Cuento | Superhéroe, por Eduardo Omar Honey

The chance is one and it’s gone.
Raimondo de Chanticleer

En el capítulo anterior nuestro héroe fue capturado por el malvado Conde Negro de Sciam gracias a los diabólicos artefactos diseñados por el científico loco Dr. MantiX Rojo. ¿Podrá nuestro héroe escapar y salvar una vez más al mundo del terrible destino que le aguarda a manos del maléfico Conde Negro? ¿O Él, la Liga de Superhéroes y la Tierra caerán en tan diabólicas manos?

El niño es un héroe. Todos los días rescata al mundo y vive una doble personalidad. Vuela y combate a todos los malandros. Siempre gana. Así lo ha visto en las series y en las revistas que le compran. Así juega con sus amigos. Esa es su vida.

—Hola, padre.

—Hola, superhijo, ¿nadie te vio entrar volando?

—Si, vengo a saludarte a ti y a mamá. Espera, escucho con mi superoído que me necesitan al otro lado de la ciudad. Nos vemos después.

—Adiós, hijo. Estoy muy orgulloso de ti.

El padre del niño quiere reconciliarse. Recuerda vagamente que anoche el pequeño se acercó a pedirle un uniforme de héroe. Borracho, su respuesta fue golpear a su hijo una y otra vez. Aún con bruma alcohólica en la cabeza logró llegar al mercado de los sábados. En el puesto frente a él, hay un traje como el de esos personajes de las series. Pregunta el precio, regatea un poco y con la mano que no carga cervezas, cuenta el dinero que le sobra. Apenas le alcanza para comprar el disfraz.

—Madre, veo que estás muy ocupada. 

—Si, hoy es nuestro aniversario de bodas. Quiero darle una sorpresa a tu padre antes que regrese. 

—Déjame ayudarte a supervelocidad para que pronto te pongas linda.

La madre del niño voltea con disgusto cuando él trata de ayudarla con la comida. El marido no tardará en regresar y habrá consecuencias si los platos no están servidos. El infante tira por accidente la olla del guiso. Ella le grita contrapunteando cada insulto con una cachetada o un manotazo. Lo arrastra al único dormitorio de la casa. Ahora los regaños son acompañados con nalgadas. Abren la puerta de la entrada: ha llegado el esposo. Ella para el castigo, se levanta y se retira de la habitación para recibir su sentencia. El niño queda llorando en la cama.

—Superhermano, has salvado una vez más al planeta. Tengo un pequeño problema, ¿me ayudas?

—Claro que sí, querida hermana.

Hace cuatro años que la hermana huyó de casa. Hoy retorna con dieciséis años y el niño no cabe de alegría. Ella sobrevivió vendiendo lo único que lleva consigo. Ha regresado por un accidente que dura nueve meses. Falta uno para que se cure y pide refugio. La madre llora, reclama por qué le paga así, si le dio todo. El padre se levanta para usar el único lenguaje que conoce en estas situaciones. El niño trata de defender a su hermana pero es arrojado al suelo con un moretón más en la cara. Sólo conocerá a su sobrino como una nota roja que se extiende en el suelo de la casa.

—Con mi supervista veo a una mujer en peligro. Debo cambiarme y salir a supervelocidad para salvarla.

El niño patrulla como siempre lo debe hacer un superhéroe. Hoy decidió volar por encima de la ciudad. Ha subido al techo de la vivienda, que es el techo de su mundo. Planea de un lado para otro, se detiene a observar y vuelve a otro rondín. Entonces escucha unos gritos. Corre a ver el origen del escándalo. Abajo, su hermana sale del hogar al patio central. Gesticula y le dice cosas a su mamá, quien sólo llora y suplica que no se vaya, que no los deje. Súbitamente la madre calla y mira hacia la entrada de la vecindad. La hija también calla y voltea. El padre ha regresado de su visita al bar. Él pregunta, tambaleante dueño de la situación, qué pasa. La hija abraza con fuerza la bolsa que carga y contesta que se va de ese miserable lugar. El padre se abalanza sobre ella. Los vecinos, en valla alrededor de la escena, tardan en reaccionar. Pero el niño sabe lo que tiene que hacer: vuela en ayuda de su hermana. El padre nunca ve la mancha multicolor que se precipita hacia él.

—Malvado Conde Negro de Sciam, te he capturado una vez más. 


Eduardo Omar Honey Escandón (CDMX, 1969) Ing. en sistemas. Participante desde los 90s en talleres literarios tanto en México como Venezuela bajo la guía de diversos escritores. Publica constantemente en plaquettes, revistas físicas como virtuales e internet. Cuentos suyos han sido premiados en Teresa Magazine como Nyctelios 6ª. ed. Ha sido incluido en diversas antologías. Coordina talleres de introducción a la escritura para la Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México. Pertenece a la generación 2020-2021 de Soconusco Emergente. Prepara su primera novela.

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