Cuento: Dalia, por Michel M. Merino

Ramón arrojó su maletín y su saco apenas entró a su departamento. Se quitó los zapatos mojados y fue directo a la cocina por algo para cenar; moría de hambre desde que había salido de la oficina, pero de haber comprado algún bocadillo, no hubiese completado para el pasaje del segundo autobús. Abrió el refrigerador…