Cuento | Historia repetida, por María Elisa Robenolt Lenke

Caminando entre sujetos con caras que ya había visto, desconocidos a mi causa; vistiendo las mismas ropas, con iguales gestos, pronunciando las mismas palabras que esperaba oír, similares al recuerdo que fue una vez símbolo de tristeza en mi camino, camino que hoy parecía retroceder; le advertí a mi recuerdo: no caigas en los mismos errores.

Paso a paso, sobre las mismas huellas que un día dejé, volví. La meta era tan simple como riesgosa. Cualquier movimiento mal hecho podía provocar un cambio trágico en cualquier vida.

Miré entonces el reflejo de los ojos caídos de mi abuela, brillo que una vez solo vi en papel. Por fin volví a darle el ya esperado abrazo. Palabras nuevas cruzaron mi mente, pero el guion ya estaba escrito. Las mismas voces retumbaron en la humilde habitación. Dejé pasar lo que ya estaba escrito, con la mente fría, enfocada a un único evento.

Volver a escuchar su voz, sentir sus manos, mirar sus ojos fue casi tan triste como la última vez que le había visto. Preparada para cambiar tal destino, esta vez no la iba a dejar sola. Escondida atrás del armario, justicia era la única palabra que sonaba en mi cabeza. Escuché entonces sus pasos y dejé de respirar para evitar ser descubierta.

Asomé la cabeza y vi finalmente el rostro de la persona que nos había robado pedazos de nuestra felicidad.

Mi corazón latía fuerte, miedo navegaba por mi sangre como células en un crescendo musical. Salté por su espalda y, con un golpe preciso en la nuca, le quité la vida. Lo vi caer y sonreí como vengando una muerte que no había pasado esta vez.

Felizmente vengada, no me aguanté las ganas de volverlo a vivir.

Paso a paso, sobre las mismas huellas que un día dejé, volví. La meta era tan simple como riesgosa. Cualquier movimiento mal hecho podía provocar un cambio trágico en cualquier vida.

Miré entonces el reflejo de los ojos caídos de mi abuela, brillo que una vez solo vi en papel. Por fin volví a darle el ya esperado abrazo. Palabras nuevas cruzaron mi mente, pero el guion ya estaba escrito. Las mismas voces retumbaron en la humilde habitación. Dejé pasar lo que ya estaba escrito, con la mente fría, enfocada a un único evento.

Volver a escuchar su voz, sentir sus manos, mirar sus ojos fue casi tan triste, como la última vez que le había visto. Preparada para cambiar tal destino, esta vez no la iba a dejar sola. Escondida atrás del armario, justicia era la única palabra que sonaba en mi cabeza. Escuché entonces sus pasos y dejé de respirar para evitar ser descubierta.

Asomé la cabeza y vi finalmente el rostro de la persona que nos había robado pedazos de nuestra felicidad.

Mi corazón latía fuerte, miedo navegaba por mi sangre como células en un crescendo musical. Salté por su espalda y, con un golpe preciso en la nuca, le quité la vida. Lo vi caer y sonreí como vengando una muerte que no había pasado esta vez.

Felizmente vengada, no me aguanté las ganas de volverlo a vivir.

Paso a paso, sobre las mismas huellas que un día dejé, volví. La meta era tan simple como riesgosa. Cualquier movimiento mal hecho podía provocar un cambio trágico en cualquier vida.

Miré entonces el reflejo de los ojos caídos de mi abuela, brillo que una vez solo vi en papel. Por fin volví a darle el ya esperado abrazo. Palabras nuevas cruzaron mi mente, pero el guion ya estaba escrito. Las mismas voces retumbaron en la humilde habitación. Dejé pasar lo que ya estaba escrito, con la mente fría, enfocada a un único evento.

Volver a escuchar su voz, sentir sus manos, mirar sus ojos fue casi tan triste como la última vez que le había visto. Preparada para cambiar tal destino, esta vez no la iba a dejar sola. Escondida atrás del armario, justicia era la única palabra que sonaba en mi cabeza. Escuché entonces sus pasos y dejé de respirar para evitar ser descubierta.

Asomé la cabeza y vi finalmente el rostro de la persona que nos había robado pedazos de nuestra felicidad.

Mi corazón latía fuerte, miedo navegaba por mi sangre como células en un crescendo musical. Salté por su espalda y, con un golpe preciso en la nuca, le quité la vida. Lo vi caer y sonreí como vengando una muerte que no había pasado esta vez.

Felizmente vengada, no me aguanté las ganas de volverlo a vivir. Pero esta vez, mi destino seguía.

La vi sonreír una vez más y nos sumergimos en un abrazo casi perpetuo. Felizmente, disfruté el significado de la palabra venganza. Salí de la habitación temblando, insegura, pensando en las consecuencias desconocidas que traerían mis acciones. Abrí la puerta hacia la calle y un calor extremo me cortó la respiración. Fue como si una nube confusa se hubiese apoderado de mi mente y de mis ojos. Caí confundida y, mirando el cielo con poca claridad, sentí un suspiro de aire salir de mi pecho.

Volví a abrir los ojos, acechada por la misma confusión. Sin saber qué pasaría, abrí la puerta y tomé los mismos pasos que ya había tomado una vez. Para mi sorpresa nada había cambiado. Las mismas caras, las mismas voces, los mismos atuendos. No entendía nada. Pensar en cambiar los hechos, no era tan fácil como parecía. Me pregunté si quizás era obra de un destino predispuesto o de eso que llaman karma.

Estancada en ese momento, decidí darle una vez más el abrazo esperado. Pero para mi sorpresa ella ya no estaba ahí. En mi pecho, sin embargo, estaban los mismos sentimientos presentes y los mismos carentes. Repetir los momentos juntas no me alcanzaba para llenar tal vacío. Agobiada por tanta desdicha, decidí volver al momento feliz que había sido parte de lo que fue una vez el pasado.

Volví a abrir los ojos, acechada por la misma confusión. Sin saber qué pasaría, abrí la puerta y tomé los mismos pasos que ya había tomado una vez. Para mi sorpresa nada había cambiado. Las mismas caras, las mismas voces, los mismos atuendos. El blanco de sus uniformes y las luces blancas me recordaron que todavía seguía ahí.

 


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María Elisa Robenolt Lenke (Georgia, Estados Unidos. 1983). Algunas de sus publicaciones  internacionales incluyen: Finalista VI Concurso Intergeneracional de Ensayo y Relato Breve 2018. Noviembre 2018 Zaragoza, España. Mención de Honor en Poesía en el 62 Concurso Internacional de Poesía y Narrativa.“Ensamblando Palabras 2018” por el Instituto Cultural Latinoamericano. Autora integrante de la Antología “Ensamblando Palabras 2018” Noviembre 2018, Argentina. 7° Premio en el 1° Certamen Internacional de Soneto en Honor a la Gastronomía, Noviembre 2018 Buenos Aires, Argentina.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Maria Robenolt - Lenke dice:

    Gracias a today/os!
    https://www.facebook.com/maria.lenke

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  2. Maria Robenolt - Lenke dice:

    Gracias a todas/os!
    https://www.facebook.com/maria.lenke

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