Poema | Credo citadino, por Nancy Hernández García

Creer en Dios como si habitara entre nosotros
empático a las penas que manda para cada uno
ignorando que esa es su manera de pasar la eternidad.

Creer en Dios como si al hablarle
respondiera con una aterciopelada voz grave
(igual a la que tiene en las películas)
y uno sintiera que ya todo está bien
que no hay más maldad en el Hombre.

Creer en Dios como si todo fuera tan fácil
y la derrota no fuera el pan de cada día
como si los peces se multiplicaran
y el agua se volviera vino
con tan solo desearlo
y amar al prójimo no fuera una guerra
contra los propios demonios.

No puedo.
Perdóname Dios por no poder creer en ti;
es que te busco y solo encuentro el gris de esta contaminada ciudad
la más grande del mundo
la más solitaria y sórdida del mundo.
Aquí no hay espacio para ti
los edificios ocultan el Cielo
el ruido del existir impide escuchar tu aterciopelada voz grave.

Algunas madrugadas reina el silencio
pero no estoy segura de que seas Tú.

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