Las mil y una páginas| El talón de hierro, de Jack London (II), por Fernando Chelle

Una literatura, para la revolución

Ese conferencista incendiario que recorría el país hablando de la revolución, ese extraño híbrido de obrero, militante revolucionario, aventurero y escritor, no se conformó solamente con recrear en sus libros sus aventuras por diferentes tierras, también quiso hablar de su condición de revolucionario, de sus sueños de crear una sociedad más justa. Así fue que concibió obras donde los principales protagonistas son los trabajadores y donde la explotación capitalista y la lucha por la liberación social, representa la temática principal. Al abordar estos temas, London presagió muchos de los conflictos sociales que se vivieron en las décadas posteriores a su muerte. Se refirió tanto a la expansión del capital financiero como a la burocratización sindical y los conflictos en el interior del movimiento obrero. Entre las obras más destacadas de este tipo de literatura londoniana, podemos nombrar a: La lucha de clases, Suyo por la Revolución, Tiempos malditos, Historia de los siglos futuros, La huelga general, El talón de Hierro, El pueblo del abismo, Guerra de clases, Los favoritos de Midas, Revolución y otros ensayos, Goliah, La fuerza de los fuertes y Estado de Guerra.

 

El talón de hierro

Publicada en 1908, El talón de hierro es una de las novelas más representativas de la literatura política de Jack London.

La novela cuenta una parte fundamental de la vida del revolucionario norteamericano Ernest Everhard, capturado y ejecutado en el año 1932 por parte del gobierno oligárquico (El talón de hierro), tras haber formado parte de un levantamiento revolucionario. Comienza con un prólogo, escrito desde un futuro socialista, fechado en el año 2600, siete siglos después de sucedidos los hechos que se cuentan en el relato. Anthony Meredith, ficticio personaje que firma el prólogo y una de las dos voces narrativas de la novela, asegura haber encontrado el manuscrito perteneciente a  Avis Everhard, una joven de la alta sociedad, quien se enamora de Ernest, se casa con él, y pasa también a ser una activista revolucionaria.

La historia es narrada en primera persona, por Avis Everhard, quien rememora con el escrito la imagen de su esposo ya fallecido, contando su historia desde el momento en que se conocieron. El relato se centra en los acontecimientos que sucedieron en los años en los que se consolidó El talón de hierro, un poder político y económico inédito en la sociedad que no dudó en aplastar los levantamientos obreros de principios del siglo XX. Avis Everhard, a quien podríamos llamar la narradora principal, nos cuenta los acontecimientos como una verdadera testigo de los hechos, hasta que su relato se interrumpe bruscamente. La historia se completa entonces con las notas escritas varios siglos después por Anthony Meredith, a quien podríamos llamar narrador secundario, quien comenta y enriquece los acontecimientos históricos narrados por Avis Everhard.

Internamente la novela presenta dos partes o momentos claramente diferenciados. La primera parte del relato se caracteriza por tener muy poca acción. Allí encontramos la presentación de los personajes, fundamentalmente la del militante revolucionario Ernest Everhard. London se sirve de los diálogos que Everhard mantiene con diferentes representantes de la sociedad capitalista para poder abordar en la novela temas como la metafísica, la ética, los intereses de las distintas clases y hacer también una fundamentada defensa del socialismo y del determinismo histórico de acuerdo a las premisas establecidas por el marxismo.

Los primeros capítulos nos cuentan el proceso de enamoramiento de Avis y su toma de consciencia revolucionaria. Ernest Everhard es un excelente conversador y argumentador. Por medio de Avis, frecuenta reuniones donde asisten algunos miembros de las clases privilegiadas. Estos, al principio, lo escuchan atentamente porque lo ven como algo exótico, pero se terminan incomodando, cuando Everhard les muestra una realidad, donde ellos son los responsables de los males que aquejan a la sociedad. En los intercambios de opiniones, Everhard deja en claro cuáles son los engranajes sobre los cuales se mueve el sistema opresor. Conscientes del peligro que significa Ernest Everhard para sus intereses, los miembros de la oligarquía comienzan a tratar por todos los medios de frenar el ascenso político del joven revolucionario.

En la segunda parte la narración se centra en la consolidación de la dictadura de la oligarquía (El talón de hierro). Es una parte de la novela que presenta mucho más acción que la primera. Se cuenta como en el año 1912 estuvo a punto de concretarse un enfrentamiento bélico entre EE.UU. y Alemania, pero una huelga general, llevada adelante por trabajadores socialistas de ambas naciones, abortó el enfrentamiento. Tras la huelga hay un triunfo revolucionario en Alemania y en EE.UU. la lucha social se radicaliza. Para enfrentar este panorama, los poderes económicos norteamericanos compran a los sindicatos más importantes (ferrocarriles, acero y metalúrgicos), de esta forma el movimiento obrero se ve debilitado y los capitalistas deciden imponer una tenaz tiranía (El talón de hierro). La oligarquía, junto a ese grupo de trabajadores comprados, asume el poder total de la sociedad, mientras la gran mayoría de la población trabajadora cae en la miseria más extrema, conformando lo que en la novela se denomina “el pueblo del abismo”. Los socialistas, los protagonistas entre ellos, se ven obligados a seguir luchando desde la clandestinidad.

Hay dos revueltas referidas en la novela, en la primera, denominada “Comuna de Chicago”, la población trabajadora es aplastada. Posteriormente, mientras los trabajadores preparan la segunda revuelta, Ernest es asesinado y el relato de Avis Everhard se interrumpe bruscamente. El narrador secundario continúa refiriendo como se siguieron dando las luchas sociales por varios siglos bajo el poder del talón de hierro, hasta que por fin los trabajadores lograron derrotarlo y establecer un gobierno llamado “fraternidad del Hombre”.

En la novela se exponen, comentan o cuestionan gran número de temas. Se habla tanto de los medios de producción o comunicación, como de las leyes o de las creencias religiosas o morales. A continuación, para que el lector de este trabajo tenga un acceso directo a lo que dice la obra de London sobre algunos temas puntuales, se citarán pequeños fragmentos.

Así justifica Avis Everhard la necesidad de su escrito y así comienza la novela:

He aquí por qué quiero consagrar este período de espera y de ansiedad al recuerdo de mi marido. Soy la única persona del mundo que puede, proyectar cierta luz sobre esta personalidad, tan noble que es muy difícil darle su verdadero y vivo relieve. Era un alma inmensa […]. No podemos fracasar, porque construyó demasiado sólidamente, demasiado seguramente. ¡Del pecho de la humanidad abatida arrancaremos el Talón de Hierro maldito! A una señal convenida, por todas partes se levantarán legiones de trabajadores, y jamás se habrá visto nada semejante en la historia. La solidaridad de las masas trabajadoras está asegurada, y por primera vez estallará una revolución internacional tan vasta como el vasto mundo.

Así le habla Ernest Everhard al obispo:

¿Habéis protestado ante vuestras congregaciones capitalistas contra el empleo de niños en las hilanderas de algodón del Sur? Niños de seis a siete años que trabajan toda la noche en equipos de doce horas. Los dividendos se pagan con su sangre. Y con ese dinero se construyen magníficas iglesias en Nueva Inglaterra, en las cuales sus colegas predican agradables simplezas ante los vientres repletos y lustrosos de las alcancías de dividendos.

Así le habla Ernest Everhard al abogado: “Dígame coronel, ¿tiene algo que ver la ley con el derecho, con la justicia, con el deber?”; así le habla Ernest Everhard al periodista: “Me parece que su tarea consiste en deformar la verdad de acuerdo con las órdenes de sus patrones, los que, a su vez, obedecen la santísima voluntad de las corporaciones”.

Algo similar le dice al sacerdote, cuando ingenuamente espera que sus críticas al sistema capitalista aparezcan en la prensa: 

Ni una sola palabra de lo que dijo será publicado. Tú no tienes en cuenta a los directores de diarios, cuyo salario depende de su línea de conducta, y su línea de conducta consiste en no publicar nada que sea una amenaza para el poder establecido.

Ernest Everhard luchaba por lo siguiente:

Nuestra intención es tomar no solamente las riquezas que están en las casas, sino todas las fábricas, los bancos y los almacenes. Esto es la revolución. Queremos tomar en nuestras manos las riendas del poder y el destino del género humano. ¡Estas son nuestras manos, nuestras fuertes manos! Ellas os quitarán vuestro gobierno, vuestros palacios y vuestra dorada comodidad, y llegará el día en que tendréis que trabajar con vuestras manos para ganaros el pan, como lo hace el campesino en el campo o el hortera reblandecido en vuestras metrópolis. Aquí están nuestras manos. Miradlas: ¡son puños sólidos!

Sobre la desigualdad en el reparto de los beneficios de la industrialización, Ernest Everhard dice:

Cinco hombres bastan ahora para producir pan para mil personas. Un solo hombre puede producir tela de algodón para doscientas cincuenta personas, lana para trescientas y calzado para mil. Uno se sentiría inclinado a concluir que con una buena administración de la sociedad el individuo civilizado moderno debería vivir mucho más cómodamente que el hombre prehistórico. ¿Ocurre así? […] Si el poder de producción del hombre moderno es mil veces superior al del hombre de las cavernas, ¿por qué hay actualmente en los Estados Unidos quince millones de habitantes que no están alimentados ni alojados convenientemente, y tres millones de niños que trabajan? […] Ante este hecho, este doble hecho –que el hombre moderno vive más miserablemente que su antepasado salvaje, mientras su poder productivo es mil veces superior–, no cabe otra explicación que la de la mala administración de la clase capitalista; que sois malos administradores, malos amos, y que vuestra mala gestión es imputable a vuestro egoísmo.

Como se refirió en la biografía, las posturas radicales de London no veían como viable un cambio de sistema por la vía democrática. Respecto a esto, dice Ernest Everhard: “Sabemos, y lo sabemos al precio de una amarga experiencia, que ninguna apelación al derecho, a la justicia o a la humanidad podría jamás conmoveros”. Y cuando un miembro de la oligarquía le refiere que no aceptarán ser sacados del poder, Ernest Everhard le responde:

Y el día que hayamos conquistado la victoria en el escrutinio, si os rehusáis a entregarnos el gobierno al cual llegaremos constitucional y pacíficamente, entonces replicaremos como se debe, golpe por golpe, y nuestra respuesta estará formulada por silbidos de obuses, estallidos de granadas y crepitar de ametralladoras.

Continúa Everhard con esta sentencia: “El poder será el árbitro. Siempre lo fue. La lucha de clases es un problema de fuerza. Pues bien, así como su clase derribó a la vieja nobleza feudal, así también será abatida por una clase, la clase trabajadora”.

Everhard no cuestiona a aquellos hombres que al conmoverse con la injusticia recurren a la caridad, pero sostiene que es una conducta inútil si lo que se quiere es transformar la sociedad. Es significativo también lo que sucede con el sacerdote, cuando descubre dolorosamente como la iglesia es cómplice de la miseria existente en la sociedad. Everhard sabe que cualquier denuncia o cambio de postura del sacerdote, a nivel de la iglesia, será completamente inútil.

A los burgueses, desplazados por las grandes compañías, que sueñan con volver a la época preindustrial, Ernest Everhard les dice:

En lugar de destruir esas máquinas maravillosas, asumamos su dirección. Aprovechémonos de su buen rendimiento y de su bajo precio. Desposeamos a sus propietarios actuales y hagámoslas caminar nosotros mismos. Eso, señores, es el socialismo. Venid a nosotros y sed nuestros compañeros en el bando ganador.

Sobre los partidos políticos tradicionales y los sindicatos vendidos, sostiene Ernest Everhard: “los políticos de los viejos partidos […], los criados, los sirvientes de la plutocracia y  los sindicatos sumisos se esforzarán por transformar sus organizaciones en corporaciones cerradas, y lo conseguirán”.

Sobre la guerra que pretendían llevar adelante EE.UU y Alemania, dijo

la oligarquía quería la guerra con Alemania por una docena de razones […] Además, el período de hostilidades debía consumir un volumen de excedentes nacionales, reducir el ejército de parados que amenazaban en todos los países y dar a la oligarquía tiempo para respirar, para madurar sus planes y realizarlos […] deberán gastar sus excesos de riqueza en obras públicas, como las clases dominantes del antiguo Egipto erigían templos y pirámides con la acumulación de lo que habían robado al pueblo.

Finalmente, en cuanto a la conducta que debían llevar adelante las masas trabajadoras para tumbar El talón de hierro, Ernest Everhard sostenía:

Es inútil, estamos derrotados por anticipado. El Talón de Hierro está ahí. Había puesto mis esperanzas en una victoria pacífica, lograda gracias a las urnas. Seremos despojados de las escasas libertades que nos quedan; el Talón de Hierro pisoteará nuestras caras; ya no cabe esperar otra cosa que una sangrienta revolución de la clase trabajadora. Naturalmente, lograremos la victoria, pero me estremezco al pensar en lo que nos costará.

 No solo una distopía

Para finalizar el artículo, una pequeña reflexión sobre este punto. El talón de hierro es una novela que fácilmente podríamos catalogar como distópica. Los hechos transcurren en un futuro próximo al  tiempo en que fue publicada. Es una obra de anticipación que advierte sobre una posible sociedad futura gobernada por un régimen tiránico, controlador de la economía, la información y la justicia, mientras los trabajadores viven en condiciones miserables. Pero, si bien la descripción social dejada por Avis Everhard nos muestra una sociedad distópica, que la podríamos ver como una anticipación o advertencia de los regímenes fascistas de la Europa de entreguerras, también encontramos en la novela elementos utópicos y ucrónicos.

Utópica es la sociedad por la que lucha Ernest Everhard y su esposa, una sociedad igualitaria, justa, libre y pacífica. Si bien este tipo de sociedad se termina estableciendo y es desde donde se publica el manuscrito, en la novela no aparece descrita, aunque siempre esté presente en los sueños de los protagonistas. London, en esta obra, en lugar de mostrarnos una utopía socialista, nos muestra la lucha de los personajes para llegar a ella en medio de una sociedad de características distópicas. En cuanto al factor ucrónico, en menor medida, también está presente. Si bien en la obra no encontramos un punto Jonbar donde la realidad histórica toma otro rumbo, sí es una novela, que al igual que las ucronías, está anclada en un lugar histórico real. Leyendo el talón de hierro, vemos que también es válida la pregunta que podemos establecer en toda ucronía “¿qué hubiera pasado sí? El talón de hierro, al igual que este tipo de obras, conjetura y especula sobre cómo hubiera sido la vida si un régimen como el allí descrito hubiera triunfado.

Este artículo literario forma parte del libro: Las otras realidades de la ficción. Disponible aquí.


chelle

Fernando Chelle (Mercedes, Uruguay, 1976). Poeta, narrador, ensayista, corrector de estilo y crítico literario uruguayo radicado en Colombia desde el año 2011. Autor de varios libros, entre ellos: Las otras realidades de la ficción (2016); El cuento latinoamericano en el siglo XX (2016), SPAM (2017), Las flores del tiempo (2018) y Cadencias que el aire dilata en la sombra (2018). Ha recibido varios premios en poesía, cuento y ensayo literario. Algunas de sus obras, traducidas a diferentes idiomas, forman parte de diversas antologías y se han publicado en numerosos países.

Su blog: PALABRA ESCRITA

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