Cuento: Infierno número dos, por Aldo Rosales Velázquez

Nájera mira el cuadro una vez más: no lo entiende y tampoco se esfuerza en hacerlo, simple y sencillamente deja resbalar la vista por el fondo gris plomizo y las figuras a ambos lados, mujeres con los ojos cerrados, desnudas, con una mano sobre el sexo y la otra sobre los senos. “Es bella, ¿no…

Cuento: Imprevisto, por Daniela Elizabeth Toledo

Esto sucedió una mañana de abril. Los exámenes finales del cuatrimestre comenzaban a acercarse y debíamos estudiar duro, si queríamos aprobar las cinco materias que correspondían al primer cuatrimestre del segundo año de abogacía. Estábamos con Juanse esperando el micro. Juan Sebastián había sido mi compañero de estudios desde que ingresamos, en la “alta casa de…

Cuento: La buena suerte, por Servando Clemens

Juan Felipe salía todas las mañanas a buscar trabajo, pero nunca tenía buena suerte. Su abuela le daba plata para el autobús y para que comiera algo en las loncherías del centro de la ciudad. La anciana tenía la esperanza de que su nieto sentara cabeza y que encontrara un empleo digno, sin embargo, a…

Minificción, por Gisela Rodríguez

Ella tiene miedo, mucho miedo. Se le estremece la piel cuando es media noche porque sabe que la espera el dolor. Ya hizo el bolso de la más chiquita y no para de pedirle al más grande que la ayude, así puede terminar lo más rápidamente posible. Su madre se lo advirtió muchas veces y…

Cuento: Otras memorias de Tontilandia, por Ronald G. Hernández Campos

LA DAMA FILÓSOFA En la época de la “Restauración”, la aldea entró en un estado alarmante que los artistas llamarían “de puentes rotos y desmembramientos del genio creador”, porque ya no se pensaba libremente, ni se hablaba de lo que realmente se quería; al menos en la esfera pública tontilandiense, donde la policía restauradora perseguía…

Cuento: Mi alma heredera, por Milton Ismo

Abrí y cerré la puerta del convento. El sol aun no salía y el frío cuarteaba mi piel.  Exhalé sobre mis manos y me puse a trabajar. Las golondrinas se paseaban entre las maderas de la iglesia. La virgen descansaba debajo de la tela de polvo que se levantaba día con día. Los pasos quisquillosos…

Los fantasmas del ASCII, por Rodrigo Mora

A Carolina I SOH ^A DESPEGUE Etapa primaria Ignición eléctrica del primer motor 3G o 4G (para, al menos, poder levantar las manos) Orbitar un poco la Tierra para escapar de su fuerza gravitacional Desprendimiento de la primera fase. Basura que cae al cielo. Ligereza material. Etapa secundaria. Ignición del segundo motor… STX ^B La…

Cuento: Dalia, por Michel M. Merino

Ramón arrojó su maletín y su saco apenas entró a su departamento. Se quitó los zapatos mojados y fue directo a la cocina por algo para cenar; moría de hambre desde que había salido de la oficina, pero de haber comprado algún bocadillo, no hubiese completado para el pasaje del segundo autobús. Abrió el refrigerador…

Cuento: Nueve horas, por Alexis Castro

El taxi se detuvo a la mitad de la cuadra, detrás de un Yaris negro con el parachoques abollado. Era un Yaris viejo, cubierto de polvo y, probablemente, llevaba un buen rato en la misma posición. El chofer gruñó y presionó la bocina. —Descuiden —dijo—. Llegaremos a tiempo. Pero de pronto ocupábamos el último lugar…

Fragmentarios: Días de pesca

Era otra vez Dios, cuyos brazos apretaban la tierra como dos tenazas de cólera. Dios vivo y enojado, iracundo, ciego como Él mismo, como no puede ser más que Dios, que cuando baja tiene un solo ojo en mitad de la frente, no para ver sino para arrojar rayos e incendiar, castigar, vencer. José Revueltas….