Taller de cuento | Cabeza de árbol, por Fernanda Sánchez

No era humano, no. Ni tenía género. Le conocí hace diez años durante la última reunión en casa de Raquel.

En un pueblito, donde todos los habitantes somos raros, logró sobresalir… No hablaba, aprendimos a entenderle a señas. Cabeza de árbol, le pusieron, por algo tan sencillo como que su cabeza era la de un árbol. Su cuerpo, no sé, jamás lo vi completo. Sus manos y pies eran ramas y raíces que no estaban fijas a ningún suelo. Se movía de verdad… caminaba, hasta le encantaba bailar.

Le vi, pues, en la reunión. Llegó corriendo, huía de alguien. Nunca supimos con exactitud de quién. A señas entendimos que le querían talar y convertir en madera.

—Ven conmigo —le dijo Raquel y le acercó a una silla para que pudiese descansar.

A señas nos dijo que no.

—Los árboles no se sientan —replicó la niña.

—¿Quién eres? —le pregunté, tratando de descifrar cómo podía vernos, porque estaba segura de que nos veía.

Me explicó a señas que no hablaba.

—Descuida… ¿Siempre fuiste un árbol?

Negó con la cabeza.

—Quizá está bajo el efecto de un embrujo —dijo la chica del perro.

Cabeza de árbol afirmó.

—Pobre… ¿Qué podemos hacer por ti?

Levantó los hombros. “No sé”, entendimos…

Sin ser experta en su lenguaje, le acogí en casa y prometí encontrar la manera de ayudarle. A la mañana siguiente, me dediqué a consultar a todas las brujas y a todos los brujos del pueblo… ninguno había escuchado de un hechizo así. Que te conviertan en árbol sí, pero un árbol caminante, imposible.

Cabeza de árbol comenzó a frustrarse luego de que buscásemos incluso en pueblos colindantes una solución, sin éxito…

Una noche, tras meses de conocernos y vivir juntos, me atreví a preguntarle sobre su vida.

Negó con la cabeza. No quería hablar de ello, pensé.

—Confía en mí —le dije.

Se levantó, me dio un largo y muy fuerte abrazo. Casi sentí caer sus lágrimas en mi hombro, aunque no lloraba… A señas, me hizo saber que era momento de marcharse, me agradeció.

—No, no, aún no cumplo mi promesa.

“No tienes que hacerlo”, respondió.

Le dejé ir. Tal vez no debí, pero ¿cómo detienes a un árbol que corre?


Fernanda Sánchez. Nació en 1999 en Guanajuato, México. Estudia Ingeniería en Gestión de Proyectos y Licenciatura en Idiomas. Comenzó a escribir a los trece años, incursionando en diversos géneros literarios y en la creación de un blog personal. En la actualidad, se inclina hacia la escritura de cuentos, relatos cortos, así como citas y escritos breves para su blog y los diversos blogs grupales en los que es colaboradora. Participante del Taller de Cuento para Principiantes (junio-julio 2021).

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