Cuento: Mi alma heredera, por Milton Ismo

Abrí y cerré la puerta del convento. El sol aun no salía y el frío cuarteaba mi piel.  Exhalé sobre mis manos y me puse a trabajar. Las golondrinas se paseaban entre las maderas de la iglesia. La virgen descansaba debajo de la tela de polvo que se levantaba día con día. Los pasos quisquillosos…