Malgré tout | “Yo, Olga Orozco”

Para Luis González, luz al Sur

I. La rueda de la fortuna

Nada sucede porque sí, nuestro destino está escrito en las estrellas. Somos polvo de estrellas. En la palma de la mano tenemos grabada nuestra historia, susceptible de modificaciones porque gozamos de libre albedrío. Paradoja y contradicción. Dolor de cabeza para los incrédulos.

Un encuentro fortuito me reunió virtualmente con Luis, un mendocino lector de la poesía de Pacheco. El motivo, si es que el destino los necesita, fue un poema de José Emilio que asegura haber leído pero no encontramos. Esperamos dar con él algún día; mientras tanto, aprovechamos esta serendipia compartiéndonos poemas que intercambiamos a través de audios de WhatsApp. Uno de esos audios contenía un poema cuya melodía me gustó muchísimo. Las palabras parecían salir de otro mundo que al mismo tiempo nombraba las cosas de este. La voz me hipnotizó y repetí el audio varias veces. Como pasó con el de Pacheco, no recordamos cuál fue ese primer poema de una compatriota de Luis a quien me describió como fantástica y aseguró me gustaría. Efectivamente, la ventana me hizo abrir la puerta y buscar más de esta enigmática poeta.

II. “Pero no soy todo, soy con todo”

Mientras más poesía leo, más fuerte resuena en mí la pregunta tan trillada ¿qué es poesía? Los poetas y los críticos han unido esfuerzos para dar una respuesta satisfactoria, no obstante, es tan lejana como el último rincón del universo. Busco una respuesta sabiendo que no la encontraré, en el fondo, ese sinsentido es el sentido de la poesía –y de la vida misma–; me dejo llevar por los senderos adonde los versos me llevan, me detengo un tiempo por algunos y regreso constantemente a otros, pero siempre tengo los ojos abiertos a los nuevos.

George Bataille escribió un libro que es una nouvelle, un poema fragmentado y un fluir de la conciencia: Lo imposible, traducido y prologado por Margo Glantz. El lector va, pues, por un laberinto con la esperanza de encontrar el hilo de Ariadna, pero lo que halla es la flecha que todo lo atraviesa: “La poesía no es un conocimiento de sí mismo, aún menos de la experiencia de un lejano posible (de lo que antes no era), sino la simple evocación, mediante las palabras, de posibilidades inaccesibles”. O, en términos simples: la poesía es eso que nos es inasible y que sólo a través de la palabra podremos palpar por un instante, una mariposa al vuelo.

En ese sentido, la poesía de Olga Orozco es también un oráculo y un portal hacia lo desconocido, hacia la fascinación del vértigo. La poeta misma estaba cubierta con el velo del misterio; de mirada oscura y profunda que parecía atravesar los objetos hasta su esencia y voz grave tan hipnotizante como la melodía del flautista de Hamelin. La suya es una poesía que envuelve al lector en una deliciosa vorágine que lo conduce hacia ningún sitio sino al centro de sí mismo, a la totalidad, al punto donde convergen los opuestos. Abrir un libro de Orozco equivale a barajar el tarot y recibir una respuesta a preguntas todavía no formuladas pero intuidas.

III. La luna

Lo misterioso atrae a quien ya es afín, es una especie de llamado de la otredad. Pocos son los elegidos porque pocos son los que se atreven a creer en lo invisible.

El miércoles 17 de agosto de 1920 vio la primera luz la niña Olga Nilda Gugliotta Orozco en Toay, La Pampa, Argentina, que sería conocida con su primer nombre y el apellido materno. Nacida bajo el signo de piscis, signo regido por el elemento agua, la pequeña estaría siempre atenta a la intuición y sensibilidad características de los piscianos. Años más tarde la familia se mudó a Buenos Aires.

Olga Orozco estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y trabajó como periodista; firmaba con seudónimos (ocho en total). Dirigió algunas publicaciones literarias y se encargaba de la sección de horóscopos del diario Clarín (1968 – 1974). También fue actriz de teatro y colaboró en el radio. Perteneció a la generación de la “Tercera Vanguardia”, caracterizada por su tendencia surrealista. Murió la noche del domingo 15 de agosto de 1999 en Buenos Aires.

Aunado a su formación literaria, su vínculo con el tarot fue también importante para su producción poética. La poeta leía el tarot pero dejó de hacerlo cuando previó la muerte de un amigo muy querido; sin embargo, la relación entre ella y esta herramienta adivinatoria está presente en su poesía. No podría ser de otra manera, pues el tarot no es una baraja cualquiera, sino un oráculo para quien quiere saber sobre su futuro o comprender alguna situación complicada por la que atraviese en ese momento.

Tarot y poesía no son muy distintos entre sí. Ramón Llul lo concebía como una máquina de pensar, ya que el tarotólogo se basa en un sistema de asociación de ideas y palabras universales para interpretar las cartas, es una síntesis puesto que los arcanos mayores, las veintidós cartas clave en la lectura, son arquetipos que hablan de experiencias compartidas por la humanidad o un gran sector, es una cosmología: visión de lo físico y lo espiritual que abarca desde el origen hasta el final. Todo está escrito, solo hay que descifrarlo; vale tanto para el tarot como para la poesía, que es la experiencia vital de otros trasladada a los signos más complejos del lenguaje (figuras retóricas); experiencia ajena, pero por un instante tan nuestra que pareciera que nos reflejamos en un espejo. Poesía y cartomancia son cosas distintas y lo mismo: “la capacidad de descifrar el complejo y ordenado lenguaje del símbolo”.

“Aquí está lo que es, lo que fue, lo que vendrá, lo que puede venir. / Siete respuestas tienes para siete preguntas”, escribió Olga Orozco en el poema “La cartomancia” (1962). ¿Quieres saber tu futuro? Abre un libro de poesía y lee una página al azar.
   

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Luz María Alvarado Bárcenas dice:

    El artículo que público la Maestra Nancy Hernández García sobre la poeta Olga Orozco es realmente fascinante. Su artículo es realmente poético!!!
    No solamente me invitó a leerlo varias veces, sino que es una elegante, misteriosa y simbólica introducción a la obra de Olga Orozco en la cuál nos invita a leerla y encontrar respuestas de lo que internamente nos comunica con el Cosmos y como dice “Pero no soy todo, soy con todo”.
    Estoy segura que Olga Orozco estaría muy feliz de leer el artículo de la Maestra Nancy Hernández García.

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