Entre dioses héroes y monstruos | Literatura prehispánica: El tlahtolli

Los nahuas no fueron una cultura sin literatura, atreverse a pensar esto sería ignorar su rica tradición oral o sus maravillosos códices, no porque no poseyeran un sistema de escritura similar al del alfabeto significa que no pudieran conservar plasmadas sus obras.

Descripciones de la cosmovisión nahua, de su flora y fauna, así como de sus eventos históricos, anécdotas y relatos míticos son la vértebra de las crónicas. Habiendo sido recopilada toda esta información de los mismos indígenas en ocasiones en forma de traducciones, en otras muchas en adaptaciones en las que los frailes aprovechaban para dar sus opiniones y emitir juicios respecto a las creencias de los nativos.

No podemos pasar por alto que la literatura precolombina se haya colado en estas obras novohispanas. Es claro que no todos los indígenas que ayudaron a la labor de la recopilación manejaban dicha literatura, pero sí manejaban parte de la tradición oral al ser pertenecientes de su cultura y sabemos, además, que en algunos casos hubo sapientes de la literatura azteca involucrados en la recopilación para las crónicas, siendo el caso más conocido el  del Códice Florentino de Sahagún.

La literatura azteca, en muchas ocasiones muy alimentada por los mitos, poseía una rica variedad de géneros que podemos englobar en dos grandes grupos: el cuicatl y el tlahtolli; el primero sería lo que llamaríamos poesía y el segundo prosa, ambos términos solamente empleados para comenzar a referirnos a estos géneros ya que poseen una complejidad a notar. Desde el padre Garibay[1] a Miguel León Portilla[2] y Patrick Johansson[3], el tema de la literatura azteca ha sido muy investigado.

Esta literatura se vio fuertemente afectada como consecuencia de la conquista, debido a que eran aparatos mágicos que necesitaban de un contexto ritual para poder ser enunciados correctamente y darse a relucir por completo. Sabemos que hubo una literatura precolombina con diversos géneros y que hubo una pérdida de elementos importantes de la misma, también que los cronistas tuvieron un acercamiento directo o indirecto con esta debido al contacto con los indígenas informantes, siendo Sahagún un caso excepcional.

La literatura azteca no solo se enunciaba, debía practicarse, pertenecía a un marco ritual en el que era únicamente una parte de un todo. Lamentablemente no podemos conocer realmente todo este marco y debemos limitarnos a reconstrucciones del mismo.

Las crónicas guardaban testimonio de lo que fue y era, ya que la oralidad nahua no fue captada en su contexto adecuado (en un acto mágico, religioso o social determinado) es que esta pierde muchos de los elementos que la enriquecían: la oralidad fue arracada en un proceso inquisitivo de recopilación de datos (Johansson). Estrechamente vinculado con el acto al que se integraba, cuando se priva al canto náhuatl de sus circunstancias, se frustra su funcionalidad. Esta pérdida fue realmente significativa principalmente en el género del cuicatl.

Sobre el cuicatl

El cuicatl tenía una variedad de contextos en los que era usado además de tener sus respectivas variantes: el canto épico melahuacuicatl “se enunciaba en una triangulación expresiva que incluía . . . música rítmica, danza y verbo” (Johansson); el canto sagrado teocuicatl “busca aprisionar en su expresión, ya sea dancística, musical o verbal, la realidad misma de lo que evoca” (Johansson); el canto de guerra yaocuicatl “es un himno sagrado con variantes de estimulación psico-motoras de carácter paroxístico que busca estimular a los guerreros antes de la batalla” (Johansson), y el canto lírico xochicuicatl “es el epónimo de un género y cubre la mayoría de estos cantos llamados tristes, de guerra, verdaderos, etc.”(Johansson).

Como podemos notar, los cuicatl eran parte de un proceso ritual más complejo en el que necesitaban de otros elementos (como la música, danza, etc.) para ser expresados correctamente mientras que los tlahtolli no. Es debido a ese detalle que es probable que esta prosa náhuatl solo haya sufrido una traducción con una ligera adaptación en contraste a su género hermano, esto significa que el proceso de perdida pudo haber sido menor en comparación; sin embargo, esto no quiere decir que no hubiera presencia del canto en las crónicas, un ejemplo de cómo elementos del cuicatl sobrevivieron se encuentra en el libro XII del Códice Florentino, del cual Patrick Johansson nos comenta que se ciñe a rasgos del melahuacuicatl:

El perfecto orden de los caballos se revela después en la “cuadratura” de cuatro verbos cuya articulación oclusiva en la duplicación silábica, marca los ángulos . . . El poner cuatro verbos prácticamente sinónimos y fonéticamente muy cercanos . . . para pintar la primera fila de cuatro caballos intenta reproducir verbalmente el piafar impaciente de los equinos antes de que se suelte fonéticamente la brida (Johansson).

El tratar de imitar los sonidos de la realidad, en este caso el producido por los caballos, es un ejemplo muy evidente de la presencia de este género.

Tlahtolli

La prosa nahua poseía entre sus variantes a la construcción mítica de la narración, la palabra mítica, además de también tener a los famosos huehuetlatolli, por lo que de principio podemos percatarnos que este género tenía una rica variedad como su hermano el cuicatl, mismo que tendrá rasgos en común, por lo que la caracterización y descripción que haré de la prosa no significa, implica ni sugiere de ninguna manera que el canto carece de alguno de los elementos del tlahtolli, ya que no porque uno lo posea significa que el otro carezca de este.

Uno de los rasgos más importantes de este género es que “en el caso de los tlahtolli . . . el tono narrativo implica un desarrollo lineal en el sentido de las palabras que se suceden”;  “en los tlahtolli la imaginación y el recuerdo se ponen en juego para introducir secuencias, alterando a veces espacios y tiempos” (León). Debido a esta tendencia narrativa, es el género ideal para hablar de los mitos como los de Ce Atlatl Topitzin Quetzalcóatl (junto a sus episodios con el hechicero que castigó a Tula y la huida de Quetzalcóatl), la leyenda de los cinco soles, Quetzalcóatl descendiendo al Mictlán, entre otros. En este aspecto el tlahtolli es muy similar al melahuacuicatl, pero debido a que los mitos son narrados en distintos géneros para concretizar la investigación no nos estaremos refiriendo al canto épico.

Respecto a sus variantes podemos hablar de los adagios o machiotlatholli, “estos aforismos constituyen verdaderas imágenes verbales donde se revela sensiblemente la percepción ética de una experiencia existencial” (Johansson); de la palabra antigua o huehuetlatolli “una palabra terrenal, cargada de preocupaciones socio-existenciales . . . que generalmente se limita a solemnizar los distintos acontecimientos del aparato social”, y de los mitos o tlahtollzazanilli, de los cuales ya hemos estado hablando y por lo general se cuelan en más de un género para ser expresados o interpretados (cuando estos se presentan en los cuicatl).

 

Bibliografía

Johansson, Patrick. La palabra de los aztecas.

León Portilla, Miguel. Cuicatl y Tlahtolli.

 

[1] En su Literatura náhuatl.

[2] En Cuicatl y Tlahtolli.

[3] En La palabra de los Aztecas.

 


Luis Arturo

Luis Arturo Serna Alarcón, alumno de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM, ha dado clases de Mitología universal en la Facultad de Filosofía y Letras; también, ha dado conferencias en preparatorias (hablando del inframundo mexica y temas relacionados) y fue ponente en el primer coloquio Expo anime-manga de la Universidad Iberoamericana. Actualmente, sigue dando las clases de Mitología.
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Grupo de Facebook: De mitología y otros vicios.

 

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