La cuestión es moverse: En defensa del perreo, por Fernanda Piña

[Imagen tomada de https://coolhuntermx.com/sailor-fag-musica-queer-0818/%5D

Me gustas cuando callas
porque estás como ausente
pero me gustas más
cuando te pones caliente.

“Como me gusta a mí”, Chocolate Remix, 2017.

Los peores años de mi vida fueron los que dediqué a pretender que no me gustaba el reggaetón. Nunca he negado que vengo de un contexto “fresón” en el que no se acostumbraba hablar sobre todos los géneros musicales sin algún prejuicio en medio, por nuestra insistencia de desarrollar una superioridad moral que ahora nos ha costado deconstruir. Pero el género ya ha alcanzado el punto de popularidad y relevancia social necesarios para que no pueda quedarse en análisis alekssynteístas, aquellos basados en lo evidente y que temen profundizar por no considerar digno al objeto de estudio. Urge reformar comentarios que se limitan a decir “es que el reggaetón es muy sexual”, a los que dan ganas de responder como Meade en campaña: ¡n’ombre, unos genios! En esta defensa del perreo que me propuse hacer, mi intención será poner a debate cuatro puntos, dirigidos a quienes les gusta el perreo pero, especialmente, a quienes lo detestan. Comienzo:

1. El reggaetón no es, por definición, machista

El perreo ha cargado con el estigma de ser un género machista, nos lo han repetido hasta el cansancio las generaciones que nos anteceden como si Ricardo Arjona no fuera por la vida diciendo que “tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra”, así tan campante. Por ahí dicen que no hay preguntas estúpidas, sino estúpidos que preguntan, pues así mismo no hay reggaetón machista sino machistas que hacen reggaetón… y pop, rock, metal, cumbias y corridos también, porque toda la música pertenece a la misma estructura patriarcal a la que nos ceñimos históricamente. Lo curioso es que el reggaetón se preocupa más por satisfacer el placer sexual femenino que muchos otros tipos de música. Una buena cantidad de canciones, no solo del reggaetón nuevo sino también del de la década pasada, se centran en varones que le quieren dar a la mujer lo que ella quiere porque otro varón no pudo: “Él habla mucho y no sabe cómo mojarte. Esta falta de cariño no sacia solo con mirarte. Tú lo que necesita’ e’ un hombre que sepa tocarte” (“Verte ir”, DJ Luian/Mambo Kingz/Anuel AA, 2019). Es decir, ¿cuántas veces LuisMi se preocupó por ello? Nunca que yo recuerde (estoy dispuesta a debatir). Superficialmente sí, el reggaetón habla en la mayoría de los casos sobre sexo, pero sobre dos personas (o cuatro felices personas, en el caso de Maluma) que tienen el mismo deseo a satisfacer. Obvio estos varones juran que lo logran siempre, porque siguen existiendo en la música las ganas de ejercer dominio y de saberse mejor que el resto.

El perreo sigue reproduciendo dinámicas de opresión, que, sobre todo antes de este lustro, se dirigían hacia el género femenino. Es más, todavía aparecen de repente algunas canciones muy actuales que las alaban y versos como “Te dije: mami, tómate un trago y cuando estés borracha pa’ mi casa nos vamos” (“Borro Cassette”, Maluma, 2015) o “Mientras tú me ignoras la ganas crecen, no te olvides que tu cuerpo me pertenece” (“Devuélveme”, Ozuna, 2018). Lo destacable es que se trata de casos aislados que han dado lugar al debate y la crítica y han obligado, en parte por temas de mercadotecnia (hay que decirlo, gran parte del público del reggaetón son mujeres jóvenes y muchas de ellas están involucradas activamente en el feminismo), a los cantantes más representativos del género a replantear su lírica. Repito: el reggaetón no es machista por definición, pero sin duda hay todavía manifestaciones del machismo en este.

Estos últimos días, J Balvin fue objeto de reproche por mostrarle su apoyo a Chris Brown, pues muchos recordamos la violencia machista que ha ejercido a lo largo de los años. La verdad es que me sorprendió la rapidez con la cual sus seguidores lo confrontaron, le exigieron una disculpa pública y le dieron click al botón de unfollow sin que les temblara la mano. Afortunadamente estamos llegando a ese punto en que el machismo que brotaba del reggaetón a manos llenas, sin que fuera exclusiva del género, se está desnormalizando y también al punto en el que nos va pareciendo más importante empatar nuestra ideología con los productos que consumimos. Y nos llegan canciones como “Sólo de mí”, de Bad Bunny, en la que el puertorriqueño canta “No me vuelvas a decir ‘bebé’, yo no soy tuyo ni de nadie, yo soy solo de mí” (2018), en una consigna que refleja un espíritu independiente al que este género musical no nos tenía precisamente acostumbrados. Pa’ que vean, queridos lectores, que sí se puede fomentar la autoestima a través del perreo.

Obviamente no se puede ignorar la labor de las mujeres en el género, entre las que hay nombres de relevancia internacional como Becky G, Natti Natasha o Karol G, quienes se encargan, principalmente, de cantar sobre lo que ellas quieren en el sexo o lo que no les gusta, la importancia del consentimiento y el empoderamiento femenino. Una de mis canciones favoritas es “Lo malo”, de Aitana y Ana Guerra, que tiene versos como: “Pero si me toca, toca, tócame, yo decido el cuándo, el dónde y con quién” (2018). Era necesario cantarlo en primera persona.

2. La mala fama del perreo existe únicamente por una cuestión clasista

Ya que expuse las razones por las que me parece que el reggaetón no es más machista que otros géneros, toca ver el por qué de su mala fama. Considero que va más por la cuestión clasista, por ser “talento de barrio”, porque quienes lo cantan “no se ven bien”.

Para nadie es un secreto que las dinámicas de mercadotecnia musical se basan también en la imagen de los artistas. El reggaetón se le ha plantado a la industria y ha llegado hasta Coachella de forma prácticamente orgánica. Se le escucha en otros continentes, a pesar de la barrera de lenguaje. Lo triste es que muy poca crítica musical latinoamericana considera esto como un logro importante para la música de la región. He leído críticas que incluso se desvían hacia la gramática y sintaxis en las letras del reggaetón, que me parece entrañan una raíz clasista preocupante por pensar que todos hemos tenido acceso a la misma educación o, en el peor de los casos, que los dialectos centroamericanos y del Caribe son, de alguna forma, inferiores que otros. Tamo’ redy pa’ la pary, no pa’ la clase, que perreando se entiende la gente, pues. Cómo le incomoda al capitalismo que le vaya bien a los que “deberían estar abajo”.

El reggaetón nació en las zonas marginadas de Puerto Rico y no tardó en expandirse al resto de Latinoamérica. Si bien México no tiene representantes tan relevantes en el plano internacional, el perreo se ha vuelto en este país una muestra de identidad. Tenemos a Uzielito Mix y Michael G, que le dan voz a Iztapalapa, por ejemplo. Este último tiene una canción, que recomiendo por chida, se llama “Chilango” y dice más o menos así: “chilango pa’ la calle, sin miedo y con pasión” (2018). Cuando un género musical ya tiene una historia y fama considerable es cuando puede “tropicalizarse” para mayor goce local. El reggaetón está construyendo cimientos y ya no se puede seguir negando.

El perreo se ha metido en un proceso de blanqueamiento imposible de ignorar. Se atasca de colaboraciones con artistas güeros como Justin Bieber o Katy Perry. Es mercadotecnia y funciona de maravilla, no culpo a nadie mas que al capitalismo. El reggaetón se ha dividido, como todos los géneros musicales, en una vertiente popular y una vertiente más underground, en la que últimamente ha radicado el verdadero anhelo de revolución y de la cual hablaré después en este mismo texto, ya con recomendaciones y ejemplos.

3. Hay que agradecerle al perreo por tirar el tabú del autoconocimiento corporal

El perreo surgió como un baile de las clases bajas cuya base, presumiblemente, son las diversas danzas africanas que llegaron a América a través de esclavos durante la época de la Conquista. Por el contacto físico que caracteriza no solo al perreo sino a otros bailes similares, se cree que no requiere consentimiento para pegar los cuerpos, pero no hay creencia más equivocada: el perreo, primero que nada, debe centrarse en el autoconocimiento y el disfrute del cuerpo propio y, después, si se consiente entre los participantes, de un cuerpo ajeno. El roce de cuerpos no debe ser una característica obligatoria del perreo, por más que se nos haya vendido así. El enfoque del baile debe estar en identificar las sensaciones que nos provoca el movimiento de nuestro propio cuerpo para aprender a vivir mejor con nosotros mismos.

Como baile, se ha convertido en un vehículo de valoración corporal y eso es algo que debería agradecerse en un contexto latinoamericano en el que históricamente ha imperado la sumisión y el dominio por parte de otras culturas, así como la vergüenza y satanización del placer proveniente de la tradición católica.

El hecho de desafiar ese tabú e incitar la búsqueda de la autosatisfacción en un plano sexual es algo revolucionario por sí mismo. El reggaetón es vulgar, pero lo vulgar no es malo. Se le critica al género muchas veces porque saca un instinto ciertamente animal en quien lo baila. La exaltación de lo primitivo no me parece algo negativo ni evitable, a fin de cuentas, es algo que está ahí, es natural y reprimirlo todo el tiempo no es sano.

4. El underground del reggaetón es la verdadera ruptura

Si bien la popularidad, ya histórica, del reggaetón está encabezada por nombres como Daddy Yankee, J Balvin, Maluma, Ozuna o Anuel AA, la revolución real del género se da por medio de los artistas que permanecen en el subterráneo. Así como el rap ha servido como una válvula de escape ante las injusticias que sufren los afroamericanos o las víctimas de conflictos bélicos en Medio Oriente, el reggaetón se ha vuelto la bandera de la denuncia en Latinoamérica.

Al aprovechar el carácter sexual del reggaetón, se ha generado todo un movimiento de visibilización LGBT+ y feminista que cuestiona la heteronormatividad y el sexo para consumo únicamente masculino. De ahí han salido nombres como Chocolate Remix, Sailorfag, Solomon Ray, IRA (que es una banda de rap feminista, pero ha explorado también con el perreo), entre muchos otros. El desafío de este tipo de perreo es mantener su carácter sexual, pero eliminar los roles de hombre-activo y mujer-pasiva. Me parece que uno de los proyectos mejor logrados es el reggaetón lésbico de Chocolate Remix y sus letras brutalmente explícitas de las que no voy a perder la oportunidad de dar un ejemplo, uno pa’ dedicar, ¿no?: “Eres una bomba y yo soy dinamita, vamo’ a terminar lo que empezamos mamita” (“Estás que te partes”, 2017). Su disco completo, Sátira, no tiene pierde, la verdad.

Las dinámicas de los géneros urbanos, y en particular de sus exponentes que no gozan de tanta fama, me llaman mucho la atención pues se centran en los principales conflictos que existen en las regiones en las que se desarrollan. Lo que nos ha enseñado el perreo underground es que en Latinoamérica hay preocupación por cuestiones de violencia de género y violación a los derechos de la comunidad LGBT+ y que es uno de los mayores problemas por los que atraviesa el continente en la actualidad.

Aquí concluyo mi defensa del perreo. La última palabra queda en cada amante o detractor del reggaetón. Lo que me resta decir es que el perreo no es ni de dios ni del diablo sino que le pertenece a seres brutalmente humanos que han aprendido a gozarlo.


“La cuestión es moverse” es un espacio para discutir lo más importante entre lo menos importante. En esta columna encontrarás una reflexión sobre la cultura popular y sobre lo que hacemos cuando no hacemos nada. Estos temas casi nunca son el final del camino de la vida, pero son una parte indispensable del trayecto y la cuestión es moverse.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. GRACIAS! alguien tenia que decirlo jajaj. Me gusto mucho. Yo tambien tenia pensado escribir algo sobre esto, te me adelantaste :).
    Yo agregaria un punto: y es que unas de las cosas porque el reggaeton se considera machista es porque habla abiertamente de la sexualidad femenina y esto es algo que todavia hoy en día causa incomodidad. El decir que las mujeres tambien cogen y les gusta tanto como a cualquier varon sigue siendo un tabu y molesta a muchos(as)

    un abrazo desde Venezuela
    La Subalterna

    Le gusta a 1 persona

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