Cinco microrrelatos de Kalton Harold Bruhl

MIDAS

Su palacio se encontraba repleto de estatuas y objetos dorados, ya que todo lo que tocaba se convertía en oro. Solamente se salvó su esposa. Llevaban veinte años de casados.


LA GALLETA

Dio un mordisco al pedazo de galleta mientras se enjugaba las lágrimas con una mano.

Todavía le costaba creer que no vería más a su hermano. Estuvieron seguros de que nada podría separarlos, hasta el día en que se terminó la comida.

Recorrieron el bosque, pero solo encontraron hojas secas y bellotas.

“No hay esperanzas”, se dijeron tristemente.

Cuando el hambre se volvió insoportable, ella tomó una decisión. Nunca le había dicho a su hermano que sabía aquel conjuro. Se acercó a él y pronunció las palabras.

Gretel arrancó otro pedazo al muñeco de jengibre y, al masticarlo, volvió a llorar.


LA PLAGA

—Por favor, sea breve —dijo con sorna el niño, recostado indolentemente al lado del trono.

—Ya has escuchado a mi hijo —intervino el padre del pequeño—. ¡Habla!

El hombre bajó la cabeza, ofuscado. Había pasado la noche anterior ensayando su discurso y ese mocoso, con sus bromas, lo había arruinado todo. Había perdido por completo el elemento sorpresa.

—Deja ir a mi pueblo —logró mascullar.

El salón quedó en silencio. Todas las miradas se dirigieron temerosas hacia el trono.

—Eso sí que fue breve —rió el niño, aliviando la tensión—. Ahora márchate —continuó, señalando la salida.

—Ya escuchaste —sentenció el hombre, abrazando a su hijo con orgullo—. ¡Márchate!

Moisés dio la vuelta, preguntándose si sería posible que el Señor invirtiera el orden y la décima plaga pasara a ser la primera.


ENTRENAMIENTO

En su juventud, el abuelo había recorrido la India, estudiando las costumbres de los faquires. Nos contaba cómo permanecían inmóviles durante semanas, sin comer ni beber nada. Casi sin respirar.

—¿Crees que ya practicamos lo suficiente? —me pregunta de pronto mi hermano menor.

—No lo sé —le respondo y luego me quedo callado.

Creo que él también empieza a sospechar que el abuelo ya olvidó adónde nos dejó enterrados.


JUEGO DE NIÑOS

“Me gustaría que te fueras a dormir”, le dijo la madre al niño.

Este pareció no escucharla y siguió absorto, modelando un trozo de arcilla.

“¡Te he dicho que vayas a dormir!”, insistió la madre, aumentando el tono de su voz.

“Pero, mamá —reaccionó por fin el niño—, me falta mucho para terminarlo. Quiero que quede igualito a mí”.

“Nada de peros —concluyó ella—, a tu habitación”.

El niño se levantó enfadado y apretó los puños al ver su obra inconclusa. Pensó que ni siquiera era tan tarde, ya que apenas era el sexto día de la creación.

Juego de niños
Cyntia Kent
Ilustración digital

Texto: Kalton Harold Bruhl (Honduras, 1976) ha publicado los libros de relatos El último vagón (2013), Un nombre para el olvido (2014), La dama en el café y otros misterios (2014), Donde le dije adiós (2014), Sin vuelta atrás (2015),  La intimidad de los Recuerdos (2017), El visitante y otros cuentos de terror (2018), La llamada (2019); Novela: La mente dividida (2014).  Es premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” y miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia de la Lengua.


juego de niños

Ilustración: Cyntia Kent. Licenciada en comunicación social de la Universidad Autónoma Metropolitana. Actualmente se dedica a la producción audiovisual y al diseño, sin embargo, dedica sus tiempos libres a la ilustración digital.

 

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