La cuestión es moverse: Cuando se acabe el 8M

[Texto y fotos de Fernanda Piña]

Quiero que el 8 de marzo deje de doler. Deseo que se convierta en una fecha anecdótica en el calendario gregoriano y se desvincule del concepto de lucha social necesaria ante términos escalofriantes como feminicidio y violación, que designan una violencia cuyo único móvil es existir. Términos cuya atención, históricamente, no ha sido prioridad para ningún gobierno o transformación, como se le dice ahora.

Deseo que la mujer pueda dejar de hacer arte de la rabia porque ha dejado de conocerla. Sueño con el día en el que el recorte al presupuesto de los refugios para mujeres violentadas se dé porque ya no son necesarios y no porque el gobierno al que las ciudadanas le dieron su confianza prefirió darles la espalda. Me aterroriza saber que más del cincuenta por ciento de la población mexicana, las mujeres, seguimos sin ser prioridad en la agenda.

Este país será un hogar digno el día en que la creatividad de las mujeres deje de volcarse en las consignas que tenemos que gritar miles a una sola voz para ver si así pueden llegar a algún par de oídos y en realizar mapas para ubicar las zonas en las que una es más propensa a recibir alguna agresión o, de plano, no salir viva. Cuando las mujeres mexicanas podamos canalizar nuestras energías en otra cosa que no sea cuidarnos la espalda, entonces hablaremos de progreso. Todo lo demás es precariedad.

El patriarcado nos ha hecho ver un espejo en cada noticia sobre un feminicidio y en cada publicación en redes sociales sobre un secuestro. Ella soy yo y ella es todas las que han sido el encabezado de un periódico. Curiosamente, el machismo no se ha visto en ese espejo, no ha comprendido que su conciencia tranquila no es más que un síntoma de su mala memoria. Él no soy yo, yo no soy así, no todos somos así. Como quien no comprende que no se acusa al individuo, se acusa al sistema.

Este año caminé junto a miles de mujeres porque me da miedo tener que caminar sola por las calles de mi propia ciudad. Marché en pleno 2019 porque a mucha gente le sigue pareciendo inconcebible que una mujer pueda tomar decisiones sobre su propio cuerpo y se escuda tras un pañuelo azul como si la pregunta fuera “¿aborto sí o no?” y no “¿aborto legal o clandestino?”. Decidimos gritar porque nos dimos cuenta de que nuestra autoestima se va a convertir en la amenaza del sistema en el que crecimos. Porque al patriarcado aún le falta escuchar muchos “no” y al macho le hace falta que le devuelvan sus balas.

Marchamos porque seguimos leyendo casos de violaciones a niñas y ni siquiera podemos llegar a imaginar la magnitud de la maldad de quien profana esos crímenes. Se marcha en México porque siempre se encuentra la manera de desprestigiar a la víctima: porque lo pedía a gritos, porque lo disfrutó aunque no lo admita, porque era lesbiana, porque no obedeció.

Marché para que mi mamá no tenga que volver a fijarse en qué ropa llevaba puesta hoy para describírsela a los del Ministerio Público el día en que la suerte no esté de mi lado y no llegue a la casa. Para que se hable de mis lunares solo como una manera de romper el hielo en una fiesta y no como parte de un informe de persona desaparecida. Para que mis amigas se puedan amar entre ellas sin el temor de ser agredidas por no ser heterosexuales. Para que ninguna mujer vuelva a terminar en la cárcel por recurrir a un aborto

Crecí en un México empeñado en hacerme creer que no había manera de que las amigas salvaran vidas. Las relaciones entre mujeres son tóxicas, me decían, que si son hipócritas, que a veces desleales, que poco confiables, muy complicadas. Cuando una le pierde el miedo, inculcado, a la palabra feminismo se da cuenta de que lo que nos salva a diario siempre es otra mujer. Marchamos juntas y nos prometimos resistir juntas, En cada amiga que me pidió avisarle cuando llegara a casa, en cada una de las que me ofreció un aventón para llegar segura, en cada mujer que me creyó, tal vez hubo un día más en mi vida. Según las estadísticas, fácilmente puede ser la única razón por la que termino el día con bien. La organización entre mujeres va a hacer germinar las semillas de las hermanas que el patriarcado enterró.

Amiga, nos van a querer separar, nos van a querer callar, pero cuando eso pase, prométeme que vas a agarrar el megáfono y me vas a buscar con más fuerza que nunca, como un par de hermanas que luchan hombro con hombro. Yo te prometo que ahí estaré y que te voy a creer.

Te comparto una playlist repleta de solidaridad:

https://open.spotify.com/embed/user/12120537535/playlist/5LSy7qIN4LkC3gtBYXFjoo

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“La cuestión es moverse” es un espacio para discutir lo más importante entre lo menos importante. En esta columna encontrarás una reflexión sobre la cultura popular y sobre lo que hacemos cuando no hacemos nada. Estos temas casi nunca son el final del camino de la vida, pero son una parte indispensable del trayecto y la cuestión es moverse.

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