Hacer chiribitas | No le temas a los dragones: Contar es escuchar, de Ursula K. Le Guin

Género: Ensayo
Editorial: Círculo de Tiza
Páginas: 410
Publicación: 2018

La imaginación puede transfigurar la materia oscura de la vida. Y en muchos ensayos personales y autobiografías es eso lo que empiezo a echar de menos, a ansiar: la transfiguración. No me basta con reconocer nuestras penas compartidas y familiares. Quiero reconocer algo que nunca he visto. Quiero que la visión salte delante de mis ojos, terrible y en llamas, con el fuego de la imaginación transfiguradora. Quiero verdaderos dragones.

Ursula K. Le Guin falleció el día en que este libro fue publicado, una coincidencia agridulce que apenas sirvió de consuelo a los millones de lectores que la admiraban. Pero non omnis moriar, recitan aquellos fans más poéticos.

Dividido en 4 secciones, Contar es Escuchar cuenta con treinta escritos que se entrelazan como pretzels y, tal y como dice en la contraportada, este es uno de esos libros que se debe de leer con bolígrafo en mano para poder así subrayar, dialogar y adentrarse en el territorio de esta autora —en caída libre que se aterriza cabeza primero— a gusto.

El libro reúne lo que Ursula ha escrito en periódicos y revistas, dicho en charlas y entrevistas y publicado anteriormente en otros libros. Es un resumen de su vida como escritora, utilizando estos textos como paréntesis luminosos para englobar épocas. Le Guin reflexiona sobre ejercer el cargo de mujer en este mundo (y cómo ha cambiado dicho estatus), defiende la imaginación a capa y espada, reflexiona sobre el tiempo, la dignidad (o carencia de ella) en la vejez, lo que comprendemos como belleza, el oficio-necesidad-maldición-misticismo de ser escritor, así como las estrategias de la prosa. Amárrate, porque ella estructura sus argumentos sin temor a ser valiente y sin dosificación de mordacidad.

Papá Hemingway dijo que los escritores escriben por dinero y papá Freud, que los artistas trabajan para conseguir fama, dinero y el amor de las mujeres . . . En mi opinión, los dos papás hablaban por hablar . . . Los escritores no escriben “para nada”, ni siquiera por amor al arte. Escriben.

Cuestiones Personales

Esta sección es meramente autobiográfica, donde apenas se comienzan a pulir los bordes de ideas diamantinas; no obstante, esta me parece la sección más débil del libro, puesto que habla más sobre anécdotas familiares, recuerdos de infancia y la faceta pública de leer. Se entrevé  rápidamente ese tono cálido y audaz, listo sin llegar a ser condescendiente, mas fue un poco difícil de atravesar. Se huele el humo, pero no se ve el incendio; sin embargo, esto es el equivalente de escalar el tobogán, acomodarse, ver la lámina plateada frente a sí y comenzar a empujarse hacia el vacío.

Los críticos y los profesores universitarios llevan cuarenta años tratando de sepultar la obra de ficción imaginativa más grande escrita en inglés. La excluyen, la tratan con desdén, se reúnen en grandes grupos para volverle la espalda, porque le tienen miedo. Le tienen miedo a los dragones. Padecen Smaugfobia. Saben que si reconocen a Tolkien tendrán que admitir que la fantasía puede ser literatura, y que en consecuencia tendrán que redefinir qué es la literatura. Y son demasiado perezosos para hacerlo.

Lecturas

Aquí Le Guin comienza a hablar de sus referentes: el ritmo de la prosa en Tolkien, la edad para leer a Dickens, el valor para encarar a Tolstoi y el humor y la madurez del lector frente a Mark Twain. En “Cosas que en realidad no están presentes” (uno de mis ensayos favoritos del libro), presenta una defensa enérgica y lúcida de la fantasía en el ámbito literario y cómo siempre se le consideró un subgénero y se le relegó a los “guetos” de la industria… hasta que comenzó a vender. ¿Cómo coincide lo comercial con aquello que tiene verdadero “valor literario”? Bueno, se hablará de Mary Shelley y de qué tipo de lectores hay, te aviso.

En “El bosque interior”, habla de la importancia de los mitos, los cuentos de hadas, los legados orales en nuestra cultura y de la inevitable subversión de dichas historias. Pule el concepto de la fantasía como herencia y tradición, como la narrativa de ficción más vieja del mundo y la más universal; concluye que, por ende, es aquella con la mayor capacidad de adaptarse a cada nueva época. La ternura y el reconocimiento a estos autores no empañan el rigor de su análisis: es dulce a veces, estricta muchas otras y altiva nunca. Le Guin va lanzando migajas de pan y nosotros seguimos su razonamiento como buenos patitos.

El habla, el sonido más específicamente humano y la clase de sonido más significativo, nunca es mero paisaje, siempre es acontecimiento . . . Crea un espacio propio, instantáneo e inmediato. Si cerramos los ojos y escuchamos, quedamos dentro de su esfera . . . De ahí que pronunciar algo sea mágico.

Discusiones y Opiniones

“Los pies de las mujeres, los perros y gatos y su naturaleza” es un texto casi filosófico sobre la diferencia entre ficción y no ficción en la literatura (y cómo es muy subjetiva), el argumento que contrarresta el determinismo genético; por otro lado, “Premios y género” es un texto precioso y de datos duros que raya con el reportaje, en el que discute la existencia de las mujeres en la literatura y en los concursos, evaluando distintos criterios, en un texto más relevante que nunca. Ahora bien, todos estos son ensayos que nos presume la pluma de Le Guin en su madurez literaria: hace gala de una voz limpia, afilada, sin ceder un ápice en su estilo sobrio, pero casi travieso. Leerla hace que salga el  sol, aunque sea solo un poquito.

En “Contar es escuchar”, el ensayo que da el nombre al libro, se resumen esas ideas —pepitas doradas— que ella ha regado y consiguen brillar entonces cual sol cálido. Ahí rastrea la evolución de las historias: de la lengua de todas las lenguas al relato alrededor de la fogata, de allí a la lectura en voz alta en la infancia, a la presentación de libros y a performances frente a un público variado. ¿Qué es un relato y qué sentidos lo traducen? ¿Qué es una historia? Un ensayo largo, mas necesario.

Cuando se habla de la belleza en el arte, la gente suele tomar sus ejemplos de la música, las artes plásticas, la danza y la poesía. Rara vez se menciona la prosa . . . Pero las palabras, estén dispuestas en poesía o en prosa, son tan sólidas como la pintura y la piedra, una cuestión tan atinente a la voz y al oído como la música, cosas tan físicas como la danza. Creo que uno de los mayores errores de la crítica literaria es desestimar las palabras —el movimiento y las cadenas de las oraciones—, las estructuras rítmicas que las palabras establecen y por las que se dejan llevar.

Sobre la Escritura

Esta sección fue, a todas luces, mi preferida, pero eso se debe a mi subjetiva condición existencial de querer escribir. Cada ensayo es mejor que el anterior; no obstante, tengo cerca de mi corazón a “Orgullos y la pregunta que más me hacen”. En sus críticas, da bofetadas de guante blanco, mas se las arregla también para inspirar, para dar consejos asentados en la realidad, audaces y sabios. En los ensayos de esta sección, aborda la confianza al escribir (y la carencia o el exceso de ella), la creación de personajes, el estilo de enseñanza de escritura (del bueno al malo y del malo al peor), sus influencias literarias y hasta nos presenta un poema precioso que es reflexión sobre su propia vida y obra. Un mensaje necesario se va construyendo entre líneas, como el ruido blanco del oleaje: No dejes de crear.

Qué les digo, casi me terminé el lapicero: sé que solo así tendré una conversación con ella. Contar es escuchar es un libro de ensayos sabiamente editado y concienzudamente recopilado (¡tiemblen, snobs de los adverbios!), lleno de reflexiones profundas construidas desde una visión universal, que se enorgullece en también ser femenina.

Hay ensayos que resultaron más rápidos de leer: todo depende de la preferencia del lector. Para alguien apenas familiar con la obra de la autora (únicamente he leído sus novelas de Cuentos de Terramar), estos ensayos me revelaron su genio, me clavaron las garras. Vagabundeo por los pasillos, haciéndole hoyos a mis bolsillos, no viendo la hora de poder leer más de ella. Quizá consiga encender esa misma chispa en ti.

No quiero alargar más esta reseña. No quisiera omitir lo que Le Guin consiguió abarcar: el respeto a la mot juste y la exquisitez detrás de cada coma; la espera cazadora y furtiva de la ola en la mente (que contiene el núcleo y el ritmo de una historia); el amor profundo a las palabras; su recepción de brazos abiertos a la identidad de género, a la ecología y  a la espera, a escuchar y a cazar la historia dentro de cada uno, o el reconocimiento a un público que ella nunca desestimó. Le Guin fue una mente y un alma que nunca perdieron la capacidad de asombro y la habilidad arquitectónica de diseñar textos que maravillaran a otros. Sus palabras seguirán asombrando mientras se les lea. Ursula es otro gigante que nos entrega sus hombros para que nos encaramemos a ellos, en busca de verdaderos dragones.

Así pues, si soy una escritora, trabajo
Letras no escritas.
Las palabras son mi forma de ser
Humana, mujer, yo misma.
La palabra es la rueca que me hila,
La lanzadera que pasa por la urdimbre de los años
Para tejer una vida, la mano
Que da forma para usar, para adornar.
La palabra es mi diente,
Mi ala.
. . .
Hay algo
del tamaño de un guisante
Que no he escrito.
Que no he escrito bien.
No puedo dormir.

Se levanta
y lo escribe.
Su trabajo
nunca acaba.


Foto Autor

Alicia Maya Mares (Ciudad de México, 1996) estudió Comunicación en el Tecnológico de Monterrey y está cursando la 12ª edición del Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona. Sus textos han sido publicados en la sección “Piensa Joven” del Heraldo de México y en las revistas literarias Efecto Antabus y Carruaje de Pájaros.

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