Las mil y una páginas| El talón de hierro, de Jack London (I), por Fernando Chelle

A modo de prólogo

En el mes de noviembre de 2020, se estarán cumpliendo ciento cuatro años de la muerte del escritor norteamericano Jack London. Con respecto a esa fecha, en agosto del 2016, entre los días 24 y 27, el Parlamento Nacional de escritores de Colombia, en su XIV edición, estuvo homenajeando la figura del autor de Colmillo blanco. Como miembro coordinador del Parlamento y participante del encuentro que se realizó, estuve presentando en esa ocasión una ponencia sobre la literatura política de Jack London. Mucho se ha escrito del London aventurero, de sus cuentos de la lejana Alaska, de novelas como La llamada de lo salvaje, El lobo de mar o la referida, Colmillo Blanco. Sin embargo, su literatura de características políticas y sociales, quizá la parte más importante de su obra, ha sido poco estudiada, llegando a ser prácticamente desconocida por el lector corriente. El presente artículo, centrado en la novela El talón de hierro, constituyó una parte de ese trabajo más extenso que tuveel placer de presentar en la ciudad de Cartagena de Indias.

Los artículos comienzan haciendo referencia a la recepción que tuvo la obra de Jack London, fundamentalmente la novela en cuestión, por parte de diferentes personalidades del mundo político y también del literario. Elegí estructurar las entregas de esta manera poco corriente para que el lector tome consciencia, desde el primer momento de la lectura, de la importancia histórica que presenta este texto prácticamente hoy desconocido. El escrito continúa con un apartado titulado “El hombre y su mundo”, donde se resaltan algunos aspectos relevantes de la vida de London. Como mi interés era centrarme en el estudio de El talón de hierro, me pareció importante ir marcando un camino que desembocara en la publicación de la obra. Pensando en esto, excluí de los datos biográficos la condición de militante socialista de London y me referí a este tema por separado. Eso me sirvió para hablar de su doble condición, de militante socialista y de escritor, y referirme específicamente, dentro de la literatura londoniana, a aquellas obras que presentan temas sociales y políticos. Después de pasar ese preámbulo, extenso pero necesario, el artículo se centra en la novela El talón de hierro. Aparte de referirme a la estructura, los temas, los personajes y otros aspectos característicos de la obra, quise cerrar el estudio con una serie de citas para que los lectores pudieran tener un acceso directo al texto de London. Por último, el artículo finaliza con un apartado titulado “No solo una distopía”, donde se resaltan, además de las características evidentemente distópicas de la obra, las características utópicas y también las ucrónicas.

Una recepción revolucionaria

En el año 1929, la revista norteamericana de tendencia marxista New Masses, escribió sobre Jack London:

Un verdadero escritor proletario, no solo debe escribir para la clase trabajadora, sino que debe ser leído por la clase trabajadora. Un verdadero escritor proletario no solo debe usar su vida proletaria como material para sus libros: en estos debe arder el espíritu de la rebeldía. Jack London era un auténtico escritor proletario; el primero y, hasta ahora, el único escritor proletario de genio de los Estados Unidos. Los obreros que leen, leen a Jack London. Es el único escritor al que han leído todos, es la sola experiencia literaria que tienen en común. Los obreros de las fábricas, los peones del campo, los marinos, los mineros, los vendedores de diarios, lo leen y lo releen. Es el escritor más popular entre la clase obrera de los EE.UU.

Esto se escribió cuando ya habían pasado trece años de la muerte del autor y veintiún años de la publicación de El talón de hierro, obra con la que se trabajará en el presente estudio por ser una de las más representativas de la literatura política del autor norteamericano. En el mismo sentido de la revista, Irvin Stone, su principal biógrafo, refirió:

El relato de London “Los favoritos de Midas” fue la primera narración proletaria que tuvo repercusión nacional en los EE.UU. A ella siguió “El sueño del socialista Debs”, que predijo la huelga general de San Francisco de 1934, y El talón de hierro que vaticinó el sistema de terror del fascismo. Después de su muerte, los críticos pudieron disentir sobre diversos aspectos de su labor, pero hubo un punto incontrovertible: Jack London fue el padre de la literatura proletaria de los EE.UU.

El talón de hierro fue un libro celebrado tanto por hombres de la literatura como por intelectuales revolucionarios de diferentes países. Nikolái Bujarin, editor de Pravda (periódico del Partido Comunista de la Unión Soviética) y teórico oficial de la URSS en la década del 20, destacó, dentro de la literatura norteamericana, únicamente a El talón de hierro. En la URSS, se llegaron a publicar cincuenta y seis ediciones de las obras de London, las cuales superaron los seis millones de ejemplares.

Sobre El talón de hierro, conocida es la carta que León Trotsky envía en 1937 a Joan London, hija del escritor. Allí expresaba:

Hay que destacar muy particularmente el papel que Jack London atribuye en la evolución de la Humanidad a la burocracia y la aristocracia obrera. Gracias a su apoyo, la plutocracia americana logrará aplastar el levantamiento de los obreros y mantener su dictadura de hierro en los tres siglos venideros . . . No es difícil imaginar la incredulidad condescendiente con la que el pensamiento socialista oficial de entonces acogió las previsiones terribles de Jack London . . . Se puede afirmar con certeza que, en 1907, no había un marxista revolucionario, sin exceptuar a Lenin y Rosa Luxemburgo, que se representara con tal plenitud la perspectiva funesta de la unión entre el capital financiero y la aristocracia obrera. Esto basta para definir el valor específico de la novela.

Continuando con las apreciaciones soviéticas sobre la obra de London, no solo de El talón de hierro, se cuenta que el propio Lenin poseía en el Kremlin varios libros del autor norteamericano. Para el líder de la Revolución de Octubre, lo más importante de la obra de London fue la crítica que realizó sobre el revisionismo y oportunismo del Partido Socialista de los EE.UU. Se cuenta también que hacia el final de los días del líder soviético, cuando ya había sufrido varios ataques cerebrales y no podía hablar, su mujer, Nadezhda Krupskaia, solía leerle a London. Parece ser que dos días antes de su muerte Lenin escuchó en la voz de su mujer, la lectura de Amor a la vida, su cuento preferido del autor de El talón de hierro.

Sobre la obra de Jack London también podemos mencionar un recuerdo de Ernesto Che Guevara, que aparece en La sierra y el llano, en el año 1961. Cuenta el revolucionario argentino-cubano que, tras ser herido en una balacera en el desembarco del Gramna, recordó un cuento de London, aunque no especifica de qué relato se trata. Allí dice Guevara:

Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo.

El cuento de London, que transcurre en la helada Alaska, se titula Encender una hoguera, dice concretamente: Cuando hubo recobrado el aliento y el control, se sentó y recreó en su mente la concepción de afrontar la muerte con dignidad”.

Un fragmento del texto de Guevara: “Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida”, es rescatado en el año 1966 por Julio Cortázar, quien lo utiliza como epígrafe en su cuento Reunión (Todos los fuegos el fuego).

Antes de terminar esta primera parte del trabajo y pasar a estudiar algunos aspectos de la biografía y de la época en que vivió Jack London, veamos algunas otras recepciones y calificaciones de su obra, pero ya no de hombres vinculados al terreno político, sino al mundo de la literatura.

Comencemos por lo que dijo al final de su trabajo biográfico, el ya citado escritor norteamericano Irvin Stone: “con la desaparición de Jack London el mundo perdió una llama”. El poeta y crítico literario norteamericano Edwin Markhan, sostuvo que Jack London fue ”una parte de la juventud y el coraje heroico del mundo”, el novelista norteamericano Henry Miller, dijo de London: “No hallo otro escritor americano de igual coraje y de más fiera energía en América” y el escritor y dramaturgo ruso Leónidas Andreiev, manifestó:

Estimo yo en Jack London su vigor sereno, su talento firme, su hombría. Jack London es un escritor admirable, un bellísimo dechado de capacidad y voluntad orientados a la afirmación de la vida . . . ¡Talento prodigioso! Con ese don de observación que es patrimonio exclusivo de los escritores auténticos y sinceros, lleva al lector con mano amiga y fuerte a lo largo del camino y al terminar este viaje en su compañía duele separarse de él y se siente ya el ansia de mayores encuentros.

El Premio Nobel de Literatura, Anatole France, resaltó de London: “Ese peculiar genio que percibe lo que permanece oculto para la mayoría de los mortales”.

Para terminar estas citas que se podrían multiplicar, recordemos que George Orwell, consideraba El talón de hierro como una obra premonitoria que le influyó en la creación de 1984.

El hombre y su mundo

La corta y fructífera vida de Jack London (San Francisco, Estados Unidos, 12 de enero de 1876 – Glen Ellen, Estados Unidos, 22 de noviembre de 1916), cuyo nombre verdadero era John Griffith London, podría ser comparada con una de sus novelas de aventuras. No fue un escritor rodeado únicamente por libros; su vida estuvo plagada de los más diversos trabajos y de las más coloridas aventuras, donde no faltaron ladrones, piratas y paisajes extravagantes de lugares remotos. En el terreno literario fue uno de los dichosos creadores que pudo gozar en vida de su éxito. A comienzos del siglo XX era el escritor norteamericano más leído fuera de los Estados Unidos, el más famoso y el mejor pagado.

Algunos estudiosos de la vida de London sostienen que fue un hijo ilegítimo de William Chaney, un astrólogo itinerante que nunca reconoció su paternidad. El apellido “London” se lo dio el hombre que se casó con su madre y lo adoptó como hijo, un veterano de la guerra civil llamado John London. Vivió su infancia en la ciudad de Oakland en medio de dificultades económicas. Su padrastro no gozaba de un trabajo fijo,y su madre, Flora Wellman, una mujer de origen adinerado, tenía una salud muy precaria, padecía de neurosis y era aficionada al espiritismo. Debido a estas dificultades, Jack fue criado por una antigua esclava, Virginia Prentiss, quien fue como su segunda madre. Además de asistir a la escuela, el joven London se vio en la necesidad de vender periódicos en la calle para ayudar a su familia. Esta condición de buscavida desde muy pequeño lo condujo en los primeros años de su juventud hacia el puerto de Oakland, donde conoció ciertos personajes picarescos y se aficionó con la bebida y con el mundo del mar. Pronto se transformó en ladrón de ostras y en navegante de la bahía de San Francisco. A los diecisiete años se enroló en  un barco y se fue a cazar focas a las costas japonesas. Al regresar, se ocupó en diferentes empleos que le aportaron un escaso salario. Trabajó en una fábrica de yute, en una lavandería, en una fábrica de enlatados y en una mina de carbón. En el año 1894, London se unió a una columna de desempleados que marchó desde California hasta Washington a pedir empleo. Esta experiencia no tuvo un final grato para London, terminó en la prisión de Niagara Falls pagando una condena de un mes por vagabundeo. De todas formas, este fue un evento trascendental en la vida del futuro escritor, que lo llevó a sumarse a las filas del partido socialista de Oakland y a involucrarse en las luchas sociales y políticas que se estaban dando en el país. Por esta época ingresó a la universidad, pero la abandonó rápidamente por presiones económicas y por sentirse desilusionado con la educación recibida.

En 1897, Jack London se embarcó rumbo a Alaska a buscar oro. La suerte no lo acompañó en esa travesía y regresó mucho más débil, con algunas dolencias y tan pobre como se fue. A partir de ese momento de su vida, London decide dedicarse a la escritura.

Antes de convertirse en escritor, Jack London había sido un gran lector. Durante su niñez y primera juventud leyó cientos de novelas en la biblioteca pública de Oakland. Más adelante en su vida llegarían las lecturas de los autores que más lo influenciarían en su labor como escritor, entre ellos podríamos nombrar a Marx, Kipling, Spencer, Stevenson, Malthus, Poe, H. G. Wells y Nietzsche. La primera referencia que se tiene de London como escritor es de cuando el joven contaba tan solo con diecisiete años. A esa edad ganó el primer premio de un concurso periodístico con la descripción de un tifón, una de las tantas experiencias que había vivido en su labor de marinero. Tras su regreso de Alaska London alquiló una máquina de escribir y se propuso seriamente convertirse en escritor. En su autobiografía novelada Martín Eden, London se refiere a este momento de su vida de la siguiente forma:

Y entonces, restrellante de luz, brotó la idea. Escribiría. Sería uno de los ojos del mundo, uno de los corazones a través de los cuales siente ese mundo y uno de los oídos a través de los cuales el mundo oye . . . En prosa y en verso, sobre hechos reales e imaginarios . . . escribiría . . . Escribía torrentosa e intensamente, de la mañana a la noche y bien entrada la noche . . . Era el suyo un continuo estado febril. La gloria de crear, que se suponía atributo exclusivo de los dioses, era suya.

En un principio las cosas no le fueron fáciles, sufrió sistemáticos rechazos y enfrentó muchas dificultades antes de poder publicar. Pero poco a poco las puertas se le fueron abriendo, comenzó publicando artículos y cuentos en revistas, sobre sus aventuras en Alaska y en los mares del pacífico. Luego llegaron los primeros triunfos y rápidamente el éxito con obras como: La llamada de la selva, El lobo de mar, Colmillo Blanco, El silencio blanco, La expedición del pirata, Cuentos de los Mares del Sur, entre otras. Sin embargo, el éxito literario no significó para London la superación de sus problemas existenciales. Si bien se pudo dedicar a navegar por la Bahía de San Francisco, comprar un rancho de 1.000 acres y  hacer algunos viajes fuera del país, su adicción al alcohol junto a sus problemas renales y hepáticos lo fueron diezmando física y psicológicamente. Poco a poco la morfina y la heroína comenzaron a suplantar al alcohol y a los analgésicos. Comenzó a pensar que se estaba volviendo loco y se obsesionó con la idea de suicidarse. Finalmente, el 22 de noviembre de 1916, en Glen Ellen (California), con apenas 40 años de edad dejó de existir. Si bien el certificado de defunción escrito por sus médicos dice que la causa de su muerte fue una uremia, diferentes biógrafos aseguran que se trató de un suicidio. Se habla de una sobredosis de morfina combinada con otras drogas que el escritor solía utilizar para calmar sus dolores renales. Los médicos intentaron salvarle la vida, pero, tras una agonía de doce horas, falleció. 

El militante socialista

Un capítulo aparte en la vida de este autor lo ocupa la militancia política. Es importante que nos detengamos en esta faceta de London, porque encontraremos ideas y temas que se desarrollarán en gran parte de sus obras. Ya vimos en el apartado anterior que en  1984 London marchó junto a un grupo de trabajadores a Washington en reclamo de empleo, ocasión en la que terminó preso durante un mes, y que lo llevó a tomar la decisión de sumarse al partido socialista e involucrarse en las luchas sociales. Como trabajador, le toco ser testigo del tratamiento degradante que se les daba en Nueva York a los trabajadores, sobre todo a los inmigrantes. Cuando estuvo en Londres como periodista, quiso conocer el East End, una zona de la ciudad donde vivían las clases populares. Allí convivió con los más pobres y plasmó la sacrificada vida de esas personas en un trabajo investigativo que tituló El pueblo del abismo. En los primeros años del siglo XX, en Estados Unidos, los movimientos sociales y sindicales comenzaron a hacerse sentir. Los abusos frecuentes de la clase empresarial y las condiciones infrahumanas en las que se debía trabajar provocaron un fuerte descontento en las masas trabajadoras. A los abusos, los trabajadores respondían con huelgas, pero estas eran aplastadas, ya sea por la fuerza pública o por ejércitos de matones privados al servicio de los empresarios. Esto llevó a que, en el año 1904, el Partido Socialista consiguiera un avance sustancial en las elecciones presidenciales y a que, en el año 1905, naciera el Industrial Workers of the World, un sindicato radical opuesto a las posiciones conciliadoras de la American Federation of Labor. Fue precisamente en ese año de 1905 cuando London comenzó a recorrer el país dando conferencias. Sus charlas, de fuerte contenido social y político, le servían para promocionar sus libros y al mismo tiempo difundir las ideas socialistas. En un artículo de 1906, titulado Yo he nacido en la clase obrera, London plasma una serie de argumentaciones, seguramente muy similares a las que expresaba en esas conferencias referidas. Allí dice:

Ya antes de mi nacimiento, otros espíritus más desarrollados que el mío, habían expresado todo lo que yo pensaba y se habían adelantado a su tiempo. Fue entonces cuando descubrí que era socialista. Los socialistas eran revolucionarios, en la medida en que luchaban para transformar la sociedad tal como existe actualmente, y con otros materiales, construir una nueva sociedad. Yo también era socialista revolucionario . . . Estas son mis perspectivas. Aspiro al nacimiento de una nueva época donde el hombre realizará el mayor progreso, un progreso más elevado que el de su vientre, y en el que el aura para animarlos para nuevas acciones será mucho más estimulante que la actual derivada de su estómago. Guardo intacta mi confianza en la nobleza y excelencia de la especie humana. Creo que la delicadeza espiritual y el altruismo triunfaran sobre la glotonería grosera que reina hoy en día. En último lugar quiero hacer constar mi confianza hacia la clase obrera. Como ha dicho un francés: En la escalera del tiempo resuenan sin cesar el ruido de los zuecos que suben, y de los zapatos barnizados que descienden.

Los salones de diferentes ciudades se llenaban de trabajadores que escuchaban atentamente hablar a London de una revolución purificadora y del final del capitalismo. Pero a pesar de que su éxito popular era incuestionable, los líderes socialistas del momento no veían con demasiada simpatía las propuestas radicales del escritor y se mostraban más afines con la idea de tumbar el capitalismo por la vía democrática. Consciente de su posición menos optimista de la realidad y desilusionado de la clase dirigente del movimiento social, es que London decide escribir la obra que estudiaremos en profundidad en la siguiente entrega, El talón de hierro.


chelle

Fernando Chelle (Mercedes, Uruguay, 1976). Poeta, narrador, ensayista, corrector de estilo y crítico literario uruguayo, radicado en Colombia desde el año 2011. Autor de los libros: Poesía de los pájaros pintados (2013), Curso general de lectoescritura y corrección de estilo (2014), El cuento fantástico en el Río de la Plata (2015), Muelles de la palabra (2015), Las otras realidades de la ficción (2016); El cuento latinoamericano en el siglo XX (2016), SPAM (2017), Las flores del tiempo (2018) y Cadencias que el aire dilata en la sombra (2018). Ha recibido varios premios en poesía, cuento y ensayo literario. Algunas de sus obras, traducidas a diferentes idiomas, forman parte de diversas antologías y se han publicado en numerosos países.

Su blog: PALABRA ESCRITA

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