“Queríamos romper cosas, necesitábamos oír que se podía”, entrevista con Mafalda

Mafalda

Entrevista por Fernanda Piña

La crítica social en España tiene numerosos referentes musicales y atraviesa múltiples y diversas exigencias. Mafalda es una agrupación que, desde sus inicios en el 2010, ha abrazado la necesidad de compartir mensajes, con frecuencia radicales, que contribuyan a edificar un mundo más justo. Mi primer contacto con este proyecto llegó a través de su contribución musical al movimiento feminista por medio de canciones como En guerra y Las que faltaron, un par de gritos que afirman la necesidad de una revolución global encabezada por las mujeres. En sus colaboraciones con referentes musicales del feminismo en Latinoamérica, como Rebeca Lane y Sara Hebe, Mafalda ha ratificado su lugar como uno de los proyectos musicales más críticos de la actualidad española. Sin embargo, la crítica de Mafalda alcanza también otros desperfectos socioculturales, avanza a través de lo íntimo de las relaciones familiares y se introduce con fuerza en la disfuncionalidad del sistema económico imperante.

En esta ocasión, una llamada telefónica me conecta con uno de sus vocalistas, Marcos de la Torre, quien ha encontrado en Mafalda una vía de expresión que asegure que es posible romperlo todo y volver a construirlo. Marcos se encarga de transmitirme la perspectiva de la banda con respecto a las luchas de las que funge como altavoz, desde la violencia intrafamiliar hasta las estructuras de opresión más globalizadas. Si bien guarda su distancia con el movimiento feminista, al que se adscriben sus compañeras de banda, por considerar que no le corresponde hablar al respecto, manifiesta su intención de crear música que visibilice la lucha de quien no posee sus privilegios.

Primero tengo que hacerte una pregunta obligada en estos tiempos, ¿cómo has sobrellevado la cuarentena y cómo ha afectado a la banda?

La verdad es que para nosotres ahora mismo era el punto en el que más ocupades íbamos a estar. Estábamos esperando una tormenta de conciertos y de repente nos hemos visto parades en casa sin poder hacer nada más que componer y hacer deporte. Estamos todo el mundo ahora fuertísimes en España, ja, ja, ja… bueno, en todos los países, está todo el mundo haciendo yoga. Entonces el golpe emocional es muy fuerte porque planteábamos el 2021 como el año de parar, y ha sido lo contrario, ha sido el 2020. Hemos estado aceptándolo, pero ha sido duro.

¿Cómo ha sido tu proceso de deconstrucción del machismo y cantar sobre diversos temas de lucha social desde una posición de privilegio?

Algunas luchas nos atraviesan, otras no, intentamos ser un poco un altavoz, por así decirlo: acompañar esas luchas. Lo repetimos mucho, pero creemos que eso nos describe: acompañamos el momento histórico-social con nuestras canciones. Entonces muchas veces hablamos de temas que nos atraviesan y otras veces hablamos un poco dando el altavoz.

Mi proceso de deconstrucción, como el de todes les que lo intentan o que lo hacen, es el mismo, lo que pasa es que nosotres tenemos que escribir y dar la cara por diferentes colectivos en nuestras canciones, en nuestros discos y en el escenario. Es un proceso largo de enseñanza entre colegas, entre familia, y poco a poco vas avanzando.

¿Cómo ha influido ese proceso en tu manera de hacer música?

A nivel estrictamente musical en ninguna manera, porque ni siquiera he vetado grupos que sé que son de corrientes, por así decirlo, racistas. Por ejemplo, en Estados Unidos hay muchísimas bandas de la época del rock clásico, como Lynyrd Skynyrd, que son un grupo muy famoso, tienen esta canción de Free Bird, que abiertamente llevan la [bandera] confederada, son abiertamente racistas, abiertamente homófobos. Hay bandas como Manowar que también son abiertamente homófobas. Yo no he dejado de componer pensando en esas bandas por cómo hablan, porque para mí el artista o la artista pierde el derecho a su obra. Pero sí que a la hora de componer canciones lo hemos tenido muy, muy en cuenta en cuanto al lenguaje, la manera de expresarlo, la agresividad en el escenario, el rol que ocupamos como hombres, por ejemplo, todos los tíos de la banda. Hay muchas cuestiones que hemos tenido en cuenta, ha sido muy importante.

¿Cómo ha sido tu relación con tus compañeras a medida que han desarrollado el proyecto y la ideología de la banda?

En ocasiones aprendemos, en otras ocasiones discutimos, porque al final es un proceso en el que todes tenemos dudas, a todes nos cogen como algo nuevo muchas de las cosas que ocurren. Algunas cosas han sido muy fáciles de llevar y otras nos ha costado entenderlas porque cambian totalmente el status quo de cómo tú eres. Te piden a lo mejor que dejes de ser tan masculino en el escenario, y es algo que puedes llegar a entender una vez has entendido el rol que ocupan los hombres como frontman o ante el público, a veces es agresivo, a veces robas el espacio a tus compañeras. A veces es fácil y a veces es complicado, pero en general ha funcionado.

Me imagino que también pasa por la cuestión de renunciar a ciertos privilegios…

Más que renunciar, a mí me gusta más el concepto de reformular.

Han colaborado con referentes del feminismo en la música de Latinoamérica, como Rebeca Lane y Sara Hebe, ¿cómo ha sido esa experiencia?

A nivel musical, Sara Hebe y Rebeca Lane tienen un flow increíble. La verdad es que ha sido muy fácil trabajar con ellas porque, a diferencia de otres artistas que son más, por así decirlo, cosméticos, que velan más por su imagen que por su música, estas artistas son buenas raperas. Ha sido muy fácil trabajar con ellas, que se metan en la base, que ganen mucho flow. Nos encantaría volver a trabajar con ellas porque ha sido muy fácil.

Incluso lo decimos abiertamente: sus colaboraciones han mejorado las canciones, cosa que muchas veces no pasa. La verdad es que con ellas todo ha sido súper bien.

A nivel político han aportado lo que esperábamos que iban a aportar: una fuerza increíble y un discurso potente y muy madurado.

¿Fue un reto que los géneros que cantan fueran tan distintos?

Al ser música moderna, al no ser música clásica, realmente del rap al metal no va tanto. Ahí tenemos la época nu metal en los noventa uniendo rap y gore, creando el rap gore, y toda esta época súper fructífera para grupos que unía el puro rap con el puro metal. Al final yo creo que, si hay buena intención y hay gente detrás del instrumento que sabe hacer música, se puede juntar todo.

¿Cuál ha sido tu percepción sobre los movimientos feministas latinoamericanos al haber trabajado con estas artistas?

Antes que nada, voy a aclarar que yo no debería contestar esta pregunta, pero como no está ninguna de mis compañeras voy a contestarla yo y voy a intentar hacerlo desde mi perspectiva. La verdad es que no sabemos tanto como nos gustaría sobre los movimientos sociales en Latinoamérica. Primera razón: porque hay mucha desinformación e información cruzada en los medios. Segunda razón: porque la información que nos llega muchas veces viene de parte de amistades que también ofrecen un sesgo y ofrecen su perspectiva de lo que es. No fue sino hasta que fuimos a Argentina y a Chile que entendimos cómo iban los movimientos ahí, a pesar de tener muchas amistades que nos lo habían contado antes. Hasta que no lo ves no lo entiendes. Es complicado. Pero sí que notamos una unión en cuanto al feminismo, o al menos yo desde fuera noto una unión en el discurso en casi todes les que están trabajando por ello. Noto una unión en casi todo y eso es súper importante, porque te puedes ir a cualquier lado, soltar un discurso feminista y que digan “exacto, exacto, así es”. Y eso es complicado, siempre ha sido complicado, en otras luchas. Hay un montón de teoría. A mí eso me parece súper positivo porque hace avanzar al movimiento de una manera brutal.

Aquí en México han crecido bastante estos discursos y sí han generado polémica, pero ha habido también un esfuerzo por encauzar ideas…

Cuando fuimos, por ejemplo, a Chile, estuvimos justo en la semana de la conmemoración del asesinato de un activista, que no recuerdo ahora mismo cómo se llama, perdón, pero cancelamos el concierto, había muchos disturbios en la calle. Hasta que no lo vimos no entendimos la diferencia entre nuestras luchas. Cuando salimos aquí en España a la calle, sin desmeritar a nadie, sin desacreditar ninguna lucha, nosotres no corremos el riesgo de morir en la calle ante un policía, al menos no es algo fácil de ver. Ha pasado, pero ha pasado hace muchos años. Cuando fuimos a Chile y vimos que pasaba eso notamos cómo era su lucha. Me pasa desde la distancia con la lucha feminista en México, los feminicidios son mayores y el concepto de lo que está pasando ahí es distinto. Sólo quería remarcar eso, que entendemos la diferencia entre nuestras luchas, aunque sea la misma.

En su disco más reciente, Palabras que forman caos, hacen críticas muy diversas: al capitalismo, al patriarcado, a las dinámicas familiares en Blood Ties, ¿cómo consideras que todas estas luchas se vinculan?

La verdad es que en el último disco, sobre todo, hemos intentado dejar los discursos panfletarios de anticapitalismo, no a la tauromaquia, etcétera, porque son conceptos que casi han perdido la fuerza de tanto que se han repetido de la misma manera. Son panfletos que se sueltan, así como si fuera tan fácil. Hemos intentado ir a luchas que nos atraviesan más, a cosas de las que podemos hablar con mayor soltura porque nos atraviesan. Varias de esas luchas son la violencia intrafamiliar, las relaciones personales, el amor, la poligamia, todas estas ideas que nos atraviesan más, que son más cercanas y que, a lo mejor, hace unos años estaban, no mal vistas, pero que nadie hablaba de ello.

Seguro que conoces Ska-P, es una banda española, pero ha pasado más allá de España, por toda Latinoamérica, y es un poco el ejemplo de los que abrieron la frontera de hablar de política en canciones, es una de esas bandas, pero si ahora la miras con perspectiva, veinte años después, sólo hablan de cosas panfletarias: toros, capitalismo, antisistema. Entonces pensamos que las bandas ahora, aquí al menos, en el estado español, están empezando a hablar de cosas que las atraviesan de manera más cercana.

¿Se podría decir que veías una necesidad de enfocar de diferente manera estas críticas?

Sí, porque internet ha cambiado mucho el status quo de lo que somos. Bajo nuestro punto de vista, hay luchas que se defienden mucho mejor en el block o en la calle que en una canción. Y las canciones, muchas veces, han desvirtuado el mensaje de esa propia lucha. Pensamos que hay luchas que ya están bien representadas por quienes luchan por eso y que ya no necesitan altavoz y otras que sí, u otras que están muy trilladas y se han utilizado infinitas veces.

¿Cuál fue la más complicada de abordar?

Necesito pensarlo un segundo. La verdad es que como nos conocemos bien sabemos qué temas nos importan a todes y sabemos un poco hacia dónde apuntar. Nombrabas antes Blood Ties, es un tema que en concreto escribí yo, la letra y la música, y yo pensaba que nadie iba a empatizar con el mensaje, porque lo veía como algo que hablaba de mi vida y pensé que era una situación que no le pasa a todo el mundo, la gente suele tener familias bastante felices, pero luego me sorprendí con la cantidad de gente que empatizó. No fue controvertido, pero sí que fue importante, fue polémico porque fue importante para nosotres. Sacó cosas a la luz, sacó mierda, ja, ja, ja.

Se relaciona con la cuestión del altavoz que comentabas, ¿no?

Es muy difícil porque para hablar de ese tema tienes que estar muy desconectade de tu familia, si no siempre queda ese reducto en el que dices “es que tengo a toda esta gente cerca, ¿qué van a decirme cuando les apele, cuando les diga ‘mira, me habéis hecho esto’?”. Pero creo que cada vez más los lazos de sangre se están rompiendo, el ser un familiar no te da ningún derecho a nada sobre una persona que tiene tu mismo apellido. Creo que cada vez más, al menos aquí a nuestro alrededor, yo veo que la gente prescinde de los lazos de sangre, ya no cree en ellos.

¿Cuál fue su proceso para escribir Las que faltaron y por qué la consideraron una canción necesaria?

Esta canción nació de una psicóloga o periodista, no recuerdo su campo exactamente, que hizo un trabajo sobre mujeres en la historia olvidadas, o más bien, mujeres que hicieron inventos o que descubrieron cosas que fueron firmadas por hombres, porque en muchos casos trabajaban para ellos o porque estaban en el entorno y directamente había grupos de científicos que no les permitían firmar una patente. Tú no podías firmar una patente con nombre de mujer, firmaban los hombres. Entonces esta persona hizo una serie de exposiciones, la conocimos, en concreto Vera, y ella las transmitió a la banda. A partir de ahí dijimos “cómo molaría ponerle música a esta idea”, y lo hicimos.

¿Cómo ha sido la recepción de una canción tan reveladora en su público?

Fue un poco agridulce, porque el tema gustó mucho, pero luego salieron muchas mujeres diciendo “faltan muchas”. En aquel momento propusimos que nos escribieran todas las que faltaban, que evidentemente todas no pueden caber en una canción. Cuando abres la caja de pandora de algo tan duro como eso, como miles y miles y miles de mujeres olvidadas, pues sale mucha gente a hablar y a decir lo que piensa. Yo creo que habrá segunda parte de la canción, porque es un tema súper extenso.

También hicieron un documental para hablar sobre esto, pero orientado al ámbito musical, ¿cómo surgió la idea de hacerlo?

El documental se llama Las que faltaron y nació antes de Palabras forman caos. Nació concretamente durante la gira del anterior disco. La idea surgió en la furgoneta, una de tantas horas que nos pasamos viajando, y pensamos en que teníamos el privilegio como banda de salir de nuestro territorio, muchas bandas no lo tienen. Aquí en España la lengua con la que cantes suele determinar el circuito en el que te puedas mover, no sé si en México pase algo parecido, pero aquí en España hay como cinco lenguas y todas están representadas y tienen su valor, las bandas las reivindican. Muchas veces se generan panoramas musicales alrededor de esa lengua. Al cantar en castellano, pero también hablar sobre luchas que atraviesan a todes, pudimos salir de esto, y entonces nos dimos cuenta de que en todos los panoramas había el mismo problema: faltaban mujeres en los escenarios, en todos los ámbitos, tanto encima del escenario como detrás. Entonces pensamos que la gira que íbamos a hacer era una oportunidad ideal, porque no todas las bandas la pueden hacer y no todas las bandas tienen mujeres entre sus integrantes. Era un momento ideal para que ellas cogieran la cámara y grabaran un documental que hablara sobre este tema.

De ese documental me quedó grabada una frase: “Queríamos romper cosas, necesitábamos oír que se podía”, ¿qué significa esto para ti?

Para mí esa frase es un “sí se puede”. Aquí, “sí se puede” es un canto que se lleva gritando desde el 15M, que ocupamos las plazas en España para reivindicar un montón de cosas. Es el entender que sí se puede, que se puede romper todo y volver a hacer, no hay límite. Que da igual que hablemos de una estructura de Estado, o de un género, o de cómo me siento, da igual, no hay barrera. Todo se puede cambiar. Para mí también es súper importante esa frase y ese concepto, porque da esperanza a todo el trabajo, toda la lucha y todo el sufrimiento de las personas que se encuentran dentro del grupo de no privilegiadas. Tienen algo por lo que luchar, algo real, algo palpable. Sí se puede, se puede romper.

Finalmente, ¿cómo van a ir ordenando sus próximos proyectos y su visita a México cuando acabe la emergencia sanitaria?

Por nosotres, si mañana pudiéramos ir a México, iríamos. Nada nos hacía más ilusión, pero ha llegado una pandemia global y se fue todo al carajo. El plan oficial es, primero, esperar a que nos dejen coger aviones y, en el momento en el que el tráfico aéreo vuelva a funcionar, volver a hablar con las personas que nos ayudaron a montar la gira y volver a cerrarla. Si podemos cerrarla para otoño, lo intentamos; para primavera, pues a primavera. En cuanto se pueda, no hay más. En cuanto se pueda volveremos a intentar ir a México, igual que a Argentina y Chile, porque tenemos una deuda pendiente con Chile. En cuanto a la gira estatal española, aquí las cosas de momento pintan mal, se nos cancelan casi todos los conciertos este año, así que hemos tomado la decisión de adelantar lanzamientos que anunciaremos próximamente.


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Fernanda Piña Vázquez (Manzanillo, Colima, 1996) estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha escrito y hecho fotografía para las revistas digitales de música Poolp MX, Radio TónicaFreim y, actualmente, Warp. Sus textos sobre cultura popular, que incluyen música, deportes, cine y televisión, han aparecido en Palabrerías, revista en la que tiene una columna titulada La cuestión es moverse. También colabora en la organización Versus, dedicada a diversificar los contenidos en el periodismo deportivo mexicano.

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