Malgré tout | Cristina Peri Rossi: poesía desde el exilio

La poesía es el más noble de los géneros literarios, característica quizá debida a su propia naturaleza intimista. Un poema es un espejo o una caricia para el alma; con suerte, ambas. También es un mudo grito de dolor, el huequito por el que respira la herida.

Poesía y vida son caminos paralelos por los que transita el poeta; Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) lo ha sentido en carne propia, pues, como muchos otros, sabe que el exilio es la peor de las condenas y el precio más alto por el derecho a expresar sus ideas. Moneda de cambio: irse para conservar la vida… pero, ¿queda vida una vez que obligan a alguien a dejar a los suyos, su patria, su cotidianidad, lo que fue hasta ese difícil momento? El exilio va más allá de la geografía, es metafísico, implica dolor, decisiones definitivas que no permiten el titubeo y requieren de una enorme valentía. Nadie que no lo haya vivido puede saberlo; sin embargo, la poesía es el vehículo que nos aproxima a ese sentimiento de pérdida absoluta, ayuda a comprender y sentir lo que significa una situación límite como esta.

La obra de la uruguaya es abundante, pues desde niña tuvo claro que sería escritora; abarca relato, novela, ensayo y poesía. Es un miembro destacado de su generación (del 68), marcada fuertemente por la política, sin embargo, pasaron treinta años para que Peri Rossi publicara Estado de exilio (2003), poemario ganador del Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti. En el prólogo la poeta dice: “Si el exilio no fuera una terrible experiencia humana, sería un género literario”. Lamentablemente, comparto su afirmación; las dictaduras latinoamericanas, el franquismo, las guerras, han llenado las páginas no sólo de la Historia, sino también de la literatura.

Llama la atención el título del libro: ¿es el exilio un estado?, ¿transitorio o permanente? Si bien dije que es una manera de desvincular al ser humano de sus afectos, de lo que creía suyo, este título también ofrece la reflexión de todo lo que implica la condición de exiliado; desde la perspectiva irónica, puede pensarse que el título se refiere a que fue el Estado (uruguayo) quien condenó (a Cristina) al exilio. Durante la lectura, el lector acompaña a la poeta por este trance y el corazón se le va encogiendo un poco a la vuelta de cada página, puesto que, aunque los poemas fueron escritos inmediatamente después de que Peri Rossi salió de su país y los retomó treinta años después para publicar el libro, se nota un enorme dolor en ella, que su herida sigue abierta y tal vez así se quede; la atmósfera de nostalgia y añoranza por recorrer una vez más las calles de la infancia y juventud imprime una sensación de solidaridad con los exiliados y su tristeza eterna. Como dice José Emilio Pacheco: “el que se va no vuelve, aunque regrese”. Y es verdad, nadie puede ser el mismo después de vivir el y en el exilio. Las cosas se ven desde la claridad que sólo otorgan el tiempo y la distancia:

VI
Soñé que volvía
pero una vez allí
tenía miedo
y quería irme
a cualquier otro lado

El exilio no es únicamente el desplazamiento forzado a otro lugar, también es desarraigarse de las convicciones o, por lo menos, dudar de ellas, pensar si tanto sufrimiento valdrá la vida, si algún día se recogerán sus frutos agridulces. Pasar de un estado de libertad al de exilio da cabida a las cuestiones filosóficas, obliga al exiliado a los clichés, a caer en el sentimentalismo, pero no se le puede tildar de cursi porque estrictamente no lo es ni tampoco es un ser por el que se deba sentir pena, al contrario.

Las filosofías orientales que hablan sobre tomar cada evento de la vida como una oportunidad para el crecimiento espiritual y sacar lo bueno de entre lo malo adquieren sentido después de leer Estado de exilio, amén de que aumenta mi admiración por todos aquellos que han vivido esta experiencia cuya voz (grito) son Peri Rossi y tantos otros artistas y poetas, pues tienen esa responsabilidad: ser la voz de la tribu, la voz de los sin voz. A través de la poesía del exilio lo nimio se torna valioso, por ende, estribillos punzantes para el que no ha sido exiliado pero es empático:

VALOR

Te dije:
“Se necesita mucho valor para tanta muerte inútil”.
Pensaste que me refería a América Latina. No, hablaba
de morir en la cama, en la gran ciudad,
a los ochenta o noventa años.


Nancy Hernández García (Cuautla, Mor., 1990). Maestra en Letras Mexicanas, interesada en la literatura mexicana del siglo XX; escribe la columna “hojasueltas” de la revista digital Amarcafé y lee poesía en sus ratos libres. Ganó el Premio Bitácora de Vuelos 2018 en la categoría de Ensayo con el libro Palabra e imagen en Morirás lejos: Un acercamiento a José Emilio Pacheco, mismo que se acaba de publicar.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Guadalupe dice:

    Wouuuuu…Interesante como todo lo que escribes. Felicidades

    Le gusta a 2 personas

  2. Nancy Hernández García dice:

    ¡Muchas gracias, Guadalupe! Me alegra que te gustara. ¡Saludos! 🙂

    Le gusta a 1 persona

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