Cuento | Nueve horas, por Alexis Castro

El taxi se detuvo a la mitad de la cuadra, detrás de un Yaris negro con el parachoques abollado. Era un Yaris viejo, cubierto de polvo y, probablemente, llevaba un buen rato en la misma posición. El chofer gruñó y presionó la bocina. —Descuiden —dijo—. Llegaremos a tiempo. Pero de pronto ocupábamos el último lugar…