Ojos Vermelhos | Una dicotomía humana: Las olas, por Enrique García Moreno

    • Director: Trey Edward Shults.
    • Guion: Trey Edward Shults.
    • Edición: Isaac Hagy, Trey Edward Shults.
    • Cinematografía: Drew Daniels.
    • Reparto: Kelvin Harrison Jr., Taylor Russel, Renée Elise Goldsberry, Sterling K. Brown, Alexa Demie, Lucas Hedges.
    • Casa productora: A24, Guy Grand Productions y JW.

Las Olas, una cinta tan vívida y humana, le hace gran honor a su nombre pues nos muestra cómo un suceso individual, en este caso funesto, repercute, de la misma manera que un niño echándose un clavado en la alberca mojando a su alrededor, en la dinámica y la vida en general de una familia.

El tercer largometraje de Trey Edward Shults, quién también ha dirigido Krisha (2015) y It Comes at Night (2017), es una sensible y brillante dicotomía en el sentido más puro de la palabra. Resulta realmente impresionante la construcción de la narrativa de este filme ya que, al estar divida en dos partes, en dos ritmos completamente distintos, logra cohesionar de una manera casi perfecta y, sobre todo, muy lógica.

La trama consiste en la vida de la familia afroamericana Williams que vive en el estado de Florida, conformada por Tyler (Kelvin Harrison Jr.), Emily (Taylor Russell) y sus padres, Catherine (Renée Elise Goldsberry) y Ronald (Sterling K. Brown). Ambos hijos van a la preparatoria: Tyler entrena en un equipo de lucha y se ejercita junto a su padre, quien lo presiona constantemente para que sea el mejor de su equipo, al igual que en  todo; por lo que, aún sabiendo que sufre de una lesión grave del hombro, continúa luchando para no decepcionar a su padre. Pero, como es de esperarse, al inicio de su temporada, Tyler recibe un fuerte golpe en la zona lastimada, causando un daño irreparable y terminando así su carrera en este deporte. Cuando Tyler está siendo reconfortado por su novia Alexis (Alexa Demie), esta le dice que su periodo no ha llegado. Él al saber esta noticia, enfurece y le termina diciendo cosas bastante horribles y despectivas.

Esta mitad del largometraje termina con un evento funesto perpetuado por Tyler, llevado por su enojo, su estrés y su estado alcohólico; comienza enérgica con “Be Above It” de Tame Impala, el ritmo no hace más que revolucionar a una velocidad más y más frenética. Esto es complementado con los movimientos de cámara que resultan bastante orgánicos, siguen constantemente a los personajes y casi no son estáticos; de hecho, podemos encontrar muchas espirales en las tomas, siendo una analogía de cómo la vida de esta familia está tambaleándose y perdiendo el control. Hay puntos en que las secuencias de esta porción de la película son tan dinámicas y veloces que podrían asemejarse a un video musical. El filme, contrariamente a la estructura típica de la narrativa cinematográfica, tiene su primer clímax a la mitad de este. Con un breve fundido a negro, la primera parte de la cinta nos deja atónitos, ansiosos y expectantes de qué podrá venir después.

La segunda fracción de Las Olas, al contrario que su pariente enérgico, es pausada, casi contemplativa: la calma después de la tormenta, casi literalmente. Los colores son más azules y menos chillones, la música es tranquila y nuestro personaje principal cambia: Emily, la hermana de Tyler, es quien sale a flote esta vez. Con la historia de ella conseguimos contemplar la resciliencia de esta familia y el intento para poder renacer de las cenizas que Tyler dejó.

La narrativa visual, como comenté anteriormente, es bastante impresionante; desde movimientos persecutorios de la cámara, rojos y azules que se doblan en la pantalla y, para mí, lo más impresionante de esta película, el cambio de aspect ratio a lo largo de la duración del filme. Estas decisiones, que no son nuevas en el cine de Shults, le dan un simbolismo y fuerza enormes al lenguaje cinematográfico; no solo son visualmente interesantes de ver esos cambios, sino que ayudan a la fuerza de esta producción. Simplemente tenemos que observar las primeras tomas de Las Olas, las cuales están en 1.85:1 (formato Widescreen) y cómo en el punto más álgido y de mayor estrés la pantalla se cierra hasta un 1:33 en donde apenas cabe un actor en la pantalla. Esto le da un sentido de claustrofobia y misterio a estas escenas. Es gratificante ver la forma en la que el cine se está volviendo a revolucionar.

La música es otro aspecto bastante importante para el tercer largometraje de Trey Edward Shults, puesto que el mismo escribió el guion con las canciones que aparecen en el filme como inspiración. El soundtrack es muy variado, tiene artistas de la talla de Kanye West, Frank Ocean y Radiohead, por dar un pequeño ejemplo. Y, aunque yo personalmente no soy muy entusiasta de este tipo de banda sonora en donde converge casi pura música licenciada (digo casi porque también hay música original de Trent Reznor y Atticus Ross) del tipo Guardianes de la Galaxia, creo que en este caso es muy efectiva. Las canciones, además de ser en la mayoría buenas, no se sienten gratuitas. Reflejan el sentir de los personajes o la situación el la que están. Además, sirven como una marca generacional, aspecto que podría ser una ventaja o desventaja dependiendo de la edad del público.

En conclusión, puedo decir que Las Olas en un deleite a veces difícil de digerir, pues sus virtudes también se pueden convertir en sus pecados; un ejemplo sencillo son los movimientos de la cámara: son hermosos de ver, pero a su servidor llegaron a marearlo. La música por otra parte a veces está mezclada demasiado fuerte. Y, algo que he escuchado que es el problema principal de varias personas, al tener tanta intensidad a la primera mitad de la película, la segunda parte puede perder fuerza y hacerse tediosa. En mi caso, no lo veo así, siento que es una narrativa bastante diferente, pero cada quién tiene su última palabra.

Las Olas, un filme que toca temas sobre racismo, discriminación, presión social y, en especial, tratar de armar un rompecabezas después de que fue tirado por un temblor, es una obra que vale la pena confrontar. Es una película que, además de tener poesía visual, tiene la urgencia y necesidad de volver a conectar con el aspecto más humano de nosotros.

[Imagen tomada de https://bit.ly/2I3XCop%5D

 


4Enrique García Moreno (Ciudad de México, 1998). Estudiante de Lengua y Literaturas Modernas Portuguesas (simón, existe) y de Actuación. Melómano de profesión y cinéfilo de oficio. Escribe poesía vermelha y prosa. Ha participado en varios concursos de relato como el Juan Rulfo o el Luis Arturo Ramos de la Universidad Veracruzana.

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