Taller de cuento | ¡Corre, corre y corre!, por Jorge Luis Terreros Sánchez

“Cada que salgo de paseo con mi compañero de vida, Jonás, regreso sediento, hambriento y cansado. A decir verdad, no hay otro ser vivo que me importe más que él: me gustan su olor, sus cariños, su forma de mirarme, ir a nuestro lugar favorito en el cual podemos correr, correr y correr (no es tan rápido como yo, pero sé que lo intenta), sentarme para levantar la pata con el fin de que me comparta comida de humano y dormir en sus piernas para estar alerta si algo pasa en nuestra casa. También he de confesar que me disgustan los ruidos de las fiestas nocturnas de los gatos vecinos, tampoco soy bien recibido en esa jauría del mercado que me persigue sin alguna razón y odio a ese maldito pájaro que nunca puedo atrapar. Es hora de dormir, espero que nadie haga ruido durante la noche para que Jonás descanse”. Jonás acaricia a Mike y se mete entre las cobijas. El chipi-chipi que se escucha en la lámina del balcón los arrulla, cierran los ojos y concilian el sueño:

Cae el ocaso, es el horario habitual del paseo de los amigos inseparables, Mike corre, corre y corre por la pelota que le lanzó su amigo, acelera el paso y la pone entre su hocico, escucha el chiflido de Jonás, voltea, la pelota cae a la tierra, inclina un poco la cabeza a la derecha, no entiende lo que pasa. La persona que más le interesa en el mundo desapareció.

La lluvia aumenta su intensidad, los colores aumentan su luminosidad, cae un rayo y aparece un pájaro de tamaño monumental frente a sus narices:

—¿Qué le pasa al perrito asustado?, ¿no encuentra a su dueño? —el pájaro comienza el diálogo con tono burlón.

—Dime dónde está Jonás, maldito pájaro. ¿Qué le hiciste? —cuestiona Mike.

—Mmmm… pues digamos que está en un lugar mejor.

—Si le hiciste daño, lo vas a lamentar.

—Pobre perro feo, nunca me has podido atrapar y jamás lo harás. Si quieres volver a ver al apestoso de Jonás, tendrás que superar tres pruebas: hacer llorar a Los Gatodiosos, convencer a los Perrenojados de no morder a las personas y no perseguir a los perros del barrio, y ganarme en una carrera de velocidad y por fin atraparme. ¿Aceptas el reto?

—Será difícil, pero lo lograré. La arrogancia es tu mayor defecto, algún día te atraparé.

¡Pum! Una bola de humo que aparece de pronto los separa, cuando se dispersa ya no está el pájaro. Mike comienza a buscar a su dueño, recorre unos metros con la nariz pegada al suelo, levanta la mirada y se encuentra a los Gatodiosos, la banda familiar más temida en las azoteas de la colonia Ensueños; la Guardia Nacional Animal (GNA) los busca por los delitos de robo de comida a casa habitación, tráfico de atunes en la calle Gertrudis de Nivelles. Algunos vecinos de la zona los acusan de subir los decibeles en el maullómetro durante sus frecuentes fiestas rave gatunas.

—Miren a quién tenemos aquí, al perro más consentido y mimado de la colonia —dice el gato líder mientras avienta y cacha su bola de estambre; los otros dos lo rodean—. La única forma de poder seguir tu camino es haciéndonos llorar. ¿Crees poder sacarnos una lágrima a nosotros, que somos muy rudos y sabemos pelear? ¿Vas a poder pelear contra los tres, perro llorón? Ustedes los perros son muy débiles, en cambio nosotros los gatos tenemos sentimientos más fuertes. ¿Alguna vez has visto o escuchado a un gato llorar?

—Sí, la otra noche en la azotea mientras intentaban reproducirse. ¿No se supone que es algo que tienen que disfrutar?

—Ja, ja, ja, ja —ríe uno de los gatos.

—No pelearé con ustedes, pero sí les contaré unos chistes —advierte Mike.

—Nos parece bien, perro simplón, te escuchamos.

—Ahí tienen que estaban dos gatos en un hotel persiguiendo un láser, uno de ellos cayó a la piscina. ¿Qué creen que le dijo a su compañero para que lo ayudara?

—¿Qué le dijo? —responden con interés los tres.

—Miaauuuuhgo, Miaauuuhgo.

—Ja, ja, ja —explotan en carcajadas los tres gatos.

—Uno más, uno más… ¿Qué sale de la cruza de un burro y un gato?

—¿Qué sale? —preguntan entre risas.

—El vecino a callar al gato.

—Ja, ja, ja —ríen hasta las lágrimas los Gatodiosos.

—¿Lo ven Gatodiosos? No todo se trata de pelear, también pueden llorar de alegría con una buena carcajada.

—Ya decía yo, ahora entiendo todo. Te tienen tan consentido porque eres gracioso y divertido —responde el líder felino.

—Jonás siempre bromea conmigo y me hace reír, aprendí del mejor. Ahora tengo que seguir mi camino hasta encontrarlo. Ese méndigo pájaro me tiene que decir dónde está.

—Puedes seguir tu búsqueda, Mike, nos hiciste reír, teníamos mucho sin hacerlo. La última vez que reímos fue aquella vez que hicimos que los Perrenojados tiraran al panadero de su bicicleta mientras nos perseguían. Gracias.

—No deberían de agradecerme por la risa, mejor dejen de robar comida de mi casa, se los agradecería mucho.

—Tenlo por seguro, manito, no te robamos hoy… mañana no te aseguro nada. Pero, si quieres, puedes ir a una de nuestras fiestas rave gatunas nocturnas, el cover es una lata de atún. ¡Si tienes tele, ahí te ves, Miaaaaaaaaamigo! Ya vienen esos perros sarnosos a molestar. Adiós.

Los gatos, erizados y apresurados, se marchan. Mike sigue su camino, distingue un olor familiar; a lo lejos, en aumento y acercándose, escucha las patas raspando la tierra, jadeos y ladridos de los Perrenojados, a ellos la GNA los busca porque, supuestamente, durante las protestas del 21 de julio (Día del Perro) perpetraron actos delictivos como saqueos a Pet Shops y pintas en el monumento a Hachiko con leyendas como: ¡Queremos calidad de vida, no fotos para sus seguidores de Instagram!, ¡Ni un perro atropellado más! y ¡Queremos perritos felices corriendo en los parques no amarrados en la azotea!

Los Perrenojados, con las patas llenas de polvo y con baba escurriendo de sus cachetes, se encontraron con Mike.

—¡A ti te estábamos buscando, perro traicionero! —le grita el líder de la jauría—. ¿Quién te crees?, ¿qué sientes al haber dejado a tus hermanos y compañeros por un humano que lo único que quiere es que le des la pata para presumirle a sus amigos humanos? —continúa.

—Calma, hermano, Jonás no es como los humanos que odiamos, él me da cariño, amor, juega conmigo, me da de comer y me trae a este lugar a correr, correr y correr.

—¿Es por la comida? Nosotros conseguimos comida en el mercado a diario y compartimos. Los humanos son egoístas, superficiales, nos maltratan a nosotros y al mundo. ¿No recuerdas a esa persona que nos puso en una caja junto a nuestros hermanos porque “no somos de raza”?, ¿o a ese niño que me lastimó mi pata porque nos agarraba como juguetes y sus padres no le decían nada? ¿Y qué me dices de aquel señor que nos pateó cuando le pedimos comida?

—Hermano, yo sé que has sufrido mucho, pero no todas las personas son tan malas como parecen: aunque estén mucho tiempo mirando sus pantallas y parezca que no hay algo más importante que eso, muchas de esas personas se preocupan por nosotros…

—No te creo nada, eres un perro privilegiado, por eso miras las cosas de esa manera. Tienes tres comidas al día, techo, juguetes, nada te preocupa. No estuviste con nosotros en las protestas del Día del Perro. ¿Estabas muy ocupado dando la pata por un pedazo de tortilla?

—No pude ir, ese día estuve enfermo por comer pasto y Jonás me cuidó hasta sentirme mejor. Además, vi el noticiario de Perrivisa unos videos donde se miran a perros saqueando una Pet Shop, también vi unas publicaciones en Canbook donde estaban pintando el monumento a Hachiko.

—¿Y crees que eso es cierto? Sólo presentan una versión tergiversada de la realidad para desvirtuar nuestro movimiento perruno. Esos perros que saquearon la Pet Shop son ajenos a nuestra organización.

—¿Y por qué pintaron el monumento a Hachiko?

—No es posible que a los humanos les interese más un monumento que la realidad que vivimos. Necesitamos mejorar la situación, las condiciones de vida. Nuestras luchas son más importantes que cualquier monumento.

—Entiendo hermano, yo siempre estaré apoyando aunque ya no me creas ni me quieras.

—No es que no te crea hermano, pero me dolió que nos dejaras.

—Créeme que lo hice porque Jonás también necesita un compañero, cuando nos conocimos pasaba un momento difícil en su vida y todo va mejor desde que vivimos juntos.

—También te entiendo, hermano, yo hubiera hecho lo mismo, pero me corresponde seguir la lucha con los míos. Anda, ve a buscar a Jonás y atrapa a ese horrible pájaro.

—La única manera de poder pasar esta prueba es convenciéndote de que ya no muerdas a las personas ni persigas a los perros que tienen un hogar.

—Lo sé, te prometo que ya no perseguiremos a perros privilegiados y mimados como tú. En cuanto a las personas, únicamente si es que se lo merecen: morderemos a las personas que no quieran atender a nuestras demandas y no sean empáticos con nuestras luchas.

—Muchas gracias, hermano, nos vemos pronto por el mercado. Rómpete otra pierna para que tengas el doble de suerte. Hasta luego.

Para este momento, Mike se encuentra a una prueba para lograr su cometido. Otro trueno cae en el árbol donde Mike y Jonás suelen sentarse a descansar y mirar la tarde caer. Aparece el pájaro con un tamaño promedio.

—¿Qué pasa? — pregunta irónicamente Mike—, no te veo tan grandote como hace un rato.

—Con cada prueba que superaste, me debilitaste. Pero que no te preocupe mi tamaño, a final de cuentas nunca me ganarás en una carrera y mucho menos me has podido atrapar, fracasas cada vez que lo intentas —asegura el pájaro.

Vamos a la prueba final, la meta de la carrera está en esa roca que está cruzando el tercer árbol. Mike y el pájaro toman sus posiciones: en sus marcas, listos, fuera. Suena el balazo de salida, Mike comienza a correr con todas sus fuerzas, nunca había corrido con tantas fuerzas, mientras corre a paso firme y se llena las patas de polvo de aquel terreno recuerda las palabras de Jonás cada que lanza la pelota “Corre, corre, corre. No te detengas, ¡ven conmigo, campeón!”. La carrera es pareja hasta el momento, pasan el primer árbol.

Con un tono burlesco, el pájaro pregunta:

—¿Eso es todo lo que tienes? Creí que Jonás merecía todo tu esfuerzo —agrega en un tono sarcástico. Ahora sí voy en serio…

El pájaro aprieta el paso, entre risa malévola sigue su camino. Cruzan el segundo árbol, el pájaro inclina más el pico para agarrar más velocidad, Mike, con la esperanza en los ojos de encontrar a Jonás, hace lo propio. Es la recta final: ¡Swoosh! El pájaro aletea con fuerza y toma la delantera, parece que todo está perdido para Mike, una lágrima se mira en su cara, el pájaro sigue riendo y voltea para burlarse:

—Eres un perro menso, jamás podrás alcanzarme y nunca volverás a ver a Jonás. —¡Eee-Yow! El pájaro choca con una de las ramas del último árbol, cae al piso, Mike acelera el paso y cruza la meta. Ganó la carrera.

Mike se derrapa en la tierra con sus dos patas traseras, regresa hacia el árbol donde se estrelló el pájaro. Este, con dolor y desconcierto, logra pararse, aletea para huir; Mike, con pundonor y las fuerzas que nunca había sacado, brinca, ya lo puede mirar en su boca con baba resbalando de sus cachetes, solo queda cerrar la mandíbula para atraparlo…

—¿Otra vez soñando que corres, Mike? —cuestiona Jonás entre risas—. Eres un perro muy loquito. Son las 7:00 a.m. Me tengo que ir a trabajar, te encargo la casa. Nos vemos en la tarde: te portas bien.

Jonás acaricia suavemente a Mike, le da un beso en la frente, camina hasta la puerta, la abre y se marcha. Mike despierta, camina hasta el balcón, mira cómo se marcha por la calle. Tiene que esperar el regreso de Jonás para ir a su paseo vespertino habitual e ir a su lugar favorito a correr, correr y correr.


Jorge Luis Terreros Sánchez. Estudió la Lic. en Comunicación en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) en la Unidad Académica Profesional Huehuetoca de 2015 a 2020. Las actividades que realiza actualmente están enfocadas en el proceso creativo para realizar producciones audiovisuales (guionismo, escritura creativa y manejo de cámaras). Me interesa el cine (en todas sus etapas y fases), así como el periodismo (en todos sus momentos y formas). Actualmente colabora en Revista Brújula Mx. Los temas que aborda en textos de ficción y no ficción cuentan historias de la sociedad actual con un enfoque crítico que visibilizan problemáticas de grupos vulnerables y poco reconocidos.

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