Del vuelo inverso de las aves y nunca sendas en picada: En torno al primer libro de César Alain Cajero, por Daniel Olivares

Una poesía de una calidad y una elegancia insospechadas para un autor que apenas publica su primer libro formal es la que nos ofrece César Alain Cajero Sánchez en este, su prometedor, Vuelo inverso de las aves sangre. La portada y guardas, que bien ambientan y enmarcan el contenido, son producto de la plumilla de Fernando Ordoñez.

Lo que primero llama la atención en estos escritos es la educada mirada y el comedimiento con el que el poeta, esa voz impersonal que poco a poco alcanza su propio timbre (junto con su figura y espesor), selecciona sus palabras, las teje y las desteje para hacerlas lucir y sonar cual destellantes cristales que cantan al tropezar unos con otros sobre superficies también propicias al tintineo. Tal carrillón, de muchas maneras agitado “entre las cuatro estaciones del año”, consolida, poco a poco, arpegios a veces breves, a veces dilatados que amenazan con invocar-provocar sinfonías, lluvias, tormentas y, en un descuido, hasta furiosos vendavales.

Del mismo modo, luz y música (que son palabra y pensamiento), agua y tierra (y con ella todos sus paisajes), espíritu y carne (y su correspondientes alquimias) son los signos convocantes y clarificantes desde un principio.

Entre breves o medianamente espaciados cantos, se transcurre hacia el descubrimiento de aquel que es él o uno mismo a partir de la enunciación, a veces del ser amado, a veces de lo perdido o lo reencontrado. De tal manera, producto de esa real o aspirada comunión, se arriba al engendramiento y alumbramiento también de lo anhelado, palpado o invocado a fin de, al mismo tiempo, generar o hasta provocar un nuevo parto: la concreción de un real ser en el mundo, ese advenimiento pleno al que todo creador aspira entre, por y para todo el universo, mediante la magia de lo concitado. Esto porque, además, en algún momento, descubre (acepta y comparte) que el sentido del nacer-ser-estar-actuar en el mundo consiste (si acaso) en

Apenas una esperanza;
un instante para reconocer un sueño y una nube;
para darnos forma desde el polvo,
para tomar un puñado de cenizas y dibujar alas,
cielos, mares, danza, canto y vuelo.

Pero la educada mirada a la que anteriormente aludimos no opera solamente sobre la descripción objetual o sensual. Dijimos poeta y este demiurgo, por tanto, tiene ya concebidos los límites de su discurso y sus fragmentaciones; así como una disertación filosófica o un sustento nutricio en su decir, que no se advertirán fieramente o nada más mediante metáforas deslumbrantes o arrebatadas, sino que tienden a difundir y diluir saber real y propicio sobre los secretos con los que opera o se nos descubre el mundo, esto luego de enunciar, al menos, algunas premisas sopesadas con calidad y cantidad.

Tesis como: “Toda flor es río que es noche por dentro… han de ser confrontadas o consolidadas por otras que dicten: y por dentro la luz florida nace en árbol coronado de rosas, / nubes y del pan los árboles… a fin de desembocar en múltiples y atendibles síntesis o conclusiones, que han de ser desde luego por el ente comulgante —la amada; lo amado— igualmente compartidas: Noche por dentro; / luz cuando la tocan otros labios”.

Tal es el discurso de los silogismos advertidos-pensados y de tal manera trazados, mas
siempre el círculo lo cierra la conciencia del ser, la celebración del amor, la conjunción con la amada desde y en la naturaleza, el florilegio naciente, la epifanía o el crecimiento. Tal la apuesta en un trayecto denso e inagotable, incluso por momentos angustioso, pero siempre disfrutable, todo lo cual va del panteísmo telúrico hasta el iluminismo órfico e ineluctable. Pero nada es casualidad, dado que a este autor, si bien no se le advierte, sí se le sabe, por formación (o hasta deformación) profesional, autor voraz, lector atento, opinador prolijo y constructor y deconstructor de los más diversos discursos líricos, lejanos o contemporáneos, de todos los cuales se nutre, si bien prefiere decantar tanto fórmulas como temáticas, para afincarlas en lo personal, lo biográfico, lo cercano y conocido a fin de consagrarlas como trascendentes. (Acá todo lo íntimo y familiar se vuelve histórico, en tanto lo histórico se asume individual y, si acaso, apenas socialmente compartible).

No obstante, si hubiera que arriesgar en cuanto a discernir algunos ecos por entre estas muy tupidas frondas, es un hecho que en este discurso en cuanto a construcción y factura desdoblan cascadas surrealistas poco menos (o hasta poco más) que nerudianas, si bien el fraseo y lenguaje místico en muchos momentos evoca, digamos, a Carlos Pellicer o bien para concretar el ciclo y casar con sensibilidades más contemporáneas situaríamos a este nuestro joven poeta en una tesitura muy cercana al magisterio que recientemente ha propiciado Efraín Bartolomé.

Es esta una poesía de conjunción amorosa, de transitoria soledad, de evocaciones del
origen, del dejar atrás y reencontrarse, de abandonar el florido y “rural” paraíso perdido para afincarse-agazaparse camaleónica e irónicamente en la ciudad.

El lujo mayor o la mejor apuesta de este escribano la realiza, sin embargo, al no eludir su
omnisciencia poética y su personal compromiso como creador. Por ello, más allá de las ironías o de los meros reclamos o de las utopías o de los desencantos para con sus contemporáneos, prefiere traslucir y asumir los afanes de su inagotable y proceloso oficio:

Yo ya no le hablo a los hombres:
yo hablo de dioses niños, de salvajes dolores que en mí surgen;
de toda una vida que no se pone a deletrear sus sueños;
de niños, de niños;
hablo de horizontes y un sol nuevo donde van naciendo las canciones.

Empeñado en esa agradecible y loable tarea es que, dignamente, nos ofrenda este su primer esfuerzo. Sus lectores seguiremos esperando que esta obra sea apenas despegue, piedra de toque y que toda su obra futura, al menos, la bifurque o la replique… O quizá no; esperemos que, para el bien de todos y de la poesía de nuestro entorno, ampliamente y sin decoro, la sobrepase.

***

Alain, César. Vuelo inverso de las aves sangre. México: Versodestierro, 2018.

 


Daniel Olivares Viniegra. (Hidalgo, México, 1961). Normalista y universitario. Docente, investigador y difusor de la cultura. Poeta, narrador y crítico literario. Colabora en diversas revistas físicas y virtuales. Ha participado en varios encuentros literarios de carácter nacional e internacional. Tiene publicados, entre otros, los libros: Poeta en flor…Sartal del tiempoArenas,  Atar(de)sol  y Antiparras: antipoemas para lectores sin prejuicios. Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Pertenece al consejo editorial de las revistas electrónicas El Comité 1973 y La Piraña. Es, además, coeditor del proyecto Humo Sólido.

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