Cuatro minificciones de Rafael Santos

Espejo

Lo encontró una tarde soleada recostado sobre un parche de pasto. No entendía cómo un espejo había llegado ahí, a la mitad de pleno campo abierto. Pero el movimiento de las nubes en la superficie plana le atrajo. Cautivado, pasó horas viendo los cambios en el cielo. Absorto, en un descuido, cayó dentro del reflejo, cayendo y cayendo más allá del cielo. Lo vieron, por última vez, pasar cerca de un satélite comercial, alejándose cada vez más de la atmósfera.

 

Alfombra enamorada

Planeó cómo atraer su atención y en el intento cayó sobre él. Dejando una marca de labial que no importó cuánto lavaran, no se borraría de la tela.

 

Ciencias forenses

—Así es, cayó de forma accidental y se rompió el cuello como resultado.
—Pero tiene señas claras de tortura y orificios de bala.
—Dije que por accidente, cabo.
—Sí, señor, trágico.

 

Epifanía (33)

—¿Sabías que fui el único sobreviviente?
—¿Qué pasó?
—Del accidente, Leticia, del accidente.
—¿De qué hablas? ¿Cuál accidente?
—Lo siento
—¿De qué estás hablando?, ¿Manuel? Abre los ojos ¡Manuel! ¡El camino! ¡Manuel!

 


Rafael Santos (Colima, Colima. 1994). Apasionado por la literatura, el diseño y las artes del libro: desde su concepción hasta la distribución en librerías. Así, también por la gestión de empresas, eventos y proyectos de corte artístico y cultural. Actualmente vive en Guadalajara donde labora como bibliotecario.

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