Toda historia es una historia de fantasmas: Notas sobre una película y otros espectros, por Marina Yamamoto y Rodrigo Mora

1. Podría narrar la historia de nuestras grietas, describir la forma de nuestros fragmentos y, después, escribir un instructivo para ajustarlos perfectamente con lo que creo que es el mundo; pero estaría contando una historia de fantasmas, una combinación de dolores y esperanzas que habitan el fondo de un lugar al que llamo hogar.

2. Dicen que las grandes historias empiezan con una explosión, con el estruendo de un relámpago o la caída de un imperio; mas, si es cuestión de fantasmas, creo que bajo el abrigo del silencio y la intimidad las historias siguen floreciendo. La intimidad es la creencia casi religiosa de que los rostros siguen allí, aunque estemos en medio de las tinieblas. Como los sueños, la intimidad únicamente se fabrica en la oscuridad, entre pequeños gestos.

3. La hiedra, por ejemplo, crece un milímetro al día en un ambiente propicio; aquel podría ser considerado un gesto pequeñísimo, pero no lo es: poco a poco y después de su florecimiento, la hiedra puede alcanzar los treinta metros de altura. Ese mínimo gesto puede devorar la realidad más sólida. La realidad se pierde, repito, solo en los ambientes propicios. Humedad, silencio y la cantidad suficiente de nitrógeno. Mientras eso pasa escogemos una película en Netflix.

4. Vemos una Historia de fantasmas, donde M y C son los protagonistas de una conmovedora historia de amor. C muere en un accidente, vaga por un mapa donde está perdido y lo único que le queda es una tristeza inútil que nadie puede ver a través de su sábana blanca. Una película es un fantasma al que le puedo llorar las veces que quiera sin sentir mucha culpa.

5. Los fantasmas no regresan. Permanecen en el mapa porque están sujetos a aquella estructura del amor cotidiano, ese espacio hecho de ternuras donde todo sentimiento puede crecer en un vaso con agua. Aunque el vaso ya no signifique nada.

(s/n. Mientras, M no entiende la dinámica de las cosas: las sillas no sirven para sentarse, alguna vez fueron parte de un hogar; sin embargo, ¿ahora qué son? En la película no hay monólogos internos ni reflexiones inservibles porque (ojalá no lo fuera) perder a alguien es un estremecimiento común. Entonces la vida se convierte en ruido de fondo, nos volvemos autómatas, contempladoras del espectáculo. Nos volvemos un simulacro de nuestras propias vidas. Hay una tempestad muda, irrompible e infinita que revuelve las entrañas y que, paulatinamente, se transforma en violines cada vez más tristes hasta que ya no los podemos sostener. Quizá para eso sirven las sillas, para sostenernos. ¿Las sillas son un paréntesis en medio del silencio o una casa sin número?).

6. Angela Deane pinta retratos y los transforma en fantasmas. Dice que las fotografías no necesariamente están perdidas; no obstante, necesitan ser encontradas: las personas se vuelven fantasmas y recipientes que nadan en una alberca de Baltimore. Dice Angela Deane que, a través de la manipulación material de estas fotografías, los fantasmas se convierten en nosotros y nosotros nos convertimos en fantasmas.Ellos también envejecen y se ensucian simplemente porque habitan la memoria, son vecinos del lenguaje.

7. C y M ya no encuentran todo el ayer que llevaban dentro. Cada uno anida un espacio y tiempo distintos.

8. En la libertad no hay espacio para un hogar. Únicamente crecen hiedras por encima de las sábanas blancas. En la libertad solo hay espacio para trece notas escondidas en la arena del desierto y es lo minúsculo lo que nos guía en el desierto: un ave rasgando el calor del cielo, una grieta en una piedra… un espejo en la piedra: la historia de un fragmento.

9. Marco Polo decía que el desierto está poblado de fantasmas que llaman al viajero por su nombre.

10. Entonces los fantasmas también deambulan por el desierto; nada más que, como los pájaros, son animales que no dejan huella cada vez que se mueven. Y saben que le tenemos miedo a nuestros nombres porque solamente extrañamos formas específicas de la vida.

11. Aprendemos a tener miedo de los fantasmas porque ese es nuestro destino. Nos da miedo la materialización del olvido e inventamos la pedagogía del miedo. La historia es una construcción sin pausas. Nos llegará el olvido y nos alcanzará la boca y llenará nuestro cuerpo de gestos inútiles y de frases vacías.

12. Por eso toda historia es una historia de fantasmas, porque mientras más hablamos más nos damos cuenta de que no podemos decir nada sobre nada. Ya no sabemos ni qué forma tienen nuestros fragmentos y sentimos que de tanto habitar una casa se nos va a romper. Somos fantasmas hablando de fantasmas.


RMora

Rodrigo Mora (cdmx, 1996). Fantasma de tiempo completo. Ha colaborado en revistas como Rojo SienaLa rabia del axolotlLa liebre de FuegoMarabunta y escrito reseñas para Cultura Colectiva. Actualmente, tiene una columna en la revista Palabrerías y es parte de En la Web: antología de relato web en español. También experimenta con la crónica, la narración y el diario en Medium. Su color favorito es el rojo-rojo.

INSTGRM: @palinurodemexico

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