biblioteca Central, arriba del ojo derecho de la Fuente de Tláloc puede sentirse a un Darth Vader tallado en la piedra con algún instrumento.

 


Rodrigo Mora. (Ciudad de México, 1996) Estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado cuentos en revistas como Rojo SienaPalabreríasLa liebre de fuego y La Rabia del Axolotl. Es lector de cómics y novelas gráficas. Hoy su canción favorita es “1979” de The Smashing Pumpkins.

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