Ojos Vermelhos | El álbum que me salvó: So de Peter Gabriel

  • Artista: Peter Gabriel.
  • Fecha de publicación: 19 de mayo de 1986.
  • Género(s): Pop progesivo, worldbeat, art pop, art rock.
  • Sello discográfico: Geffen.
  • Duración: 46:21.

Quizá el título de esta reseña suene algo dramático y/o exagerado y, de hecho, lo es. La música no puede curar heridas sangrantes ni pulmones inflamados, pero vaya que sí te puede preparar para una batalla y darte, por lo menos, algo de esperanza. Puedo decir que en mi lucha contra el COVID-19, uno de los elementos más importantes (además de los tratamientos) fue la música, especialmente So de Peter Gabriel. Es por esta razón que titulé este texto de esa manera. Ahora hablaré de sus grandes virtudes.

Peter Gabriel fundó la legendaria banda de rock progresivo Genesis pero, al poco tiempo, ese mundo tan reducido y rígido le pasó factura: después de de seis discos de estudio, decidió abandonar la banda para buscar una carrera solista. Pronto encontró el éxito con canciones como “Solsbury Hill”, sin embargo, siempre estuvo catalogado como un “artista de culto”, alguien que no llegaba a los primeros lugares de las listas. Todo eso cambió con So. Gabriel contactó al productor canadiense Daniel Lanois quie, en su currículo, ha producido a artistas de la talla de Bob Dylan o U2. Con un enfoque más melódico y, continuando con la experimentación y fusión con otros géneros, Peter Gabriel, por fin, alcanzó el éxito.

Las primeras notas de este álbum comienzan con el hi-hat del baterista Jerry Marotta, otorgando una ligera tensión antes de que el primer tema, “Red Rain”, comience de lleno. Inspirado en sus propias pesadillas apocalípticas, Gabriel canta sobra una sociedad sometida a la tortura. Los lamentos de las parte final de “Red Rain” son pruebas de la gran voz de este artista.

Otra tensión, una muy polémica. “Sledgehammer” es el siguiente paso en este disco, la cual, fue el grande éxito del mismo. Una pieza basada en el soul de los años 60, resultó ser el único número 1 en los Estados Unidos de Gabriel, sin embargo, esto tuvo repercusiones en su momento, pues su público más aguerrido lo calificó de vendido. No obstante, esta canción se ha convertido en uno de sus clásicos, y con toda la razón: la instrumentación es pegajosa a más no poder, la composición es interesante sin ser tan arriesgada y, la cereza del postre es la interpretación vocal de Gabriel. Sus altos y bajos, mientras canta sobre un innuendo sexual, son verdaderamente deliciosos.

El ritmo baja, pero la calidad no. Debo confesar que fue a esta canción a la que más me acerqué de este álbum, y no es para más. “Don´t Give Up”, que ya había aparecido en mi reseña pasada, es verdaderamente la esperanza hecha canción. La combinación de la voz de Gabriel con la divina Kate Bush brindan una esperanza casi maternal. La estructura también es impresionante, pues es una balada tranquila, en donde el bajo –inusualmente– lleva la batuta. Es una clara demonstración de la capacidad de Peter Gabriel para unir lo experimental y lo comercial.

La primera colaboración (en términos de escritura) del álbum, “That Voice Again”, es un exploración ligera en el tema de la conciencia. Coescrita con su guitarrista, David Rhodes. Lo más destacable de este tema es la manera en la que la batería de Manu Katché (muy raro para la época de los 80), el increíble bajo de Tony Levin y, por supuesto, la voz tan distintiva de Gabriel.

“Mercy Street” abre el lado B de esta producción de una manera fenomenal. Inspirada en el ritmo brasileño del Forró e, igualmente, en la obra de la poeta Anne Sexton, esta canción es un viaje introspectivo etéreo, el cual no teme ir hasta lo más profundo de nosotrxs. La percusión, al igual que los sintetizadores, son lo que conducen estos gloriosos seis minutos.

De la misma talla de “Sledgehammer”, “Big Time” es un tema inspirado en el soul y el funk. Sin embargo, a diferencia de la primera, esta canción está construida, de nuevo, alrededor del bajo. Su sonido es tan peculiar que parecería algo electrónico, pues la calidad percusia del instrumento se asienta al 100%. La letra habla sobre las reservas que Gabriel le tenía a la fama y, al mismo tiempo, se burla del consumismo.

“We Do What We’re Told (Milgram’s 37)” abre la sección más experimental del disco, junto con “This Is the Picture (Excellent Birds)”, la cual fue una colaboración entre Gabriel y la cantante Laurie Anderson. El primer tema, casi instrumental, reflexiona sobre el poder y la autoridad, haciendo referencia a los experimentos sociales de Stanley Milgram. La participación de Anderson le agrega al disco una canción bastante hipótica, en done ambos artistas cantan acerca de un cuadro y, por ende, del arte en general.

So cierra el viaje con su tercer gran sencillo y, sin miedo a decirlo, no solamente una de las mejores canciones amorosas en el repertorio de Peter Gabriel, sino de toda la historia de la música occidental. La fusión de ritmos africanos, la voz del cantante senegalés Youssou N’Dour, la atmósfera proporcionado pro los sintetizadores y, obviamente, la voz y al letra de Gabriel, crean un final donde se respira amor e ilusión, sin caer en lo romántico.

Quizá este álbum no me haya curado, pero estoy seguro de que, por lo menos, me ayudó a nunca rendirme. La peculiaridad y grandeza de este álbum recae no solo en su gran producción e inteligente escritura, también en su gran corazón; se trata de un álbum expresivo e increíblemente bien construido. Espero, de verdad, que al escribir esto, pueda contagiar todo el bien que este álbum me otorgó durante los tiempos más obscuros.

Quizá el título de esta reseña suene algo dramático y/o exagerado y, de hecho, lo es. La música no puede curar heridas sangrantes ni pulmones inflamados, pero vaya que sí te puede preparar para una batalla y darte, por lo menos, algo de esperanza. Puedo decir que en mi lucha contra el COVID-19, uno de los elementos más importantes (además de los tratamientos) fue la música, especialmente So de Peter Gabriel. Es por esta razón que titulé este texto de esa manera. Ahora hablaré de sus grandes virtudes.

Peter Gabriel fundó la legendaria banda de rock progresivo Genesis pero, al poco tiempo, ese mundo tan reducido y rígido le pasó factura: después de de seis discos de estudio, decidió abandonar la banda para buscar una carrera solista. Pronto encontró el éxito con canciones como “Solsbury Hill”, sin embargo, siempre estuvo catalogado como un “artista de culto”, alguien que no llegaba a los primeros lugares de las listas. Todo eso cambió con So. Gabriel contactó al productor canadiense Daniel Lanois quie, en su currículo, ha producido a artistas de la talla de Bob Dylan o U2. Con un enfoque más melódico y, continuando con la experimentación y fusión con otros géneros, Peter Gabriel, por fin, alcanzó el éxito.

Las primeras notas de este álbum comienzan con el hi-hat del baterista Jerry Marotta, otorgando una ligera tensión antes de que el primer tema, “Red Rain”, comience de lleno. Inspirado en sus propias pesadillas apocalípticas, Gabriel canta sobra una sociedad sometida a la tortura. Los lamentos de las parte final de “Red Rain” son pruebas de la gran voz de este artista.

Otra tensión, una muy polémica. “Sledgehammer” es el siguiente paso en este disco, la cual, fue el grande éxito del mismo. Una pieza basada en el soul de los años 60, resultó ser el único número 1 en los Estados Unidos de Gabriel, sin embargo, esto tuvo repercusiones en su momento, pues su público más aguerrido lo calificó de vendido. No obstante, esta canción se ha convertido en uno de sus clásicos, y con toda la razón: la instrumentación es pegajosa a más no poder, la composición es interesante sin ser tan arriesgada y, la cereza del postre es la interpretación vocal de Gabriel. Sus altos y bajos, mientras canta sobre un innuendo sexual, son verdaderamente deliciosos.

El ritmo baja, pero la calidad no. Debo confesar que fue a esta canción a la que más me acerqué de este álbum, y no es para más. “Don´t Give Up”, que ya había aparecido en mi reseña pasada, es verdaderamente la esperanza hecha canción. La combinación de la voz de Gabriel con la divina Kate Bush brindan una esperanza casi maternal. La estructura también es impresionante, pues es una balada tranquila, en donde el bajo –inusualmente– lleva la batuta. Es una clara demonstración de la capacidad de Peter Gabriel para unir lo experimental y lo comercial.

La primera colaboración (en términos de escritura) del álbum, “That Voice Again”, es un exploración ligera en el tema de la conciencia. Coescrita con su guitarrista, David Rhodes. Lo más destacable de este tema es la manera en la que la batería de Manu Katché (muy raro para la época de los 80), el increíble bajo de Tony Levin y, por supuesto, la voz tan distintiva de Gabriel.

“Mercy Street” abre el lado B de esta producción de una manera fenomenal. Inspirada en el ritmo brasileño del Forró e, igualmente, en la obra de la poeta Anne Sexton, esta canción es un viaje introspectivo etéreo, el cual no teme ir hasta lo más profundo de nosotrxs. La percusión, al igual que los sintetizadores, son lo que conducen estos gloriosos seis minutos.

De la misma talla de “Sledgehammer”, “Big Time” es un tema inspirado en el soul y el funk. Sin embargo, a diferencia de la primera, esta canción está construida, de nuevo, alrededor del bajo. Su sonido es tan peculiar que parecería algo electrónico, pues la calidad percusia del instrumento se asienta al 100%. La letra habla sobre las reservas que Gabriel le tenía a la fama y, al mismo tiempo, se burla del consumismo.

“We Do What We’re Told (Milgram’s 37)” abre la sección más experimental del disco, junto con “This Is the Picture (Excellent Birds)”, la cual fue una colaboración entre Gabriel y la cantante Laurie Anderson. El primer tema, casi instrumental, reflexiona sobre el poder y la autoridad, haciendo referencia a los experimentos sociales de Stanley Milgram. La participación de Anderson le agrega al disco una canción bastante hipótica, en done ambos artistas cantan acerca de un cuadro y, por ende, del arte en general.

So cierra el viaje con su tercer gran sencillo y, sin miedo a decirlo, no solamente una de las mejores canciones amorosas en el repertorio de Peter Gabriel, sino de toda la historia de la música occidental. La fusión de ritmos africanos, la voz del cantante senegalés Youssou N’Dour, la atmósfera proporcionado pro los sintetizadores y, obviamente, la voz y al letra de Gabriel, crean un final donde se respira amor e ilusión, sin caer en lo romántico.

Quizá este álbum no me haya curado, pero estoy seguro de que, por lo menos, me ayudó a nunca rendirme. La peculiaridad y grandeza de este álbum recae no solo en su gran producción e inteligente escritura, también en su gran corazón; se trata de un álbum expresivo e increíblemente bien construido. Espero, de verdad, que al escribir esto, pueda contagiar todo el bien que este álbum me otorgó durante los tiempos más obscuros.


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Enrique García Moreno (Ciudad de México, 1998). Estudiante de Lengua y Literaturas Modernas Portuguesas (simón, existe) y de Actuación. Melómano de profesión y cinéfilo de oficio. Escribe poesía vermelha y prosa. Ha participado en varios concursos de relato como el Juan Rulfo o el Luis Arturo Ramos de la Universidad Veracruzana.

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