Entrevista a Marisol Gámez, autora de “Aves Negras”

  1. ¿Cuál fue el mayor reto para escribir Aves negras?

Todas las etapas son retos por sortear y a todos los vemos como el mayor en su momento.

Desde que decides escribir, inicia la aventura de derrumbar varias barreras, por ejemplo: organizar el tiempo para escribir, determinar los temas, procurar un buen final. En ese momento, si bien es una experiencia íntima, no deja de ser una guerra interna, tú contra ti mismo. Si rindes te reprocharás y perdiste, si sale bien te congratularás por el resultado y entonces has pasado la primera etapa.

Luego viene el otro reto, enviarlo a editar, a corregir. Esto suele implicar cierto trabajo y el reto es con el orgullo, porque no se escribe perfecto y ni sale a primera bajo un estilo profesional. Eso es una mentira total. Por lo general el editor hace sugerencias para mejorar el texto, y el escritor, por respeto al público realiza las modificaciones, eso además de que le da seguridad al escritor, envía un mensaje en el que dices a tu lector que valoras su tiempo y su dinero.  Claro, se debe escoger bien al editor porque este es quien hace que el texto dé lo máximo de sí; el editor no quiere arruinarlo ni te está criticando, su compromiso es con la literatura no con el autor. 

También sucede que las sugerencias del editor radican en asuntos profundos del texto, lo que pone en aprietos a los autores. Además, ahí se termina la idea romántica de ser escritor, se acaba la libertad y comienzas a mostrar la madera, el oficio, reescribes las fallas y borrar muchas veces hasta que el editor te diga que ya vale la pena ser leído.

Luego cuando viene la publicación, en efecto es un gusto, una satisfacción muy bonita, pero entonces sí, el mayor reto que es venderlo. ¿Por qué? pues porque poquísima gente le gusta experimentar la lectura de los autores nuevos. Por lo general, la gente se va por los best seller; entonces, tocas muchas puertas para dar a conocer el libro, pero, sobre todo, ganarte la confianza de los lectores y mostrarles que leerte vale la pena, aunque tal o cual gran editorial no esté detrás de ti.

  1. ¿Las mujeres plasmadas en cada relato están inspiradas en conocidas tuyas?

Solo uno de los personajes, la mujer narrada soy yo. El resto no, no en unitario, pero sí son la concatenación de varias mujeres y circunstancias que conozco. Procuré que cada personaje, representara una circunstancia social genérica, y de tan genérica que pudiera tener varias lecturas y acomodarse a mujeres actuales. 

Me centré en un fenómeno que suena mucho dentro del pensamiento feminista, uno de los principales muros por derribar es la situación sentimental de la mujer actual. Porque si bien, los personajes son mujeres libres económicamente hablando, pero el eje de su mundo es la pareja. Eso es, trabajan, tienen sueldo, estudian, sin embargo, en tres de los cinco relatos, opera una sumisión a una idea preconcebida que tiene que ver con el valor que un hombre les da. ¿Y cuántas mujeres hay así? Aquí es donde la realidad inspiró la creación de los personajes, porque no es que las mujeres no podamos encontrar nuestra auto valía o la felicidad fuera de lo que la pareja piense de nosotros, esta idea de que la mujer vale si apreciada por su pareja es una concepción cultural patriarcal. En el libro se muestran en “Destiempos”, el modo en que la chica ve el matrimonio y en “Redención”, la manera en que la estudiante aceptaba las relaciones sexuales con su novio; ambas lo asumen como obligación, a pesar de que ninguna está segura de querer hacerlo. Para ellas la soledad no eran una opción. En Destiempos, está muy arraigado que la condición matrimonial le proporcionaría felicidad, y no es así. He sabido de mujeres que, si no se casan o tienen pareja, generan una sensación de que están haciendo algo mal, se están mirando con los ojos de la sociedad o como creen ser vistas, y entonces, van y se involucran con hombres no adecuados para ellas. Otro ejemplo es “Experiencia celestial”, esta chica, aunque es divina, angelical, sin embargo, añora que un hombre que la proteja, la bese, la tome entre sus brazos. 

Otro ejemplo, es el docu cuento de mujer Narrada, aunque la relación conflictiva no es con un hombre, es con el sentido del ser. Esta mujer inspirada en mi propia experiencia no encuentra su lugar en el mundo, hace lo que le dicta la inercia social por ser una mujer moderna “nace, estudia, gana dinero” tal como se espera de ella, y aún así no es suficiente, pero no es feliz. Y conozco un puño de mujeres que no encuentran la plenitud por el solo hecho de recorrer la estructura conocida. Seguimos a las demás, muchas jamás se quejaron o le atinaron o no sabemos. En el caso del cuento, hasta que la mujer buscadora, la que reniega, la inconforme muere en un suicidio metafórico para convertirse en la narración, es decir, hasta que es nadie, un revoloteo de palaras, es cuando experimenta la plenitud y entonces vive a través de sus personajes que son los de los otros cuentos. 

  1. ¿Qué es lo que más disfrutaste a la hora de escribir Aves negras?

Hay dos cuentos que en especial me gustan, porque en ellos hay mucho de mí.  “Destiempos”, fue el primer cuento de esta pequeña colección, lo escribí hace unos 9 de años y fue muy empírico. Luego cuando aprendí de técnica narrativa lo reescribí, y lo convertí en un cuento sumamente íntimo. Este cuento me arrebataba porque al escribirlo producía muchas sensaciones en mí, y entonces se volvía casi real, creo incluso que llegó el momento en que pasó de la narración a un desamor muy real en mí. Además, usé algo de la personalidad de mi esposo, él es un hombre muy callado y en algún momento de nuestra relación eso causó conflictos en nuestra relación, y cuando escribí: “Ya ves, los hombres son así, silenciosos”, y el final cuando vuelve al inicio y dice: “ya ves, los hombres son así, con sus actos esperan que lo entiendas todo” … no, bueno… revivía aquello de mi propia relación en la que sentía que me daba con la pared. Y, es que, esa característica contribuía mucho a la desesperación de este personaje, por eso lo usé.

El otro cuento que disfruto es Mujer narrada, por claras razones. Lo tuve en mente varios años, pero no estaba segura, sabes, tenía miedo de abrir mis sentimientos y darlos a conocer de manera masiva. Como autor, uno se esconde detrás de los personajes, sin embargo, este cuento implicaba borrar la barrera entre personaje y el narrador que yo encarnaba, entre la ficción de una estructura cuentística y mi realidad.  Por eso inicia: es y no es a la vez. Es real y es ficción. 

Al final, lo decido, me lanzo a confesar lo que ha sido el gran conflicto de mi vida, que es ese sentirme perdida, ese transcurrir de años cuestionándomelo todo, todo…Además, también me atreví porque sé que hay muchas mujeres por ahí con la misma sensación que yo, es decir, en constante búsqueda, en el cuestionamiento ¿por qué he de vivir eso que los demás esperan de mí? porque hay cosas que se nos imponen como mujeres. ¿De qué otra manera se puede experimentar la vida? ¿qué otras experiencias puedo vivir? ¿Qué hay más allá de la materialidad y la buscada estabilidad? Sabes, cuando las cosas como que no nos son suficientes…es como tener un pie en nuestras vidas y otro en el punto de fuga, en el deseo de otras cosas.  

  1. Cuéntanos el porqué de Aves negras, tu experiencia personal al escribirlo, publicarlo y releerlo.

Se llama Aves negras porque con frecuencia, mis mejores amigas y yo tratamos de filosofar sobre la vida, y siempre terminábamos diciendo ¿por qué estamos inmersas en estas cosas y no simplemente nos hace feliz ver las telenovelas de televisa? Luego, pensando en este grupo de amigas, escribí un poema publicado en el libro Equilibrios contrarios (2016), que dice:

Si fue el mundo

o el año

lo que nos hizo aves negras

Si fue la luz polvorienta de la calle

que nos dejó inquietas, desiguales

cuerpos de venus renaciendo

Si fue la ternura inalcanzable

con sus miradas de lince 

el otro idioma de flores que no miramos

Nos abrimos a los brazos, 

al ir y venir

sobre la tierra dura

Nuestra sentencia

no poder con lo simple

dar el alma a las espinas

y apostar a la guerra del fuego interno.

Y bueno, Aves negras, es el producto de ese constante reflexionar de la situación de las mujeres, sobre todo, porque yo siento que la vida de la mujer en estos tiempos es una liga tensa, muy estirada cuando hacemos caso de las imposiciones sociales, no satisfacerlas nos angustia mucho, y nos llena de culpas.

Entonces en nuestro interior se genera mucha fragilidad, y eso ha hecho escozor en mí por mucho tiempo, porque el resultado es el desamor propio, sabes. Yo noto las distancias existentes entre el ser humano que soy, de ahí lo que se me atribuye por ser “mujer”, y lo que se valora le pertenece al artificio de ser mujer, ¿me explico? No de la persona. Entonces, si naciste con vagina y no posees eso que se te atañe, no se te valora, y una manera muy aprender el auto valor proviene de los otros, y si no es así, entonces no nos valoran no nos valoramos nosotras mismas. Eso me daba muchas vueltas. 

Aves negras nació de estas reflexiones, de esa necesidad de ser valoradas por el que tenemos al lado, y que generalmente es una pareja. Es dolorosísimo. Eso no es sano, no valorarse a sí mismo no es lo idóneo, ni tampoco es un problema individual, es una situación colectiva y aprendida.

 Y luego, sabes que me trauma personalmente, ¡las canciones! En el cuento de Mujer narrada lo digo. “Me dejé engañar por las canciones” de mi época, de los 80´ y 90´s. Hay algunas que particularmente me indignan: Tómame o déjame. ¡No inventes! Otra: ¡Te vas porque yo quiero que te vayas! Digo, crecimos con ellas, pero el contenido, no me parece justo para las mujeres

Entonces vamos por el mundo empoderas, inteligentes, cosmopolitas, pero con las mismas ideas arcaicas sobre las relaciones, dice, Coral Herrera en Mujeres que ya no sufren por amor: “el amor parece religión, el amor por, sobre todo, es inevitable, no se controla, el amor es un paraíso”, y yo agregaría, por la relación hay que perdonar las pequeñas venganzas, las faltas de respeto, y un montón de cosas que aguantamos por esa otra idea de que la soledad no es una opción.  

Ya para concluir con esta pregunta cuando me peguntas sobre mi experiencia al publicarlo: este pequeño libro fue un proceso largo, porque yo hago todo, excepto la edición y la portada, que prefiero sean servicios profesionales para que el libro sea profesional. Y sobre releerlo, no suelo leerlos por gusto. Solo que tenga que resumirlo o algo así. 

  1.  Cuéntanos un poco sobre ser autora independiente

Ser escritor es todo un estilo de vida. Añadirle el aspecto de independiente, lo cambia todo. Esto porque no tienes respaldo editorial y eso convierte el sueño del escritor que publica, en una empresa personal en todos los sentidos. No hablo de los autores que quieren escribir para que su familia compre el libro y nada más, porque los hay, hablo del tipo de los que queremos hacer de la escritura una profesión que genere ingresos. Y digo que es una empresa en todos los sentidos porque este oficio contiene tiene todas las áreas administrativas: planeación, ejecución, creación del producto, capacitación, relaciones públicas, marketing, ventas, etcétera, y hay que aventarse a todas. Prepararse para todas y tener disciplina. Suena feo, pero es lo que es…En mi caso, por ejemplo, cuando puedo me levanto desde las 5 o 6 de la mañana a escribir, porque es mi mejor hora para la creación; si no logro despertar, me pongo metas, por ejemplo, una página diaria, o un cuento semanal. Con el tiempo que queda, hago planes de medios, reviso y corrijo lo que he escrito, me contacto con las revistas literarias, tomo cursos por las tardes, leo 20 minutos diarios; se necesita aprender de otros, traer nuevas ideas, leer no solo literatura, también teoría literaria, filosofía, a veces psicología, teoría política, según lo que requiera lo que estás escribiendo…y también tengo dos hijos.

Ahora, el escritor independiente es un profesionista de la era digital, eso es así, porque lo digital fue lo que nos abrió la puerta, diversificó y democratizó los calanes de difusión que es lo que nos permite ser autores y movernos con nuestros propios recursos. Esto nos obliga a aprender sobre el mundo digital, es decir, cómo funciona el comercio digital, cómo funciona la imagen en estos medios, cómo se escribe para blog, para redes, adicionalmente si se escribe literatura o ensayo. Aprender ese feeling que funciona para traer lectores en las redes sociales, eso que le hace clic a la gente, y una serie de cosas con las que se convive a diario, y que para mí han sido nuevas. 

Además, como ser autor independiente es una odisea. Hay que tener ciertas características personales, por ejemplo, ser determinado, lanzarse con seguridad en sí mismo, ponerse un horario, estar dispuesto a recorrer las curvas de aprendizaje en todos los aspectos de la creación, la producción y venta del libro, tener respeto por la carrera, profesionalismo, y tener claro que nunca, nunca, nunca se deja de aprender.

  1. ¿Qué consejo le darías a las mujeres que quieren escribir y no se animan?

Que se lancen. Escribir es un escape. Hubo años en los que estuve así, queriendo hacerlo, pero sin animarme. Era un poco cobarde porque dentro de mí había un problema de auto valía, no de escritura. Yo lo justificaba diciéndome a mí misma que no escribía bien, pero escribir eso es como manejar, aprendes haciéndolo, primero se hace con inseguridad, pero luego uno se suelta y la imaginación vuela. Y digo que a eso le atribuía mi indecisión porque en realidad mi miedo tenía que ver con lo que yo pensaba de mí misma y eso no tiene nada que ver con la literatura. 

Mira, toda experiencia es valiosa. Es decir, toda vivencia a la que se le dé una perspectiva peculiar, original o atractiva puede ser material de lectura. Sí, hay que aprender las técnicas, los recursos literarios para, luego, literaturizar esas vivencias. Además, existe público para todos los gustos. Creo que la cosa es preguntarse ¿por qué no me atrevo?  yo solía achicarme, y entendí que ese era mi mayor obstáculo. Y cuando tengan la respuesta, hay que hacerse otra pregunta ¿qué estoy dispuesta a hacer por la escritura? Ahí encontrarán el verdadero trasfondo en esas ganas reprimidas. Porque puede haber una verdadera vocación o quizá solo una curiosidad temporal. 

En mi caso, estuve dispuesta a mucho. La creación literaria es el amor de mi vida, y eso me motiva  cuando no tengo ganas o cuando me siento mal. Se ha dicho mucho sobre la creación, hay muchas creencias, y te puedo decir que la escritura opera de manera distinta en todas las personas. Por ejemplo, dicen que la melancolía es el mejor estado anímico para escribir, para mí no lo es. Otros dicen que hay que esperar la inspiración, tampoco funciona para mí. Para mí funciona la rutina, yo me meto a escribir me sienta como te sienta. Diario, con ideas o sin ideas, ideas propias o de otros. Yo me sumerjo en la experiencia, lanzándome, no hay otra. Ahora, no digo que siempre me salgan las cosas bien, no, muchas veces desecho lo que escribo, pero creo que de cien piedritas, una o dos deben salir pepitas de oro.

  1. ¿Estás trabajando en nuevos proyectos? ¿cuáles?

Adicional a Aves negras, sí. Como sabes tengo una página web llamada: https://escrituraaplenosol.com y una en Facebook: https://www.facebook.com/marisolgamezmicrorrelatos, en los que cada semana subo una minificción, y sobre estas minificciones hay varios proyectos. El principal es difundirlos para que la gente conozca mi escritura. Me interesa generar la confianza de que vale la pena leer cuentos de mi autoría, aunque no los recomiende Alfaguara, ni el Fondo de Cultura Económica. También quiero publicarlos en un diario de manera permanente. Otro proyecto es reunirlos todos y concentrarlos en un libro, aunque todavía no reúno los suficientes, apenas van unos 30 mi meta es llegar a 100. Otro proyecto es publicar una novela que he terminado. Se llama La mujer que quiso todo. En este momento estoy analizando las opciones de publicación.

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