Microrrelatos del Nuevo Mundo, por Diego Despreciado

Lo real-maravilloso

Mientras la duquesa se paseaba por las anchas calles de Castilla presumiendo su collar de plata, en el Nuevo Mundo un perro bebía del río más dulce a la vez que de su hocico colgaba una gran pieza de oro.

 

Guayacanes

Los indios sonreían cada vez que veían florecer los guayacanes. Sabían que se trataba de la reencarnación de los grandes caciques que habían enterrado coronados de oro.

 

Vuelo fugaz

—¿Y si veo un cocuyo fugaz en medio de la noche?

—Pide un deseo.

 

El tesoro

Entre los habitantes del Nuevo Mundo corrió la voz de que estaban llegando barcos cargados de hombres armados buscando tesoros, razón por la cual decidieron recibirlos con oro. Esto con el fin de que no se les llevaran el maíz.

 

¡Almirante,  encontramos el cielo!

Bien sabido era que el añil, planta de la que sacaban los pintores el color azul para retratar el cielo, era muy escasa en el Viejo Mundo, por lo que un navegante, al ver inmensos campos de añil en el Nuevo Mundo gritó: ¡Almirante, encontramos el cielo!

 


Diego Despreciado. Apartadó, Antioquia, Colombia. Ha publicado Pequeñas crónicas del Nuevo Mundo, proyecto ganador de la Convocatoria Pública en Cultura y Patrimonio 2016 del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia. Ganador del primer premio en el XXXI Concurso Universitario Nacional de Poesía 2018 de la Universidad Externado de Colombia, así como del V Concurso Regional Mesa de Jóvenes Jorge García Usta 2019 del Festival Internacional de Poesía en el Caribe.

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