Entrevista con Vivir Quintana: un canto desde la colectividad

“¡Que caiga con fuerza el feminicida!” es un grito que retumba desde las entrañas de este país. Es una exigencia que cada día se torna más urgente, más dolorosa, pero, al mismo tiempo, más fortalecida por la suma de miles de voces. Esta frase forma parte del legado que la compositora coahuilense Vivir Quintana ya está dejando en los diversos movimientos feministas que se construyen en México y fuera de estas fronteras, por medio de su fundamental “Canción sin miedo”.

La carrera artística de Vivir Quintana ha estado ligada al trabajo colectivo, pues destacan sus colaboraciones con artistas como Mon Laferte, así como su participación en la composición de más de ciento cincuenta canciones, algunas de las cuales fueron realizadas por encargo. Ahora, su labor le ha abierto caminos para continuar creciendo como artista, en esta ocasión como solista, pero nunca sola, como hace bien en remarcar. Uno de los principales espacios que le ha abierto las puertas ha sido el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, en el que se presentó el pasado 25 de marzo para demostrar que “Canción sin miedo” es apenas una pequeña parte de una trayectoria en desarrollo. Para Vivir Quintana, es un momento ideal para seguir creciendo, siempre de la mano de otras mujeres.

Últimamente has experimentado un momento de tu carrera en el que cada vez eres más reconocida como artista de manera individual y no por tu colaboración con otras artistas, ¿cómo lo has vivido?

Ha sido bien loco y bien interesante, porque siento que no me despego de ellas, ¿sabes? Eso es algo muy bonito también, porque Mon [Laferte] ha sido una maestraza y agradezco mucho a la vida por habérmela encontrado y por que me haya mirado, de alguna forma. Ha sido parte importante de que yo haya dado este salto que quería dar desde hace mucho tiempo. Ella me cobijó muchísimo y hasta la fecha me dice: “oye, cualquier cosa que necesites, aquí estoy”. Hasta la fecha le sigo escribiendo para pedirle consejos u opiniones, y siempre está ahí al pendiente. Siento que eso lo sigo trayendo ahí todavía, su corazón tan grande.

Pero por el lado profesional, el dar a conocer lo que yo hago, lo que uno de mis amigos productores llama “lo que eres aparte de ‘Canción sin miedo’”, me ha dado muchas alegrías muy grandes. Incluso me han dicho: “no sabía que esta canción también era tuya” o “no sabía que escribías también de esto, del amor o del desamor”. A mí me gusta hablar también del amor y el desamor, pero desde otra óptica, como para decir: “sí, nos enamoramos y todo, pero también podemos deconstruirnos en el amor, no romántico, sino desde la idea del amor más puro, sin la pertenencia”. Entonces, me ha gustado mucho que la gente se dé cuenta de que también hago estas otras canciones. Uno de los objetivos del concierto en el Teatro de la Ciudad es presentar esas otras canciones, lo que me emociona mucho por contar con la compañía de otras compañeras músicas. Ha sido un camino muy bello y muy agotador, te soy sincera, pero siempre con la fe y la esperanza puesta en que cada unión, cada cosa que haces en colectivo, con más compañeras, suma y logra que las cosas se hagan más grandes todavía. Eso me gusta mucho y así ha sido ese brinquito, que es más bien un arrastradón muy bello que me han dado [ríe].

Tocaste un punto clave que caracteriza a muchas artistas en la actualidad, que es la idea de crecer juntas; pero la colaboración entre mujeres es algo que se ha visto en otros ámbitos de la sociedad: ¿cómo percibes esa idea en la música y en tu vida?

Me gusta mucho, porque crecimos con estas ideas como la frase “mujeres juntas ni difuntas”, o que las mujeres no pueden hacer equipo o llevarse bien. Nos habían implantado mucha competencia, y la creencia de que de que yo pertenezco a un lado y tú perteneces a otro. Me di cuenta de que la colectividad viene muy de la mano con el feminismo. El feminismo nos enseña a quitarnos esas ideas, esas costumbres y esas creencias que nos hicieron decidir ciertas cosas que a lo mejor no estaban tan bien y que ahora podemos mejorar. Una de esas es hacer equipo con mujeres, con compañeras. Se nos ha sesgado en muchos escenarios, en muchos trabajos, en muchos espacios, y no nada más a las músicas, sino a las mujeres en general. Cuando nosotras mismas empezamos a hacer nuestros propios espacios crecemos más. Todas juntas crecemos, lo cual es muy bello. Es un aprendizaje muy grande que tenemos que tener todas y en todas las generaciones. Si yo tengo oportunidad de hacer algo, también se la comparto a mis amigas, a mis compañeras, aunque no las conozca. Me encanta.

Ahora que han pasado dos años desde el lanzamiento de “Canción sin miedo”, ¿cómo has visto la recepción que ha tenido entre el público?

No me esperaba esta proyección tan grande que ha tenido la canción. Lamentablemente eso denota que hay un problema muy fuerte en México y en Latinoamérica, que es el feminicidio, pero también las ganas de las compañeras de decir muchas cosas, de decir muchas verdades, de hacer muchas denuncias. A mí me ha tomado por sorpresa cada vez que se comparte, cada vez que se hace una versión nueva de la canción. Me duele mucho, ¿sabes? Me duele mucho saber que ése fue el detonante. Y por otro lado me gusta mucho, porque el arte es resiliencia, es rescate y es meterse en las emociones para sacar lo que hay dentro de ti, y eso permanece en el subconsciente. Por medio del arte, hacer este tipo de denuncias o dar a conocer este tipo de discursos, a mí me hace tener fe en muchas cosas, y una de ellas es la unión de las compañeras. Un canto te puede llevar a la colectividad, y esa colectividad te lleva a cumplir sueños y a seguir caminos, a ser ese parteaguas para las mujeres que vienen atrás de ti. “Canción sin miedo” ha tenido una evolución, pero no sólo la canción, sino también yo. Ha sido una evolución en mi persona: en cómo quiero las cosas, en cómo tengo que construirme y estar presente en el movimiento para tener coherencia dentro y fuera del escenario, en cómo seguir haciendo canciones que hablen de estos temas. Quiero seguir haciendo música con responsabilidad de discurso, que es muy importante.

¿Qué representa para ti ver que en una manifestación o reunión haya mujeres que canten esta canción?

Para mí representa tener mucha fuerza. Hay gente que se equivoca, tal vez no con mala intención, cuando dice que “le quieres dar la voz a quien no tiene voz”. Yo no busco eso. Yo creo que todas tenemos voz, sólo que lo que hacemos quienes a veces tenemos un poco más de visibilidad es amplificar esa voz. Hay que trabajar siempre en conjunto, estar presente en lo que sucede y seguir haciendo esta música.

Como comentas, lamentablemente el tema de los feminicidios y la violencia contra las mujeres ha dado para muchas canciones, tanto en México como en el resto de Latinoamérica. Hay grandes artistas que abordan estos temas desde diversas perspectivas, ¿buscarías colaborar con ellas para seguir amplificando el discurso?

Siempre busco colaborar, me gusta mucho. Creo que siempre es positivo hacer equipo con otras compañeras que además hablan de lo mismo y que buscan los mismos fines, como la erradicación de la violencia de género por medio del arte. Ayer acabo de ver a Mare Advertencia Lirika, nos tocó hacer una colaboración, y es bonito encontrarnos en el camino. Pronto también voy a hacer algo con Sara Curruchich, por ejemplo. Busco estas uniones que lo que hacen es amplificar los lazos amistosos y sororos que hay entre nosotras, y aparte amplificar el discurso. A mí me encanta hacer colaboraciones [ríe].

Una de las versiones que más llama mi atención de “Canción sin miedo” es la que hiciste con Mujeres del Viento Florido en ayuujk. ¿Cómo se dio esta colaboración y por qué elegiste la lengua ayuujk para transmitirla?

Se dio porque tuve un encuentro con Viento Florido, que es esta banda regional femenil dirigida por la maestra Leticia Gallardo. Coincidimos en un proyecto, que ya después vamos a presentar, que fue antes que Canción sin miedo. Las chicas le dijeron a Jalil, que fue el productor de esta grabación, que tenían una versión de Canción sin miedo, porque ellas sabían que nos íbamos a conocer. Entonces él sugirió hacer la colaboración, porque teníamos las herramientas y lo teníamos todo. A veces la gente cree que es muy fácil grabar una canción, pero es súper complicado cuando no tienes esos puntos de encuentro, como estas colectividades de las que hablamos, además de que no es tan barato producir una canción. Entonces, ya que el productor lo dice y teníamos las herramientas y la disposición de las compañeras y mía, fue muy especial. Me enseñaron la versión y estaba hermosísima, lo que nos hizo empezar a soñar con hacer una colaboración.

Estuvo muy lindo, porque en un inicio pensábamos que yo cantaría en español y ellas pondrían la música, pero pronto coincidimos en que se tenía que cantar en la lengua que hablan ellas, que es el mixe, con esta variación que hay en Tlahuitoltepec que es el ayuujk. Le dijimos a la maestra Lety y la convencimos de que la cantara, y después la convencimos de que me diera unas pequeñas clases de pronunciación de ayuujk, para poder acompañarla en las segundas voces. Fue espectacular probar esas otras experiencias que también son parte de nosotras, pero que a veces no queremos ver o que romantizamos de cierta manera. Yo les decía a las personas con las que hicimos el video que quería que las compañeras de Tlahuitoltepec fueran muy protagonistas, porque es de lo que habla la canción, de poner al frente a las mujeres que luchan, y ellas son mujeres que luchan todos los días. Hicimos esa versión, fuimos allá a grabar el video en diciembre, como el 17 de diciembre andábamos allá grabando, y estaba haciendo bastante frío, pero se sentía una calidez muy bonita porque estaban las cuarenta chicas que conforman la banda, estaba la maestra, estaba la gente de Tlahuitoltepec que nos trató increíble. Fue una experiencia muy bella y me quedé con estas ganas de seguir haciendo más por más compañeras, y pasarles el micrófono, porque tienen un chorro de cosas que decir. Si en algún momento no se pudiera, quisiera acercarme para decirles que lo digamos juntas. Lo que he aprendido mucho en estos dos años es que la colectividad debe estar presente ante todo… y la unión… y la sororidad [ríe].

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