Arrecife Teatro: la propuesta que quiere hacer un cambio en el teatro infantil

Arrecife Teatro es una compañía dedicada a hacer teatro de títeres para niños. Está conformada por once egresadas de la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM. En apenas tres años, ha conseguido diversas distinciones, como las menciones honoríficas en mejor producción, mejor iluminación, mejor vestuario y mejor escenografía del Festival Internacional de Teatro Universitario de 2019; además, el mismo festival decidió abrir una categoría específica para teatro infantil después de su participación. También recibió el Premio Lech Hellwig-Górzynski a la Creación Escénica Teatral entregado por la Embajada de Polonia en México y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En 2020 había iniciado su primera temporada en el Centro Cultural del Bosque, pero fue suspendida por el inicio de la pandemia. Recientemente fue seleccionada para estar en Piso 16, un laboratorio de iniciativas culturales de la UNAM. En esta ocasión pude platicar con dos de las integrantes de Arrecife, Bárbara y Montse, quienes me contaron cómo es hacer teatro para niños y qué proyectos tienen en mente para hacer frente a la digitalidad.

¿Cómo surge Arrecife Teatro? ¿Qué las lleva a decidirse por hacer teatro infantil?

B: Nosotras empezamos a hacer teatro infantil por una materia en el último año de la carrera de Literatura Dramática y Teatro, con un texto ya escrito en la clase de teatro para niños, y durante ese año trabajamos juntas en la obra de Huellas de Manglar. Una vez que terminó el ciclo escolar vino la decisión seguir trabajando juntas haciendo teatro para niños y con títeres.

¿Cuáles son las ventajas de hacer teatro infantil y qué dificultades han encontrado?

B: De las ventajas, viéndolo de manera muy fría, te puedo decir que es un gran mercado; pero honestamente, creo que algo que nos gusta mucho es el contacto con el público y que al momento de la función los niños reaccionan de manera honesta. Si les gusta, les gusta y te lo van a decir; si les parece aburrido, no te van a hacer caso. Para nosotras, como hacedoras de teatro, es muy valioso tener esa respuesta honesta y espontánea del público. En cuanto a desventajas o dificultades se puede decir que hay una perspectiva de ver el teatro para niños y en general la producción artística que va dirigida a infancias como un arte menor, o hay una idea preconcebida de que simplemente es un escalón, o sea lo haces en lo que saltas al “teatro serio”, “de verdad”. De pronto cualquiera cree que hacer teatro para niños es muy fácil porque es para niños.

Siguiendo un poco con esta idea, en su opinión, ¿la situación social, política y académica del país es propicia para la difusión de un proyecto como este?

B: Creo que sí, porque a pesar de este panorama negativo, sí hay interés y hay muy buen teatro para niños en México: hay muchos contenidos, mucha amplitud y mucha calidad. Se está tratando de hacer un espacio, incluso en lo académico. Si bien no es que la infraestructura ya esté, sí se está dando el cambio. Nos gusta pensar que nosotras podemos ayudar, facilitar e impulsar este cambio en el panorama, darle reconocimiento al teatro para niños para que sí sea considerado como digno de estudio. Y socialmente creo que está la puerta, sobre todo en este momento que notamos una tendencia de ciertas personas a buscar el rechazo hacia las infancias, por eso creemos que es importante hacerlo ahorita.

¿Qué diferencias dirían que hay entre hacer teatro infantil y uno dirigido a adultos? ¿Hay temas que se deban evitar o que se prefieran? ¿O una forma diferente de interactuar con el público que se deba tomar en cuenta en cómo se va a formar la representación?

B: El teatro va a cambiar siempre dependiendo de para quién sea, tengan la edad que tengan. Con los niños es igual, además hay que agregar el factor de que no es lo mismo hablar de un niño de cinco años y uno de diez, así que la segmentación del público es muy importante. En cuanto a temas, hay que saber cómo vamos a tratarlos, cómo introducir los temas que les interesan, que les atañen. Por ejemplo, en Huellas de Manglar hablamos de la migración y lo importante es saber qué les interesaría a los niños saber de la migración. A partir de eso se trabaja y se conceptualiza la puesta en escena, y tienes que considerar en qué etapa de desarrollo están. Un niño de cinco años todavía no llega a la etapa de la abstracción, entonces no se va a tratar el tema de la misma manera a como lo tratarías para un adolescente.

Hablaban también de la recepción y la crítica de los niños y lo sinceros que son siempre, pero, ¿cómo es que les llega a ustedes esa retroalimentación?

B: Estando en el teatro, escuchas sus reacciones. Hay niños que van narrando lo que ven; como todavía no pasan por los procesos de “aquí tienes que guardar silencio”, tienen esta libertad de decir las cosas. Hay niños que son más tímidos, pero te das cuenta cuando tienes su atención porque participan de otra forma. También cuando terminan las funciones hay niños que se acercan; a mí me tocó que quisieran tomarse fotos con los títeres o que éstos salieran a saludar. En ese tipo de cosas te das cuenta.

M: Sí, yo soy la guía exploradora en Huellas de Manglar y tengo contacto directo con el público y es importante tomarlo en cuenta para evitar distracciones y convertirlas en parte de la obra. Había niños que me comentaban que tenían tortugas de mascotas o que habían ido a viajes y habían conocido tortugas y yo tenía que integrar todo eso a mi personaje y al contexto de la obra, lo que no ocurre en una función para adultos porque ellos no se acercan a contarte sus experiencias con tortugas.

Bárbara mencionaba la importancia de los títeres para Arrecife Teatro, ¿qué ventajas y desventajas tiene trabajar con títeres?

B: Una de las más grandes ventajas es que te permiten llegar a lugares donde tú como persona no puedes llegar. Como en Huellas de Manglar, el pez pega saltos y va nadando por la escena. Pero eso tiene muchos retos, sobre todo a nivel técnico: lograr que el títere tenga vida, que es lo que nosotras hacemos, es de lo más difícil: que un títere que tiene una expresión fija, pueda mostrar diferentes expresiones y que se mueva distinto. Tiene sus ventajas y sus grandes retos técnicos, pero creo que las ventajas hacen que valga la pena la dificultad.

M: También nos permite transportarnos a lugares mágicos y más fantásticos que en una obra sin títeres. En Huellas de Manglar nos transportamos al océano, al fondo de los arrecifes, caminamos entre los manglares… Nos ayuda a que la magia del teatro sea más grande.

B: Nos permite jugar con el asombro, y no solo para los niños, también para los adultos. Lo que nos ofrece el mundo de los títeres son muchísimos mecanismos y todas estas cosas que permiten que constantemente te estés asombrando.

Ustedes estaban presentando Huellas de Manglar cuando empezó la pandemia y paró tanto las funciones que tenían como gran parte de la producción artística en el mundo, ¿cómo les afectó y cómo se adaptaron para seguir con el proyecto?

M: Lo primero en que nos afectó fue en lo económico. Eso fue lo más fuerte porque teníamos funciones programadas en el Helénico y no terminamos la temporada en el CCB. Dentro de la compañía nos afectó también en los otros proyectos: teníamos encaminados dos más, ya llevábamos varios ensayos. Fue un corte de golpe que afectó a una de las obras que ahora en la pandemia ya no tiene cupo y la tuvimos que cambiar totalmente. Estuvimos estancadas durante casi un año hasta que logramos adaptarnos al mundo virtual del teatro.

B: Digamos que nos afectó y nos dio para abajo en muchas cosas, pero también aprovechamos. Entramos a Piso 16, este laboratorio de Cultura UNAM que nos ha ayudado a sostenernos, a enfocarnos.

M: Y nos ha servido a nosotras para formarnos mejor como compañeras.

Tienen un proyecto de un curso de verano para niños, ¿cómo funcionan este tipo de actividades en forma virtual?

B: Hemos ido descubriendo eso, el cómo lo vamos a hacer de manera virtual, porque los retos son varios: ¿cómo podemos organizar las actividades en línea para que se la pasen bien, puedan divertirse, explorar, experimentar? Creo que se ha tratado de eso, de pensarlo muy bien e intentar ser estratégicas en ese sentido, ¿de qué manera podemos hacer esto una experiencia de buena calidad también para los papás? Queremos que sea una experiencia buena para los niños y niñas y para los papás, mamás.

M: También buscar actividades en las que los niños se sientan autosuficientes o libres de hacer y en confianza. Casi todo lo que estamos planeando tiene que pasarse por el cuerpo y eso es algo que, para mí, hace una diferencia. Porque nosotras somos de teatro, venimos de lo corporal, del conocimiento del cuerpo y las emociones y eso es lo que estamos intentando trasladar a nuestras actividades que vamos a realizar con los niños.

En Huellas de Manglar hablan tanto de migración como de situaciones de los mares, de contaminación, de diferencias entre unos y otros, ¿qué fue lo más complicado de montar esta obra? ¿Tuvieron que hacer investigación?

B: Uf, muchísima. Todo el equipo que estaba en ese momento hicimos una parte de la investigación mientras Frida, la dramaturga, trabajaba con Luz, que es la teatróloga. Eso fue para la elaboración del texto, que implicó también investigación de contexto, de por qué es importante, de cómo aterrizarlo hacia el público meta, y después vino otro proceso de investigación hacia la escena: la experimentación de desarrollar cajas mágicas a partir de las escenas y cómo este ejercicio se trasladó y se convirtió en teatrinos y de la experiencia de la migración del público de uno al otro. Fue mucha investigación y experimentación tanto escénica como teórica.

Por último, ¿qué dirían ustedes que define a Arrecife Teatro y hacia dónde quieren dirigir el proyecto en un futuro?

B: Mira que nos agarras en un momento que venimos de hablar esto, de estar con esta pregunta. Esta semana estuvimos trabajando en un taller de marketing y la conclusión a la que llegamos fue que si tuviéramos que resumir nuestra esencia sería: “teatro para público joven, desde y para el corazón”, porque creo que lo que buscamos es una conexión con los niños y un espacio de juego para ellos. Nos interesa mucho encontrar otras formas de relacionarnos con el público; los títeres están al centro de la experiencia que proponemos. Creo que eso es algo que nos define mucho: trabajamos a partir de un método de investigación-creación, somos muy autodidactas y hay cosas en que a lo mejor nos estrellamos, pero encontramos la manera de hacer que salga, y a la próxima ya sabemos que podemos hacerlo más sencillo. Y hacia dónde queremos llevarlo… lo que queremos es que sea un trabajo sustentable, que nos permita seguir haciéndolo por mucho tiempo, y queremos también encontrar la oportunidad de salir del teatro para llegar a otros lados: acercarnos a escuelas o vincularnos con alcaldías para encontrar espacios al aire libre… acercar el teatro a zonas donde quizá no está tan accesible, porque los teatros están muy centralizados o en zonas muy específicas de la ciudad. Poder crecer como compañía y poder trabajar con otros creadores e impulsar a otros que vengan después de nosotras, que más que se vea como una competencia, porque el ámbito del gremio teatral puede ser muy competitivo y muy agresivo, a nosotras nos gustaría trabajar desde otro lado: desde la colaboración, desde el impulsarnos, desde el apoyarnos y siempre buscando generar estas experiencias buenas para el público.

M: Y también generar confianza en los demás para que se acerquen a nosotras y podamos acompañar sus procesos, nosotras ayudarlos en lo que ya sabemos hacer, como la creación de títeres, de vestuario, de dramaturgia. Hacia eso están también enfocados nuestros talleres, que esperemos que se puedan dar pronto, porque también forman parte de nuestro plan de sostenibilidad.


Irene Rivas Mejía. Egresada de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas. Ha sido becaria en el seminario de ecdótica del Instituto de Investigaciones Filológicas y ayudante de profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus temas de interés son la cultura y la literatura de las Islas Canarias y del México virreinal. En sus tiempos libres escribe y aprende sobre música y baile.

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