Sobre la lucha contra el antigitanismo patriarcal, una entrevista con Silvia Agüero

En México se habla poco o nada acerca del pueblo gitano, fuera de la limitada visión que nos ha ofrecido la cultura popular a lo largo de los años; sin embargo, su presencia se extiende a todo el planeta y el conocimiento de su forma de vida puede enriquecer enormemente a todas nuestras comunidades. El pueblo gitano, no obstante, ha sufrido de una discriminación sistematizada desde hace siglos alrededor del mundo. Adicional a estas persecuciones y criminalización, las mujeres gitanas han sufrido de violencia de género, la cual se manifiesta con frecuencia en violencia obstétrica, mediante el cuestionamiento de su labor como madres o la exigencia de que se apeguen a criterios de productividad.

Silvia Agüero, desde España, a través de sus artículos y ensayos en su blog Pretendemos gitanizar el mundo y sus colaboraciones en otros medios, ha abordado su experiencia como mujer gitana en un sistema antigitano, patriarcal y capitalista. La contacté a través de sus redes sociales para que, por medio de una entrevista, me compartiera su lucha por erradicar el antigitanismo patriarcal y por promover un feminismo que en verdad sea heterogéneo e inclusivo y no se limite a ver solo por las mujeres que cumplan con ciertas características u objetivos de vida. Motivada por un deseo de comunidad gitana para todos y todas, me mostró por qué un modo alternativo de vida es posible y por qué, aunque el patriarcado se acabara, aún habría mucho que hacer para conseguir que todas las personas accedieran a una vida digna.


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¿Cómo ha sido la recepción del término “feminismo” entre las mujeres gitanas?

Te contesto porque no estás en el contexto europeo, porque aquí decir que el término “feminismo” es del payo [1] blanco europeo es muy chungo para el movimiento feminista en el contexto español, se lo toman a mal. Pero realmente el término viene de un payo blanco hombre y lo utilizó para llamarnos histéricas, y ya luego lo han reapropiado. Realmente la recepción en el movimiento gitano y en las mujeres gitanas es chungo, pero es que para mí es chungo. Ahora mismo y durante los últimos sesenta años de movimiento feminista nos quieren fuera, no somos mujeres, no somos las mujeres que tenemos que luchar por los derechos. Ellas están a años luz de nosotras, aunque vivan acá a lado mío. Lógicamente para mí es complicado definirme feminista y cada día lo es más, porque cada día que me posiciono en un lugar más visible más me atacan. Es complicado, yo me considero primero gitana, madre y quizá lo último feminista.

En tus artículos has abordado el concepto de antigitanismo patriarcal y gitanofobia de género, ¿por qué son conceptos diferentes?

Creo que las palabras tienen un gran poder. Cuando se habla de gitanofobia de género, literalmente estás hablando de miedo o asco a los gitanos o a las gitanas. Entonces yo quiero diferenciar el poder para aplicar las leyes, quién tiene poder para eso, y ese es antigitano. El que no tiene poder para aplicar las leyes es gitanófobo. El antigitanismo patriarcal define claramente lo que sufrimos las mujeres gitanas a lo largo del día: el que salga de la puerta de mi casa y vaya con la niña y en el supermercado el vigilante de seguridad me siga por todos los pasillos porque crea que voy a robar es antigitanismo patriarcal. Lo de género tampoco me gusta mucho, lo está utilizando mucho la gente de Vox [2] y partidos antidemocráticos aquí en el Estado español.

En los talleres explico esta diferencia: que mi vecina de a lado piense que yo soy una gitana de mierda a mí me da igual, me da exactamente igual que mi vecina piense que somos unos gitanos de mierda, porque yo puedo decir “ah, pues tú eres una paya desgraciada”, ¿sabes? Pero lo que me importa es el sistema, porque si mi vecina denunciase que somos gitanos o nos hiciera la vida imposible por ser gitanos, eso sería antigitanismo.

¿Cómo se manifiesta el antigitanismo patriarcal y cómo se puede identificar?

Es chungo porque realmente cuando lo contamos en espacios públicos se nos niega y es algo constante. Mi hija tiene cuatro años y alguien le dijo: “pareces una gitanilla”, porque estaba manchada, entonces yo le dije “es que lo es” y tartamudeó del susto, como si yo le fuera a hacer algo. Eso sigue siendo gitanofobia, porque no tiene poder, pero me podían haber echado del bar o cualquier cosa.

El peor episodio de antigitanismo patriarcal que he sufrido ha sido cuando parí a mi hija: en el hospital nos pusieron aparte, en una habitación alejada del control sanitario. Eso suele ser muy frecuente no solamente en el Estado español. En Brasil también ha habido episodios de antigitanismo contra mujeres gitanas, de llegar a la policía para que les indujeran la cesárea. Sobre todo, en el tema de la maternidad las mujeres gitanas sufrimos muchísimo antigitanismo patriarcal y, por supuesto, en los supermercados, en la educación. Tenemos DNI aquí en el Estado español, pero no nos tratan igual. Nuestros niños tienen un fracaso escolar de al menos el 80%, o sea, una cosa bárbara, los ponen en clases segregadas. Para Europa, las políticas españolas les expresan “aquí estamos bien, aquí todos vivimos súper guachi”, pero siguen matando a gitanos en las comisarías, a personas migrantes, etcétera.

¿Por qué considerarías fundamental que el feminismo, en términos generales, se preocupara por combatir el antigitanismo patriarcal?

Creo que es fundamental porque estamos luchando contra el mismo sistema. El mismo sistema que hace leyes contra las mujeres para que los violadores no tengan condenas, para que las mujeres no cobren un salario digno, el mismo sistema es el racista que pone una valla en Melilla [3] donde son maltratados un montón de migrantes. Es el mismo sistema, todo el sistema es contra el que luchan, y todavía no se han dado cuenta de que nosotras no dividimos la lucha, nosotras aportamos identificación al agresor que es el mismo que el suyo. Hasta que no se den cuenta, créeme que no van a conseguir apenas nada. Lo único que van a conseguir es estar en el poder y que ellas lo ejerzan contras las demás, que las demás somos nosotras, o sea “las otras”: las gitanas, las negras, las putas, etcétera.

En algunas vertientes del feminismo se usa con frecuencia la palabra “empoderamiento”, ¿consideras que eso fomenta que se perpetúen esas dinámicas de opresión?

Claro, porque han visto un huequito. Saben que hay un movimiento real detrás de la palabra feminismo de un montón de mujeres que intentamos identificarnos como feministas, aunque no nos dejen, pero con unas lógicas anticoloniales y antirracistas. Pero ellas lo único que ven es que hay un poder en el que se pueden meter a través de una grieta y mandar desde ahí, lo único que quieren es el poder y hacer lo mismo que están haciendo los payos contra nosotras. Y de eso no se dan cuenta, de que el camino no es ese, el camino no es llegar al poder, el camino no puede ser llegar al poder. El camino es romper el puto sistema, ese es el camino. Pero no se han dado cuenta, es más fácil estar en un sillón, cobrar, vivir a gusto y poder machacar a las demás.

¿Qué tan estrecha consideras que es la relación entre antigitanismo, patriarcado y capitalismo?

Es que es el mismo sistema. De hecho, este mes estoy subiendo a Twitter todos los días el nombre de una persona gitana que sufrió la Gran Redada en 1749. En el Estado español hubo un intento de exterminio que es el intento de genocidio más antiguo de la era moderna dada en el suelo español, hay que decir todo esto para que la gente no diga que es el primer genocidio, no es el primero pero sí de la edad moderna y dado en el suelo del Estado español. Todos los días lo estoy subiendo para que se visibilice que el Estado español es lo que es gracias a exterminar a gitanos y a gitanas también gracias a que pusieron mano de obra obligada, que era la condena que tenían los gitanos, los mandaban a los arsenales de marina para construir barcos y para remar, para volver a Abya Yala y seguir destrozándola. Entonces, en el pensamiento decolonial también queda esto de incluir, pensar dónde quedamos las personas gitanas en esas teorías.

Contra el capitalismo tenemos que luchar porque de eso se aprovechan. Son hermanos, primos. Hasta que la gente no entienda esto (la gente de izquierdas, la gente anarquista, las feministas), no vamos a poder hacer nada. Hasta que no entendamos que todo va unido y que tenemos que luchar contra el sistema no vamos a poder hacer nada. Nos quieren divididos y de eso se alimenta el poder.

¿Cómo afectan las políticas de aislamiento españolas en el pueblo gitano?

No solo en España, toda Europa está repleta de guetos construidos por el poder para relegarnos a vidas miserables. Todos los guetos del Estado español, yo no conozco tanto de Europa, pero aquí están fuera de las ciudades, todos están vallados por obstáculos como muros, lagos o valles u otros obstáculos naturales y nos ponen ahí a propósito, para estar fuera del centro, del eje de la vida. Cuando yo vivía en el gueto, que fue hace seis años exactamente, tenía que pensármelo dos veces, porque era hacer una hora caminando y encima las casas de los guetos están mal, hay humedades, en muchos sitios todos los niños de esos guetos tienen bronquitis crónica y enfermedades crónicas de las que ni se habla ni se quiere hablar, ni hacer estudios. No se lucha por unas políticas dignas porque el Estado recibe muchísimos millones de euros de Europa para la integración del pueblo gitano, entonces no les interesa para nada que el problema se acabe. El problema somos nosotros.

 

También está la otra parte que has abordado, la de las políticas de inclusión o integración, que a su vez también muestran antigitanismo y misoginia…

Quieren integrarnos porque quieren una España homogeneizada, como lo querían antes y como lo han querido siempre. Aquí las cosas no han cambiado. Yo ahora vivo en La Rioja, vivía en Valencia, y cuando me hice la tarjeta de salud aquí, la tarjeta pone “Tarjeta de salud del Reino de España”, tal cual, es que a la gente se le ha olvidado que aquí tenemos una monarquía, se nos ha olvidado a todos. Quieren integrarnos para homogeneizarnos, para tener su idioma, para tener el control, porque creo que los gitanos y las gitanas somos una de las últimas alternativas de vida que quedan en España, de vida sin capitalismo, sin machismo, de una vida familiar, contra el sistema capital, colectiva y que lucha por la vida y no por el trabajo. El trabajo es una puta mierda, con perdón tuyo. Y los achaques que siempre nos echan van referidos a eso, tanto el antigitanismo como la gitanofobia social siempre van referidos a eso. Un insulto recurrente es “es que no os integráis, tras seiscientos años aquí, os echaron de la India porque no os queréis integrar en ningún lado”. Son el tipo de cosas que nos dicen, también a las mujeres. Las mujeres gitanas somos las que menos se integran y por supuesto somos las que llevamos en la mano la semilla del mal y se la pasamos como de herencia a los niños, porque somos las que realmente resistimos, en la forma de vida, en la comunidad, en lo colectivo, en no venderse al capital y, claro, esto no le interesa al capitalismo para nada. Nuestra forma de vivir es contraria al sistema, nuestra forma de vivir es provida, en el sentido de que es biofílica, que tenemos amor a la vida, no provida de estar contra el aborto ni nada de eso. Es una forma de vivir de amor completo a la vida, de decir “me voy al mercado para ganar dinero para darle de comer a mi familia, no para hacerme rico, sino para poder sobrevivir mañana y que mis hijos estén felices”.

El sistema quiere destruir todo eso: nos enjaulan en pisos y realmente todo lo que se construye es contrario a la vida. No es normal que tú tengas que ir una hora y media hasta tu trabajo, pasar ocho horas ahí, eso no es normal, ¿a quién le cabe en la cabeza? Si tú echas cálculos de cuánto ganas realmente, le estás pagando a tu jefe, porque para llegar a tu trabajo te tienes que vestir y comprarte ropa adecuada, tienes que estar sano y comido, tienes que gastarte lo que te cuesta ir hasta el trabajo y si vas en coche tienes que arreglarlo. Tu jornada laboral también es la hora y media que tardas en llegar y la hora y media para volver, no te planteas que tus hijos puedan no ir a la escuela porque tú los eduques en casa, sino que te planteas llevarlos para ir a trabajar. Tú no vas a trabajar para vivir, tú vas a trabajar para tu jefe y para los poderes, porque en realidad tú estás poniendo dinero.

En uno de tus artículos leí esta frase: “No vamos a acabar con el patriarcado si solo matamos al patriarcado”. ¿Podrías ahondar en ella?

Es que es así. Imagínate que mañana nos despertamos todas y el patriarcado ha muerto. Ya está, se acabó, no hay más machismo, no hay más patriarcado, algo utópico, ¿vale?, pero imagínatelo. Ahí tendríamos a su hermano el racismo que nos machacaría de la misma manera. De hecho, el racismo afecta a los hombres gitanos de la misma manera que nos afecta a nosotras: los hombres gitanos son los más parados, en un estudio que se ha hecho de parados racistas, los gitanos son los más parados en la calle. Es de lógica, pero las mujeres payas no lo entienden, cuando lo digo en las charlas y me toca discutir se enfadan, se levantan y me dicen “tú no eres feminista” o cosas así, como si yo estuviera loca. Todo el chantaje emocional que te hacen los hombres para decirte “tú estás loca, tú no estás bien, tú no vales”, a mí me hacen lo mismo. Pero, tía, que tú lo único que quieres es salvarte porque eres una paya blanca, europea, española, con privilegios. Las chicas migrantes de aquí tienen un lema, que es “cuando una mujer blanca rompe un techo de cristal, van las migrantes y limpian los cristales de abajo”, eso dicen las mujeres migrantes de aquí.

¿Para ti que significa la palabra “feminismo”?

Yo pensaba que era otra cosa. Yo una vez me puse las gafas violetas y me las quité, no veo bien así, hace falta una graduación especial para miopía y astigmatismo. Últimamente no encajo ahí y no quiero encajar. No creo que tengamos que inventar otra palabra para definirnos, pero yo cada día encajo menos, así no me gusta este movimiento. Todos los días son peleas, todos los días en cualquier asamblea feminista hay peleas y realmente ahora mismo no estoy en ninguna asamblea compartiendo espacio con payas, porque es imposible. Al final sale la cuestión racista y yo no voy a aguantar más racismo en mi vida, ya lo sufro en otros espacios. Se siguen haciendo las mismas cosas, se hacen jornadas con una negra, con una gitana, una chica de Abya Yala, y siempre es lo mismo. Nos tienen de colorín, nos quieren para colorear sus carteles, para luego poner a Angela Davis y decir que son antirracistas y que el feminismo será antirracista o no será. Pero solo quieren a Angela, a nosotras no nos quieren, porque Angela es la diva, y para mí también lo es, pero no para utilizarla como ellas la utilizan.

Tenemos un blog que se llama pretendemosgitanizarelmundo.com, en el que publicamos historias de gitanos y gitanas de todo el mundo. En México también hay gitanos y gitanas, en Colombia, en Perú, en Chile y en todo el mundo. Les diría a los lectores que se gitanicen, que gitanizarse siempre es bueno y que intentar una alternativa de vida a este sistema de mierda siempre es bueno. ¡Y que seguimos en la lucha!


[1] Payo, paya: que no pertenece al pueblo gitano.

[2] Partido político español con ideología de extrema derecha.

[3] Valla entre la ciudad española de Melilla y Marruecos, cuyo propósito es impedir la entrada de migrantes ilegales.

 


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Fernanda Piña Vázquez (Manzanillo, Colima, 1996) estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha escrito y hecho fotografía para las revistas digitales de música Poolp MX, Radio TónicaFreim y, actualmente, Warp. Sus textos sobre cultura popular, que incluyen música, deportes, cine y televisión, han aparecido en Palabrerías, revista en la que tiene una columna titulada La cuestión es moverse. También colabora en la organización Versus, dedicada a diversificar los contenidos en el periodismo deportivo mexicano.

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