Cuento | Un juego, por Eduardo Robles Gómez

El hijo de la chingada no hablaba, neta. Era cagadísimo. Hacía ruidos de animales, como de gato, un pedo así, ¿te acuerdas? Sí estaba como tonto, la verdad. Tenía retraso el wey. Te le acercabas tantito y empezaba a morder y gruñir. Pinche loco. Oye, ¿y cuando le preguntaban algo los maestros? Parecía que iba a chillar o a orinarse. Y todavía nosotros haciéndole burla. Tú eras el pasado de verga. ¿Nunca lo hiciste llorar? ¿Seguro? Ahorita te enseño. ¿Qué? No te espantes, no pasa nada. ¿Qué tiene que me acuerde? ¿No lo quieres ver? Lo grabamos cuando íbamos a salir de tercero, estamos con el uniforme y todo. Tenías un Sony Ericsson y andabas de mamón, a ver si lo encuentro. Bueno, sí, yo también lo castraba, pero tú hiciste que se quedara privado. Una vez estaba escribiendo, ya sabes, con su pinche estuche de oso y sus colores. Me levanto, tranquilo, me acerco y le arranco sus apuntes. Quería romperle el forro al cuaderno, pero el wey me agarró del brazo y ahí sí me emputé. Vacié el estuche y su mochila en la caja de la basura. Para acabarla de chingar, llega la maestra: “Isaí, ¿qué estás haciendo en la basura?” “Me tiraron mis cosas, maestra”, ya sabes, con su vocecita. “Recógelas y vas con el subdirector”. Ni me regañaron ni nada. Sin pedos. Ya voy, espérame. Deja contesto. Una ruca, que si voy a ir a una reunión al rato, con los de la carrera. Está culera, pero pues, ya pedo, quién sabe. ¿No te dije? El puto también está en la facultad. Isaí. Me lo he topado varias veces. Ha de estar en una de las carreras, no creo que vaya a tirar rostro. Sí me reconoce, pero se hace pendejo. Sigue igual de cagado, aunque sin hacer sus pinches ruiditos de bestia. Se ve que nadie le habla, siempre está solo. De verdad, nunca le conocí una novia o alguien que quisiera con él. Lo tratan como discapacitado o como que está malito. Hasta hacíamos bromas con las de la escuela: “Ya, besa a Isaí. ¿No has visto cómo te tira el pedo?” “Te quiere dar. Tiene una pinche riatota”. Neta, es un niño. Ese wey no creció. Nunca se ha puesto una peda ni ha cogido, te lo apuesto. Es que me hace emputar. Me encabrona verlo ahí, todo pendejo. ¿No te lo quieres coger tú? Si te prendía, ¿o fue amor de colegio? Entonces, ¿por qué se hacían cariñitos? No, no es cábula. Está en el video. ¿Cuál era el título de esa madre? Puta, wey, no lo hallo. ¿Con qué nombre estabas en tu cuenta de correo? No, la primera. Se me hace que ya lo reportaron o un pedo así. Pero, sin mamada, al Isaí sí le gustaba tu pompi, esta Pamela. Wey, qué culero, se la bajaste. Le chingaste su pinche vida. Bueno, es mi pedo si me clavo con eso, ¿no? ¿Por qué te castraba tanto? Lo único que hizo fue nacer. Sí, sí eras ojete. Ese día, el del video, sí estuvo manchado. No te hagas pendejo. Estábamos en las canchas: tú, Campos, Ulises y yo. Fuimos a chingarlo un rato, nada más. “Hazle como animal, Isaí”. “Grita como tu jefa”. “Nos la vamos a coger cuando venga por ti”. “Yo que tú, me iba temprano”. Traías el cel y lo estábamos probando entre clases. Después de Educación Física nos daban quince minutos; me pediste que grabara, ¿ya se te olvidó? Lo empujaste contra la pared y empezaste a tocarlo. Olías su nuca. Después se sentó en su banca y escondió la cabeza. Lloraba. “Isaí, cálmate, es coto”. Entonces, azotó la frente contra la banca. ¡Pas! ¡Pas! Al final, nos voltea a ver, sonriendo: “Ya, ya”. Fue todo lo que dijo, era su voz. Jamás la había oído. A lo mejor es mamada, pero ahí sigue. Como que lo escucho. Sí, neta. Me emputa verlo y que no haga nada. Ni un pinche grito. Luego me pongo a pensar. Habría acabado igual con o sin nosotros, la neta, ¿sí o no? A huevo. Era cábula, estábamos jugando. No le cortamos los dedos ni lo violamos. No éramos tan culeros, hay otros más pasados de verga. Tienes razón, hasta ese momento, no hablaba. ¿Ves? Lo ayudamos. ¿Que chingue a su madre? No, está bien. Que se vaya a la verga. Es solo que… ¿por qué sonreía?

 


Eduardo Robles Gómez (Ciudad de México, 1994). Egresado de la licenciatura de Derechos Humanos y Gestión de Paz en la Universidad del Claustro de Sor Juana, asiste al taller de Creación Literaria del FARO Indios Verdes desde 2016.

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