Carta poética: Las chicas sin voz, por Minerva Herrera López

Sangre mancha mi patria. Cada día al irme a dormir agradezco a Dios porque aún no han tomado mi vida, pero también a mí me han hecho una esclava obligada a caminar bajo miradas lascivas. Forzada a escuchar cómo me llaman: “Oye chula”, silbidos y otros sonidos les acompañan. México me hace caminar con miedo…