Poema: Un nuevo empirismo, por Pedro Martín Aguilar

A Guillermo Carnero La muerte no existe. Nadie existe que haya vuelto del pórtico frío para diseccionar el latido hirviente de la ausencia. Solo existe lo que conocemos, las manos tañen la luz, los ojos se acuestan sobre el océano, el olvido sabe a música proscrita, tus labios hieden a perfume de rosas maltrechas. Eso…

Poema: Lectura a voz susurrada, por Oscar Molina

Se conocieron por junio, eran dos almas tristes y cansadas. Bebieron de sus ríos hasta dejarlos secos, y como llegaron se fueron; cada quién por su camino para no volver a verse. Pero eran mentirosos y a veces se encontraban; rozaban sus pulgares con timidez fingida, besaban sus almas sin tocarse las bocas, escribían historias…

Poemas: San Bartolo Coyotepec y Poema VIII, por Alfredo Lozano

San Bartolo Coyotepec El chocolate yace en el agua que hierve y se espuma en los ojos de la mujer zapoteca. Morenabarro de San Bartolo Coyotepec, bellatarde de labios negros como el café en la olla y la cadencia verde como el ejote en el caldo de res. Llega el hombreazúcar y el zapote ceremonial,…

Acusaciones y otros poemas, por Peter Paul

ACUSACIONES Me culparon de un suicidio que no cometí; de ladrarle a perros negros …………………………………de color café marrón; de hacerle cortes de manga a los chalecos; de salir sin piquetes, ¡cual Houdini!, de camisas de once varas; de bordar vender y usar laureles de espinas; de pisarle la cola al diablo y de pasarle a…

Poema: Al final de esta media noche, por Alberto Quero

I Una vez me fue otorgada una marca terrible: como pertenecía a un linaje maldito, era heredero de una batalla incandescente. Me oponía al mundo y a sus muchos tumultos, era un interminable  pleito contra los charlatanes y su insoportable lisura. Caminé  por todo el repudiable laberinto que es esta ciudad, desafié su lodo, su…

Carta poética: Las chicas sin voz, por Minerva Herrera López

Sangre mancha mi patria. Cada día al irme a dormir agradezco a Dios porque aún no han tomado mi vida, pero también a mí me han hecho una esclava obligada a caminar bajo miradas lascivas. Forzada a escuchar cómo me llaman: “Oye chula”, silbidos y otros sonidos les acompañan. México me hace caminar con miedo…