Malgré tout | Inés y la (des)ilusión del amor

Por Nancy Hernández García

Es sabido que la fórmula de la literatura es vida (propia o ajena) + imaginación, a la última hay que agregarle talento; quien piense que escribir es cosa fácil está rotundamente equivocado. El trabajo del escritor es difícil, casi como el de un amansador de caballos, porque a veces así se comportan las palabras: llegan en tropel y van formando ideas que se complejizan cada vez más, entonces uno —el escritor— debe luchar contra ellas, acariciarlas para obtener su suavidad fónica o azotarlas para producir un efecto contundente en el conjunto de párrafos que formarán los textos… en este sentido, en la escritura también cabe una analogía con las sinfonías: hay que decir pero también callar para insinuar y seducir al lector, estimular su inteligencia con las distintas interpretaciones que puede darle a un texto.

Dije anteriormente que la vida es un ingrediente para la preparación de textos literarios, por eso es que el lector logra identificarse con las situaciones, los personajes o incluso con el propio autor, pues este ha transformado en palabras eso que le pasa —piensa- siente-cree—, lo cual no es raro porque la literatura es una manifestación artística humana, por lo tanto, sería imposible que no hubiera esta intimidad entre el lector y el texto —me atrevo a pensar que incluso pasa con lecturas difíciles como Finnegans Wake—. Pero qué pasa cuando de pronto, a mediados del siglo xx una escritora mexicana tiene como poética u obsesión temas que de por sí incomodan a la sociedad: muerte, locura, erotismo, incesto. ¿El lector también se identificará con esta escritura? y, por otro lado —el de la escritora—, ¿cómo lograr poner en palabras todo esto que pasa pero hacemos como que no?

Inés Arredondo (Culiacán, Sin., 1928 – CDMX, 1989) narradora integrante de la Generación de Medio Siglo, misma que fue numerosa, diversa y cosmopolita debido a dos cosas: una, que estaba formada por mexicanos y extranjeros refugiados en este país, sobre todo españoles desterrados por Franco, y dos, los intereses estético-intelectuales de cada uno de ellos. Esta generación siguió el consejo de Octavio Paz: dejar atrás el nacionalismo y expandir los horizontes intelectuales para ver el mundo desde otra perspectiva. Así, la vida rural dejó de ser un tema literario, lo mismo que la Revolución y sus héroes; ahora los escritores cuestionaban esta parte de la Historia mexicana, pues dolorosamente se daban cuenta de que las promesas del levantamiento armado (tierra y libertad, igualdad y justicia social, etc.) solo fueron eso, entonces no tenía caso continuar por ese camino. El consejo de Paz resultaría terreno fértil para este grupo de escritores que renovó el panorama literario nacional al experimentar técnicas, estructuras, formas y temas. Los integrantes de la generación también tuvieron su propia relevancia, casi todos destacan por algún rasgo característico de su obra.

Arredondo pasó la infancia en Culiacán, en la hacienda El Dorado, propiedad de su abuelo materno y que también tomará, por lo menos el nombre, como escenario de sus narraciones; los estudios preparatorianos los hizo en un colegio católico de Guadalajara y los universitarios (1947) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, compartiendo aula con Rosario Castellanos, Jaime Sabines y Rubén Bonifaz Nuño, entre otros. La primera carrera que eligió fue Filosofía, sin embargo, las lecturas de las obras de Nietzsche y Kierkegaard aunadas al ambiente de escepticismo y ateísmo que la rodeaba, la sumieron en una terrible crisis emocional que la llevó a intentar suicidarse y por recomendación de su médico, cambió de carrera. Esta vez se decantaría por las letras y el arte dramático.

En 1958 se casó con el poeta y traductor Tomás Segovia, pero el matrimonio duró poco tiempo; procrearon cuatro hijos, uno de los cuales nació muerto, ocasionándole una fuerte depresión a la escritora. Se sabe también que la pareja no funcionó debido al fuerte carácter y los celos profesionales de Segovia, pues aunque colaboraron en la Revista Mexicana de Literatura, el nombre de la escritora no figuró hasta que se separaron. Pese a algunos intentos por hacer que funcionara, la pareja finalmente se divorció en 1962.

Con un matrimonio fallido, crisis depresivas y tres hijos en guardia y custodia, Inés Arredondo tomó valor para continuar con su vida y desarrollar la escritura, oficio para el que sin duda tenía talento, no obstante la brevedad de su obra. Algunos de sus cuentos aparecieron en la Revista Mexicana de Literatura, pero la crítica no le dio importancia “a la esposa de Tomás Segovia”.

Esta suerte de olvido por parte de la crítica la acompañaría prácticamente durante su carrera, pues aunque recibió el Premio Xavier Villaurrutia (1979), el más importante en México, por Río subterráneo, no goza de la popularidad que tienen otros de sus compañeros. Estudiosas como Caludia Albarrán y Beatriz Espejo han retomado las narraciones de Inés Arredondo para examinarlas y darle al tímido lector algunas pistas para interpretar a esta autora sui generis, pues, si bien la Generación del Medio Siglo se caracteriza por su experimentalidad, Arredondo lo hará desde el sobreentendido, es decir, con un trabajo artesanal de la palabra para escribir precisamente lo que quiere decir y que esto al mismo tiempo guarde un poco de misterio; la suya es una escritura reveladora porque insinúa. Y desde esta perspectiva se asemeja mucho a la poesía.

La insinuación, el misterio y las fuerzas opuestas en constante tensión, son rasgos de su narrativa que se vislumbran ya desde su primer cuento, “El membrillo” [https://www.revistadelauniversidad.mx/articles-files/932aebd4-905b-4670-b635-c3931c565d3f], aparecido en las páginas de la Revista de la Universidad en 1957. En este relato, Elisa, la protagonista, pierde la inocencia a causa del dolor que le causa presenciar que su novio siente atracción por una chica de su grupo de amigas por ser una joven más provocativa que ella y el resto; al saberse poco atractiva a los ojos de su novio, Elisa sufre, pero la historia da un giro y finalmente ella se transforma en una mujer, es decir, en lo que el novio desea.

La intensidad de las emociones femeninas es otro rasgo característico de los personajes arredondianos, quienes son puestos en situaciones casi límite del ser, es decir, la escritora plantea situaciones donde los vínculos humanos no se dan únicamente por amor u odio, por ejemplo, sino que más bien se trata de una mezcla de sentimientos y conveniencias las que los unen. Los relatos de Río subterráneo son para el lector una vorágine, deslumbra la precisión quirúrgica de las narraciones; sin embargo, algunos también resultan oscuros, encriptados.

  • “Las palabras silenciosas”: Soledad. “Si no conocemos el valor de las palabras de los hombres, no los conocemos a ellos”.
  • “2 de la tarde”: Es repugnante ver que el acoso hacia las mujeres sigue vigente. “La muchacha había quedado muy cerca de él; se arrimó a ella con disimulo y le pasó la mano a lo largo del muslo. […] Ella lo miró a la cara y él le sonrió con una sonrisa podrida”.
  • “Los inocentes”. Des-gar-ra-dor. El cuento está dedicado al escritor nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez, exiliado en México; avanzado el relato, un fragmento me recordó el terrible caso del poeta Juan Gelman y su hijo, asesinado porque lo confundieron con él:

Yo no sabía que existía, y él tampoco, quizá, sabía nada de mí. No tuvimos tiempo de aclarar eso. Sé que se llama Lázaro Echave, como mi padre y como mi hijo, y que fue por la coincidencia de nombres por lo que, aquel último día, sacaron de la casa a mi hijo en medio de los soldados. Un equívoco, aunque seamos medio hermanos. Un equívoco. Pero después. hagan conmigo lo que hagan, herida sobre herida, no sacarán de mi boca su nombre, ese amado nombre, porque ahora ya están convenidos de su error.

  • “Las muertes”. El pan de cada día. Relato sobre la violencia con la que se expone la muerte en los medios de comunicación, televisión y prensa, y cómo con refinada estética de la barbarie asesinan los que asesinan, por el motivo que sea.
  • “Orfandad”. Grotesco.
  • “Apunte gótico”. Incesto padre e hija, causa de la locura de la madre y tal vez de la muerte del padre.
  • “Río subterráneo”. Historia de una familia presa de la locura cuya última víctima acepta este destino y previne al último descendiente instándolo a que no vaya nunca “al país de los ríos. Nunca vuelvas a pensar en nosotros, ni en la locura. Y jamás se te ocurra dirigirnos un poco de amor”.
  • “Año Nuevo”. Encriptado.
  • “En Londres”. Locura, extrañeza, otredad.
  • “En la sombra”. Más locura.
  • “Las mariposas nocturnas”. Oscuro. Este relato es un una historia aparentemente inconexa, sin mucho sentido. Debe leerse con cuidado y por lo menos dos veces para tener una idea de la historia que nos cuentan; no es sencillo darle una interpretación.

Es un cuento interesante que pone de manifiesto lo complejo y complicadas que son las relaciones interpersonales y cómo el amor a veces no es como nos lo han enseñado los cuentos de hadas, sino un vil intercambio, oferta y demanda: tú tienes eso que a mí me gusta y yo lo puedo adquirir, así que te ofrezco algo que tú quieras a cambio. Eso es lo que experimenta la protagonista, una joven hermosa hambrienta de conocimiento y con ganas de recorrer el mundo, por lo que sus libros ya no son suficientes. Su suerte cambia cuando el hacendado del pueblo se fija en ella y a cambio de su virginidad, su belleza y su presencia, le da acceso a su biblioteca y viajes al extranjero. Todo esto a cambio también de que con su bella y culta presencia cubra su homosexualidad, pues el hacendado tiene una relación con su asistente, quien además era el encargado de buscarle jovencitas para su disfrute.

Al final, la joven sale de esa hacienda sin nada material pero con una experiencia (viajes) que de otra manera no tendría y cultivada; sabiendo, además, que efectivamente es valiosa, ahora más todavía.

  • “Atrapada”. Así sentimos las mujeres. Este junto con el primero, son mis cuentos favoritos del libro. Nuevamente Arredondo habla del sentir de las mujeres, de cómo nos vemos inmersas en situaciones que deberían llevarnos a la felicidad, sin embargo, el camino hacia ésta también tiene espinas y las aceptamos no para convertirnos en mártires, sino porque una vez que conocemos el dolor ya no podemos alejarnos mucho de él. Voltaire dijo que el café es un veneno lento, pues el amor también. Y no significa que por sumisión las mujeres deban soportarlo todo, es algo más complejo que involucra las emociones y los sentimientos. La culpa de que se caiga en estas situaciones difíciles es de la educación sentimental que recibimos: a las mujeres se nos enseña a ser de casa, que la vida es rosa y se ignoran los demás colores (incluido el negro); a los hombres prácticamente se les quita responsabilidad afectiva porque no es viril que demuestren sus sentimientos con lágrimas ni con palabras.

La escritura de Inés Arredondo es tremendamente vigente, justo ahora que las mujeres volvemos a cuestionarnos sobre nosotras mismas y la forma en la que nos desarrollamos en la sociedad, cuando se lucha por romper con los estereotipos y los roles sociales gritándole al mundo entero que una mujer es valiosa no solo para fines reproductivos, sino por los aportes intelectuales, culturales, científicos, etc., con los que también contribuimos.

Arredondo nos da una gran lección en todos sentidos, como creadora pero también como mujer.


Nancy Hernández García (Cuautla, Mor., 1990). Maestra en Letras Mexicanas, interesada en la literatura mexicana del siglo XX; escribe la columna “hojasueltas” de la revista digital Amarcafé y lee poesía en sus ratos libres. Ganó el Premio Bitácora de Vuelos 2018 en la categoría de Ensayo con el libro Palabra e imagen en Morirás lejos: Un acercamiento a José Emilio Pacheco, mismo que se acaba de publicar.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s