Cuento: Carbonillas, por Alma Naón

De escasa estatura, famélico y esmirriado; su edad era incierta, lo mismo se le podían suponer 25 años que 40. Había llegado al barrio igual que un perro viejo. Con la misma mirada cansada clavada en la incertidumbre. En las mañanas, se sentaba en el escalón de la zapatería de Don Prudencio, abría su mohosa…