Abismos para desbarrancarse: Tierra Fresca de su Tumba, de Giovanna Rivero

Páginas: 220

Editorial: Ediciones el Cuervo

Publicación: 2020

Tránsito, umbrales, destinos finales. Me gustan mucho estas palabras pero me gustan más cuando realmente las siento hendidas en una trama y mi tarea como lectora es sentir cómo punzan. Animarme para quizá extirparlas.

En estos 6 relatos, Giovanna Rivero nos presenta a gente que ha migrado y regresa a su lugar de origen, o viceversa. Tierra Fresca de su Tumba (El Cuervo Ediciones, 2020) es una antología cargada más hacia lo weird que al terror, pero eso no disminuye sus momentos escabrosos.

Una chica menonita que ha sido víctima de una violación y tras su victimización debe dejar el hogar. Una mujer japonesa que enseña origami en un sistema de cárceles bolivianas, mientras le da una morada a una tímida estudiante de literatura. Unos chicos huérfanos que buscan su lugar entre los indígenas Metis de Canadá, criados por su tía alcohólica. Una mujer que se enfrenta a terribles secretos familiares cuando regresa con sus hijos a visitar la casa de la infancia; donde la esperan el recuerdo de un suicidio y la insolencia de su vieja tía. Una pareja que se somete a experimentos médicos para poder pagar las cuentas. Y mi favorito: ‘Pez, Tortuga, Buitre’. Un relato de un náufrago, un relato de un asesinato, un relato de venganza y hambre, de hacinamiento y gula. Un relato sublime.

Y mientras aniquilaba a su enemigo, recitaba poemas.
Así también había hecho el mar con ellos. Los había aniquilado sin renunciar ni por un segundo a su pureza bestial, a las crestas de gloria que el agua levantaba con una constancia que nada tenía que ver con el ser humano. Se trataba definitivamente de un poder superior.

En esta atmósfera opresiva y agreste, los personajes se han desplazado de su cultura de origen y parecen nunca encajar. Es allí donde Rivero explota las excentricidades de cada uno y emborrona la línea entre realidad y fantasía en sus cuentos; como lectores nos hace experimentar el desarraigo en un mundo opaco. ‘Cuando llueve parece humano’ no solamente es una historia de fantasmas duplicados —en el sentido de que hay uno que acecha a la protagonista desde hace mucho y otro que no se hace evidente hasta el final— sino también de la disociación entre emigrantes en un país que, aunque les dio la bienvenida, todavía no los ha asimilado. Siempre hay algo detrás del desasosiego aparente. Se huele el humo con la anticipación de que ya viene el fuego. Y caminamos de puntillas, aferrados a la mano de Rivero.

Es loable el hecho de que cada una de las narradoras de los relatos sí tiene una voz distinta; avanzan a distintos ritmos, tienen diferentes tics y refranes, trasfondos culturales. Lo que no cambia en la escritura de Rivero es la maestría en pintar paisajes sirviéndose de lo sensorial: los ambientes de verdad te hincan los colmillos.

“Nuestra casa era una prodigiosa zarza ardiente que lamía los troncos de los árboles y avanzaba como una legión por el huerto. Supe que el sonido de esa crepitación descomunal era el de todos los esqueletos que me habían atormentado. Las calaveras de los abedules, las de nuestros padres y ahora la de tía Anita.”

Esta majestuosidad en la prosa se construye sin muchas pretensiones.

Los cuentos son sutiles: al inicio yo no entendía lo que estaba pasando, pero ir descosiendo la trama con las ansias de desvelar el misterio me impulsó de maravilla. No obstante, el dolor  es evidente desde el principio; se apilará sobre sí mismo, ayudado por las retrospectivas de las narradoras.

Como dice la tía Anita en ‘Piel de Asno’, la gente carga cementerios completos en sus corazones. Y ese sentimiento de desequilibrio —de contemplar un abismo por el cual estamos a punto de desbarrancarnos— no tiene nada que ver con la muerte. Sino con los caminos que nos llevan hasta ella.

Mis manos todavía se sujetaban a sus muñecas, pero ahora sabía que era para administrar mi propio temblor. Tenía miedo de desbarrancarme en su abismo. Pero también quería ahogarme allí.

Inquietud. Nostalgia. Luto. Todo eso está presente en este libro de relatos que muchos han catalogado dentro de lo neogótico. Yo sólo sé que me quedé pensando en Tierra fresca de su tumba durante las noches posteriores a su lectura.


Foto Autor

Alicia Maya Mares (Ciudad de México, 1996) es graduada del 12º Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra. Ha publicado en la sección “Piensa Joven” del Heraldo de México, en las revistas digitales Carruaje de Pájaros, Colofón, Origami y Efecto Antabus, y le lee esta columna a sus cuatro gatos. Creció al lado de un árbol de jacarandá y todas las noches sueña con música, pero nunca puede transcribirla.

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